Jean Maninat

Scorpius Rex* – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

La verdad, su mundo entonces sí que era redondo. Se habían amurallado tras certitudes infatigables, inventado  santos y señas inexpugnables para resguardarse de los ajenos, expandido el vocabulario con el que designaban a los otros, los que habitaban fuera del círculo de los congraciados: colaboracionistas, enchufados, tarifados, dialogantes, alacranes y neo alacranes, normalizadores y pasa la página. Un ejército invasor de impuros, aguafiestas y descreídos, entes contaminantes que había que denominar primero, para disecar después con celo de entomólogo, en las redes sociales de comunicación.

Como corresponde a su estirpe, sus emprendimientos no eran banales, mundanos, respondían a un vínculo divino, a una conexión privilegiada con el motor inmóvil de la creación. Caminaban, literalmente, de la mano de Dios. (Sus facciones más extremas aducían la revelación emergente de una cuarta entidad -hecha mujer- en el misterio trinitario fundacional del cristianismo). Sus propagadores laicos -más discretos ellos- argumentaban la correspondencia de sangre con el linaje de Leonidas, el espartano, que combatió a los persas en las Termópilas con 300 guerreros, o Alejandro Magno, el macedonio, que nunca fue derrotado en batalla alguna desde Grecia hasta la India. Ambos cultos reconocían, sin ambages, la inefabilidad de sus decisiones y la marcha usque ad finem de sus quebrantos por la patria.

No hay testimonio fidedigno de en qué momento exacto las tribus bárbaras del norte, bajo el mando de Donarico -el visigodo- , decidieron asediar las tierras ricas de lo que siglos después sería la Pequeña Venecia, para tutelar la gestión de la explotación y comercio exterior de sus riquezas.  Desde la perfecta forma de sus argumentos, quienes habían cifrado sus esperanzas de cambio en los invasores bárbaros (para entonces ya romanizados) vieron la reinstalación de los mismos de antes bajo la mirada y verbo implacable del procónsul Marius Habaguanex. Se dice -sin prueba alguna- que allí habría nacido el proverbio, “White man speaks with forked tongue”.

Según la historiadora romana originaria de Hispania, Mibelis Aurelia, la autoridad del procónsul Marius Habaguanex habría traído no solo un cambio -dentro de la continuidad- de Gobierno, también habría alterado -flexibilizándolo- el léxico político admitido hasta entonces, injertando en el discurso términos como: gradualidad, inclusión, estabilización, reconciliación, paciencia estratégica.  El cambio habría sido percibido por influyentes sectores irredentos a toda permutación, quienes habrían identificado al poderoso procónsul como: Scorpius Rex, el de la pequeña Habana.

*Este texto se hizo cenizas en el incendio de la Gran Biblioteca de Alejandría en 48 a.C. Se sospecha que el autor del incendio fue nada menos que Julio César, para borrar, precisamente, los hechos que el texto narra. Nota de los editores.

 

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