El “doñismo”, ideología dominante – Carlos Raúl Hernández

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Algún Aristóteles debería convertir el término doñismo en una categoría analítica. Lo más parecido que conozco en ese espacio epistemológico, es la noción de prepolítica, pero no son idénticos. El doñismo es la reacción, plana, torpe, sin sentido de la realidad, emocional, estocástica, ingenua, rabiosa, en un mundo imaginario dividido entre buenos y malos, argumentada con aspiraciones falsamente “morales”, no reales y sin el más remoto instinto de conservación. Digo falsamente morales, moralinas, porque hemos visto que “los buenos” prefirieron que no liberaran un grupo de presos políticos porque ayudaría a “los normalizadores”, con la excusa doñista de todos o ninguno, en memoria de Salomón.

También sabotearon los acuerdos de República Dominicana en 2017 por ansias menudas y quisieron beneficiarse de la muerte de estudiantes protegidos con escudos de cartón en 16-17. El mariscal de las víctimas declaró que “en toda confrontación hay bajas”. También la cueva de Alí Baba llamada “asamblea legítima”. Doñismo puro es que para los conspicuos doñistas quien no estaba con la calle-calle-calle, estaba con Maduro. Se entiende por qué nunca ganan. Una de las más impactantes lecciones de política me viene de mi inolvidable amigo y en gran medida, maestro, Moisés Moleiro. Casi un niño, me encomendaron la tarea de custodiarlo cuando bajó de la guerrilla y no podía alejarme de él sin excusas.

Por la seguridad del “comandante”, nos reuníamos con la gente del MIR en sitios recónditos de barrios. Una noche en un sucucho de mala muerte al final de la Av. Baralt. Moisés va al baño, intenté seguirlo, pero me dice que no hace falta. Pasan unos minutos, un estruendo al fondo, corro allá, cae alguien al piso y Moisés, acelerado, “grita, vámonos poeta”. Me cuenta “estaba en el urinario y detrás de mí se paró un moreno grande y me orinó desde la cintura hasta donde quiso- ¿Y tú qué hiciste?, inquirí- “Nada: esperé que se vaciara, baje la cabeza y salí humildemente. Afuera agarré una botella llena, me paré en la puerta y cuando salió se la estrellé en la cara. Nunca hay que responder en el momento y lugar en que el enemigo esté preparado”.

Ese es un acto de antidoñismo, contra la simpleza, la ingenuidad costosa en víctimas que impulsó desde “la salida” de 2014 hasta el “28J”. En todos esos tristes episodios, el único análisis de entorno eran sus ombligos: “yo soy valiente, tengo coraje, no conozco el miedo, no conozco el peligro”, como si se tratara de alpinistas, corredores de F!, toreros, agentes secretos y no de políticos, que necesitan tener más bien un poco de sentido práctico (y no exceso de asesores políticamente gafos). El “doñismo” es en el sentido marxista, “la ideología dominante” en la política recién vestida, un fardo que arrastramos y nos arrastra desde 1993

Si las fuerzas críticas al gobierno hubieran participado en las elecciones de gobernadores y alcaldes (2024) posteriores al 28J, tendrían un capital político que se hubiera hecho poder en la coyuntura actual. Pero estaban demasiado ocupados llorando las dos exequias: del candidato tapa y de un ego gigante que lo esclavizaba y le decía qué hacer. El radicalismo- doñismo es expresión de insuficiencia cognitiva, escasa capacidad intelectiva y de egos desbordados sin inteligencia emocional; de grupos afectados del “síndrome del exilio” desde Miami, Madrid, etc., que redoblan esfuerzos en el plan de destrucción de este “experimento” actual. El esfuerzo es polimorfo, hacia todo el que se mantenga sereno, incluida una figura de la Iglesia que ayuda a liberar un preso.

Es necesario desafiar la nave de los locos. Hay una abierta estratagema, con la participación de lobbies norteamericanos y medios internacionales, para golpear a los pilares del “experimento”. Lo llamo así porque es una prueba en marcha y si tiene éxito la estratagema en contra, será un conato fracasado que ocupe años de inestabilidad, como Argentina o Bolivia. Transición es definición ex post facto que implica el plan concluido y si podemos dejar algo en el camino de nuestras vidas es construir mientras otros destruyen, entre ellos el populacho de un sector de las clases medias. Es importantísimo que el gobierno cuide el lenguaje. Somos un país ocupado y no debemos regodearnos en recordarlo con un antiimperialismo que suena jocoso en nuestra situación.

No olvidar que nos ahorramos decenas de miles de muertes y hasta ahora las “sugerencias” o “propuestas” que nos hacen van en buena dirección. Desenvolvámonos en el entendido de que se está haciendo lo mejor no por presiones, sino porque es lo necesario, como la reforma a la ley de Hidrocarburos que, si fuéramos gente normal, habríamos hecho hace décadas y PDVSA no sería hoy un parapléjico. El drama que vivimos viene de confiscar propiedades de Exxon, Conoco, Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes, que luego se movieron lo suficiente hasta lograr el 3E.

Jorge Rodríguez declaró en ese sentido con una frase de Deng Xiaoping “no importa el color de gato, lo importante es que cace ratones: qué PDVSA cace ratones. Una vez a Lula le preguntaron si era socialista o liberal y respondió: “soy obrero metalúrgico”. Por el momento pareciera que normalizar el mercado petrolero con EE. UU fuera la piedra filosofal, la solución del problema, pero está lejos de serlo. Podría decirse que es el comienzo, para enfrentar la reforma estructural de la economía, las reformas monetaria, cambiaria, fiscal, para traer capitales a las diversas áreas de la economía. Requerimos mano de obra altamente calificada.

Un país cuya población vive de vender bisutería, papitas, relojes desechables y de bolsas de comida regaladas, está muy lejos del siglo XXI y de tener futuro. Se requiere una reforma profunda del sistema educativo que fortalezca profundamente la educación básica y fomente la técnica, como hizo China. Destinar los recursos a estimular los estudios medios y superiores en carreras tecnológicas y ciencias básicas. La reforma educativa es una carrera de fondo, porque el sistema ha bajado su calidad a un nivel mínimo y requiere grandes esfuerzos e inversiones para mejorarlo. Con este sistema educativo, el futuro de los venezolanos será siempre la pobreza y el subdesarrollo.

 

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