Andreina Mujica

Arquitectura del Silencio y la Persecución Cultural en Venezuela – Andreina Mujica

Por: Andreina Mujica

Desde la estrategia militar de la hegemonía comunicacional y el desmantelamiento de la televisión, hasta la persecución individual de artistas, casi tres décadas de sufrimiento y desmantelamiento de una nación rica y saqueada. También su sociedad ha sido masacrada hasta el tuétano, son demasiados, incluye el caso emblemático de la cooptación periodística de Kico Bautista.

El régimen chavista entendió tempranamente que para perpetuarse en el poder no bastaba con el monopolio de las armas; era imperativo controlar la narrativa y la memoria colectiva.

Esa estrategia fue conocida cínicamente como el «Safari Revolucionario» o la «Diplomacia de la Alfombra Roja».

Fue una operación de soft power (poder blando) diseñada por Andrés Izarra (bajo su doctrina de la «Hegemonía Comunicacional») y financiada con la bonanza petrolera, para venderle al mundo una versión romántica y «cool» de la Revolución Bolivariana.

El Arquitecto: Andrés Izarra y la «Villa del Cine»

Izarra entendió que para combatir la «mala prensa» de EE. UU. y Europa, no bastaba con Telesur. Necesitaban validadores externos, rostros famosos que le dieran legitimidad moral al régimen.

Convirtió a Chávez en un icono pop global, un rebelde simpático perseguido por el «imperio», ocultando su faceta autoritaria. Vive en Berlín, corazón de Europa, disfrutando de las libertades que le negó a los venezolanos cuando diseñó el cerco mediático.

«Tontos Útiles» de Hollywood (La Lista VIP)

El régimen trajo a figuras de primer nivel, alojándolos en hoteles de lujo (mientras comenzaba la escasez) y paseándolos por «burbujas» escenográficas (misiones modelo, actos controlados). Estrellas que vinieron a aplaudir mientras el país se desmoronaba.

Sean Penn: Fue el «embajador» más ferviente. Visitó a Chávez múltiples veces, lo llamó «amigo» y recorrió zonas pobres en jeeps militares, sirviendo de escudo mediático ante las denuncias de violaciones de DD. HH.

Oliver Stone: El propagandista mayor. Dirigió el documental Al sur de la frontera (South of the Border), una pieza de adulación vergonzosa donde pintaba a Chávez como un santo y ridiculizaba a la prensa libre. El gobierno le dio acceso total y logística de Estado.

Danny Glover: El caso más costoso y corrupto. Recibió casi 20 millones de dólares (aprobados por la Asamblea Nacional en 2007) para dirigir una película sobre Toussaint Louverture (líder de la independencia de Haití). La película nunca se hizo. El dinero desapareció, y Glover siguió viniendo a apoyar a Maduro años después.

Naomi Campbell: La supermodelo vino a «conocer las misiones sociales» y entrevistó a Chávez para GQ, ayudando a suavizar su imagen ante el público de moda y estilo de vida.

Kevin Spacey, Tim Robbins, Benicio del Toro y Harry Belafonte también pasaron por Miraflores, validados por la maquinaria de propaganda.

La Estrategia de la «Aldea Potemkin»

Al igual que Catalina la Grande en Rusia, Izarra les construía una realidad falsa a estos actores.

Lo que veían: Niños felices en escuelas bolivarianas recién pintadas, orquestas tocando, gente abrazando al líder.

Lo que no veían: Las morgues colapsadas de Bello Monte, los presos políticos en La Tumba, la inflación o la corrupción de CADIVI.

Cuando estos actores regresaban a Hollywood y daban entrevistas diciendo que «Venezuela era un paraíso de justicia social», neutralizaban las denuncias de la oposición venezolana, haciéndolas ver como «ataques de la derecha resentida».

El Legado de esa Estrategia

Fue una inversión millonaria en relaciones públicas que funcionó durante años. Logró que la izquierda internacional («la izquierda caviar») viera a Chávez no como un militar golpista, sino como una celebridad humanitaria.

Fue la compra de conciencias más cara de la historia del espectáculo. Izarra montó un set de filmación del tamaño de un país donde Chávez era el director bondadoso y los venezolanos pobres eran extras felices.

El Silencio Radial (Ceguera para los pobres): El ataque fue brutal contra la radio, entendiendo que es el medio de mayor penetración popular. Entre 2003 y 2024, CONATEL cerró más de 400 emisoras. El año 2022 fue particularmente devastador, con casi 100 emisoras cerradas en el interior del país, dejando a pueblos enteros en los Andes y los Llanos escuchando únicamente la propaganda de Radio Nacional de Venezuela.

La Cleptocracia Cultural (Caso El Nacional): El robo de la sede del diario El Nacional simboliza la humillación a la clase media intelectual. Tras una demanda de Diosdado Cabello por replicar una noticia de narcotráfico, la «justicia» le adjudicó el edificio al jerarca del PSUV, convirtiendo un espacio de pensamiento crítico en una universidad del partido; es la imagen del poder militar ocupando físicamente la cultura.

La Legalización de la Censura: La «Ley contra el Odio» (2017) funcionó como la guillotina final. Al establecer penas de 10 a 20 años de cárcel por criterios subjetivos de «odio», se legalizó la autocensura, utilizándose contra tuiteros, enfermeras y periodistas.

