Jean Maninat

Todo sobre Eva – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

¿Habrá personaje más vituperado que Eva, la procreadora de la humanidad cristiana? ¿Y alguien más tontón que Adán, su esposo designado? ¿Reptante más sinuoso que la pérfida serpiente? ¿Regalo más envenenado que la apetitosa manzana, con gusano y todo adentro? Con estas interrogantes comienza su obra apócrifa El lápiz labial de Eva, el gran antropólogo cultural neozelandés Tiki Scott Johnston.

Eva ha sido acusada de pérfida, de “desobediente”, de dejarse embaucar -a gusto- por el gran embaucador para embaucar al desanimado de Adán, el único bípedo existente, entonces, en los alrededores de la Creación que lo era todo y nada a la vez. El autor del Génesis -algo patriarcal él, según la métrica contemporánea- dibuja un mundo misógino donde el creador y su criatura campean a sus anchas sin nadie que los contradiga y, menos aún, ande buscando lo que no se le ha perdido. Y por razones insondables, como corresponde a toda decisión divina, se resuelve hacer la primera operación quirúrgica registrada (no, no es de esas), extraerle una costilla al simplón de Adán: Et Dieu… créa la femme, Roger Vadim dixit.

Eso que llamaban el mundo del celuloide (básicamente Hollywood, perdón) pobló la pantalla de personajes femeninos que por alguna razón eran casi todas fumadoras, letales, vistosas y con un coeficiente de  inteligencia muy superior al promedio de sus pares varones. El estereotipo ya anunciaba el peligro tan solo entrar al despacho del elegante detective privado (digamos Jack Nicholson en Chinatown) exponer su caso (digamos Faye Dunaway en Chinatown) dejando en el fondo de la cartera la pieza de información clave que resolvería el caso y cerraría la película apenas comenzada, privándonos de ver en acción su inconmensurable capacidad para la atracción fatal.

En la versión pop, Eva es un ser liviano, imperfecto que –de buena gana- se deja engañar por la serpiente, come del fruto prohibido e induce al blandengue Adán a comerlo, provocando así la caída: el contrabando del pecado en el mundo nuevo, el dolor, la mortalidad, el consecuente desalojo del Edén y la chamba sin horario fijo, ni regulación laboral. De paso, se propagó la versión de la manzana como fruta maldita ofrecida por la serpiente, a pesar de nunca ser nombrada como tal en las escrituras. La mala reputación en el reino vegetal y de los humanos, la ha perseguido hasta los labios de Blancanieves, sedada por un mordisco inocente a una manzana roja y envenenada. Opiniones certificadas nos cuentan que hasta el adusto Hegel se valió de su descomposición para explicar la dialéctica objeto-sujeto. Y algunas civilizaciones consideraban divina la fea prominencia laríngea conocida como manzana de Adán.

En 1950, el cineasta norteamericano Joseph L. Mankiewicz dirigió All about Eve, la historia de una joven y ambiciosa actriz que se infiltra en la vida de una veterana estrella de teatro, para ocupar su lugar, suplantarla en la gloria y eventualmente provocar su caída. No por casualidad, la ambiciosa y destructiva joven actriz se llama Eva, Eva Harrington.

De no haber sido El lápiz labial de Eva una obra apócrifa, y el gran antropólogo cultural neozelandés Tiki Scott Johnston una ficción, hubiese argumentado que la Eva original, lejos de actuar de manera liviana, habría optado por la desobediencia de manera consciente, dándole vida al libre albedrío para optar entre el bien y el mal, liberar a la incipiente humanidad de una vida insustancial, y abrir el camino que conduciría a la Pasión del Cristo y el advenimiento de su culto en sus diversas opciones. Todo sobre Eva, no habría sido dicho, por ahora.

 

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