Publicado en: El Nacional
Por: Fernando Rodríguez
Quiero aclarar que yo no soy mariacorinista como se pudiera inferir, de hecho se hizo y probablemente con razones, de mi artículo del pasado domingo. Lo único que soy categórico es sobre dos aspectos de su reciente acción política que me parecen innegables. Uno, que en una verdadera hazaña logró levantar un pueblo absolutamente silenciado e inerte y lo llevó a un proceso electoral victorioso, clamorosamente victorioso. Pero sobre todo agregó una hazaña peculiar, tal la de evitar un fraude en acción gracias a un conocimiento profundo del mecanismo electoral y una respuesta instantánea para desmontarlo. Ello me parece especialmente meritorio, aunque no la aproximo a Simón Bolívar como el distinguido historiador Enrique Krauze.
De ello concluyo, sobre todo, lo dicen las elecciones y las recientes encuestas, que en medio de una oposición moribunda es la posibilidad más cierta, quizás la única, de acabar con la tiranía chavista, de casi tres décadas, 8 o 9 millones de migrantes y un país destruido por donde lo mire. Y si muchas veces he dicho que MC me parece extremadamente reaccionaria, la prefiero, demócrata, a los delincuentes y sicarios del chavismo. Así de simple.
Por ultraderechista depende de una adhesión apasionada a Estados Unidos del gran gorila y depredador Donald Trump. Hasta la noche en que bombardearon Caracas, la de las tímidas palomas que hacían nublar los ojos del poeta, para llevarse a Nicolás y señora. Allí se produjo el fenómeno que atormenta a María y a muchos politólogos: Donald no le dio el poder, sino a una muy probada y pecaminosa chavista y su séquito, hasta Diosdado y el eterno ministro de la Defensa, por los cuales había hasta recompensas de decenas de millones de dólares como si fuesen bandidos del Oeste o de la mafia hollywoodense. La razón es porque no le sucediese al Imperio lo que le pasó en Irak, país muy similar al nuestro como es harto sabido. Transición lenta y muy asquerosa entonces. Para Venezuela no solo perpetuar la dictadura corrupta y criminal, sino en realidad estar gobernados por el demencial e inmoral Trump y su séquito de bestias y guerreristas republicanos. Volver a ser colonia, digamos, dos siglos después.
Las cosas hoy no están muy claras. María dice que viene y se ufana de la inconfesa y definitiva pasión de D. por ella, cuestión de tiempo, corto, para que la revele en toda su intensidad .Pero se multiplican y formalizan los nexos de Delcy con el Imperio y los piropos del mismo Donald. Ya veremos, D. está considerado uno de los grandes mentirosos planetarios.
Pero hay un tema que hay que tocar, acaso el más peligroso para nuestro aplastado, ¿fallido?, país y es que a DT se le ocurra perpetuar el estatus de colonia que tenemos, así como le dio fallidamente por la gélida Groenlandia. Es un verdadero peligro. Se me dirá que le quedan menos de tres años y está en evidente bajada política y en todo caso que, dada su edad, pues como todos morirá relativamente pronto. Sí, pero si lo continúa uno de sus tenientes. Y si la América de los milmillonarios se acostumbra a los beneficios del petróleo, el oro o las tierras raras. Mucho ojo, venezolanos, tenemos que aferrarnos a nuestra tierra de la arepa y el sistema de orquestas de Abreu.