Destrucción Patrimonial: La persecución también fue contra la belleza. El Museo de Arte Contemporáneo (MACCSI), otrora el mejor de Latinoamérica, fue despojado del nombre de su fundadora, Sofía Ímber, y su colección fue diezmada por el robo y la desidia. Paralelamente, la quema de la biblioteca de la Universidad de Oriente (UDO) representó la fase superior del fascismo: el vandalismo permitido contra el conocimiento.

  1. La Lobotomía Mediática: De RCTV a la «Televisión Zombi», 2007

La transformación del paisaje televisivo venezolano se describe a través de una operación quirúrgica de tres fases que eliminó el debate público:

Magnicidio mediático de la identidad emocional del venezolano. Bajo la excusa del vencimiento de la concesión, el Estado confiscó los equipos de transmisión sin pago alguno (expropiación), sustituyendo la señal por TVes, un cascarón vacío de propaganda.

La Sumisión por Miedo (Venevisión): Al ver el destino de RCTV, Venevisión optó por la supervivencia a costa de la verdad. Instauraron un «apagón informativo», eliminando la opinión crítica y dejando de cubrir las protestas en vivo para garantizar la renovación de su concesión, convirtiéndose en un canal de «entretenimiento anestésico».

La Compra con Dinero Sucio (Globovisión, 2013): Al ser inviable cerrar el último canal de noticias por su costo político, el régimen aplicó la asfixia financiera y legal.

Esto forzó la venta del canal a testaferros ligados al chavismo (Raúl Gorrín), quienes ejecutaron una purga inmediata de periodistas críticos Roland Carreño, Carla Angola, y el otro Kico Bautista. La Metamorfosis hacia la Cooptación, promovió la tesis de que «Venezuela se arregló» y la «rendición pragmática», atacando a la diáspora y equiparando moralmente a las víctimas de la represión con los victimarios del Estado. Kico hoy no informa; anestesia, como mediocre, tampoco lo logra.

El resultado final es un «televisor zombi»: pantallas dominadas por novelas viejas y propaganda rusa, donde el silencio sobre el hambre y la represión es absoluto porque en todos los canales manda el mismo dueño: Miraflores.

La Guerra contra el Talento y la «Domesticación» del Periodismo

El régimen identificó a los artistas como enemigos peligrosos por su poder de conectar emocionalmente con la gente. La persecución varió desde la cárcel hasta la «muerte civil».

Leonardo Padrón fue forzado al exilio y sus libros retirados de librerías estatales. Milagros Mata Gil fue detenida por una sátira en Facebook. El poeta Rafael Cadenas, Premio Cervantes, fue sometido al ostracismo oficial por su postura democrática.

Mientras tanto a César Miguel Rondón intentaron quitarle la voz apagándole el micrófono y anulándole el pasaporte por opinar, a Tamoa Calzadilla intentaron obligarla a mentir sobre un crimen de Estado. Rondón representa al periodismo que no se calla; Calzadilla, al periodismo que no se vende. Ambos tuvieron que pagar el precio del destierro por no negociar la verdad.

Películas como «Simón» (Diego Vicentini) sufrieron intentos de sabotaje y acusaciones de odio. «Infección» fue prohibida por alegorías al chavismo , y directores como Jonathan Jakubowicz tuvieron que huir.

Rayma Suprani fue despedida por una caricatura crítica. A Emilio Lovera se le cancelaron shows usando al SENIAT como arma. La pianista Gabriela Montero fue vetada totalmente , y al cantante Nacho se le anuló el pasaporte dejándolo como rehén burocrático.

Prisión y Destierro

Más de 1.000 periodistas han huido del país. Quienes se quedaron enfrentaron destinos crueles: Roland Carreño fue preso y usado como ficha de cambio, lo volvieron a encarcelar y sigue en el centro de torturas del Helicoide; Ramón Centeno fue dejado sin atención médica en la cárcel, al ser un «chavista disidente» (fue militante del PSUV antes de ser periodista crítico). Delcy Rodríguez no tiene interés en liberarlo porque él conoce los secretos del vínculo entre el narcotráfico y el partido.

Los medios digitales como Armando.info , El Pitazo, Efecto Cocuyo son bloqueados sistemáticamente por exponer la corrupción y los desmanes del régimen.

El Factor Gorrín: Su regreso a la pantalla de Globovisión (propiedad del sancionado Raúl Gorrín) marcó su quiebre ético. Su permanencia dependía de no tocar los intereses del régimen.

Su programa sirvió para legitimar a los «alacranes» y políticos cooptados, blanqueando la «oposición» a medida del gobierno.

Ataque a la Alternativa Real: En años clave, dedicó más tiempo a atacar a María Corina Machado bajo la excusa del «realismo político» que a criticar la corrupción chavista, sembrando desesperanza.

Son muchos, o somos muchos los acosados, pero no es un listado, en un recordatorio de una larga lucha, con muchas perdidas y sacrificios, ahora, lo mas importante es la totalidad de la liberación de nuestros presos y la comprensión internacional de esta tragedia, sin que se imponga el antiamericanismo por encima de los derechos humanos de todo un pueblo.

 

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