La mañana del sábado 21 de febrero falleció Willie Colón. Y no podía quedarme callado.
Esa misma noche, a las 8, me conecté con ustedes para rendir homenaje a uno de los grandes de la salsa. No era un programa planificado. Era una deuda de gratitud.
William Anthony Colón nació el 28 de abril de 1950 en el Bronx. Neoyorquino hasta los huesos. Si alguien puede representar lo que era el neoyorrica, ese era Willie Colón. Tenía apenas 17 años cuando publicó su primer disco, El Malo, con una declaración de principios que definiría su carrera entera: venía del barrio, hablaba por el barrio, y nunca le perdió la perspectiva.
Lo que hizo a Willie singular no fue solo su trombón —siempre fui honesto al respecto: era un trombonista solvente, osado, pero no el más virtuoso de su generación— sino su inventiva permanente, su instinto para estar en la jugada antes de que la jugada se viera. Willie con el tiempo afinó la puntería y disparó siempre al sitio justo. Así lo escribí en El libro de la salsa, el volumen que publiqué en los años 70 viviendo en Nueva York y compartiendo con los protagonistas de esa época dorada.
Durante el programa repasé los hitos de esa carrera: la dupla legendaria con Héctor Lavoe, los discos de los años 70 que definieron el sonido de la salsa neoyorquina, la colaboración con Rubén Blades que produjo Siembra —el disco más vendido de toda la historia del género—, y una anécdota personal con Amor Verdadero, donde una sugerencia mía en el estudio de grabación transformó lo que sonaba como disco music en el merengue que terminó siendo un éxito rotundo.
También hubo espacio para la honestidad. Willie me reclamó, con cordialidad, haberlo «quemado» en El libro de la salsa por mis comentarios sobre su técnica como trombonista. Y sin embargo, fue él mismo quien incluyó en el disco Fantasmas un glosario que yo redacté, agradeciéndome el trabajo. Así era Willie Colón: sin rencores duraderos.
Leí además la carta que Willie escribió tras la muerte de Héctor Lavoe en 1993, un texto que revela la dimensión humana del músico. En ella, Willie no escatimó críticas al mundo del negocio discográfico ni a quienes explotaron a Lavoe, pero tampoco se eximió a sí mismo: «Y yo que también lo traicioné al no tener el valor de ver esa condición.» Ese era Willie Colón. Un tipo muy honesto.
La familia informó su fallecimiento a través de un comunicado firmado por Julia, su viuda: falleció pacíficamente, rodeado de su familia, tras un problema respiratorio. «Su música vivirá para siempre», escribieron.
Cierro con una recomendación simple y directa: el mejor homenaje que le podemos hacer a Willie es oír su música. El último gran tema, para mí, fue Idilio, con Cuco Peña.
Gracias, Willie.





