Ezequiel Tovar desea que los campeones del Clásico Mundial en Miami sean tan recordados en Venezuela como los «Héroes del 41»
Publicado en: El Extrabase
Por: Mari Montes
En el loanDepot Park, todavía flotaba algo más que la celebración…
Ayer conversamos con Ezequiel Tovar en el dugout de visitantes (el mismo que ocuparon en la final), y mientras hablaba, no parecía haber pasado el tiempo desde el último out del Clásico. Nos dijo que aún sentía la emoción de haber ganado aquí mismo, en este parque donde todo quedó marcado.
Entonces le conté una historia: La de los Héroes del 41.
Aquel equipo que viajó a La Habana sin que casi nadie en Venezuela supiera quiénes eran, y que terminó conquistando la Serie Mundial Amateur de 1941, el primer gran título internacional del país.
Le hablé de cómo, juego a juego, fueron despertando el interés de una nación entera; cómo la noticia empezó a crecer hasta convertirse en un sentimiento colectivo, y de cómo, cuando ganaron, Venezuela se detuvo.
El presidente Isaías Medina Angarita decretó asueto nacional. La gente bajó desde Caracas hasta La Guaira para recibirlos.
Contaban quienes lo vivieron, que todo el que tenía un transporte, se fue por aquella carretera de curvas como serpentinas, para esperarlos y aplaudirlos.
Muchachas con sus trajes de domingo llevaban flores para darles la bienvenida a aquellos campeones.
El béisbol, desde aquel momento, dejó de ser solo un deporte y se convirtió en parte de lo que hoy somos.
Mientras me escuchaba, Ezequiel Tovar no decía nada, pero sus ojos sí.
Miraba al frente, como viendo imágenes que no vivió, pero que empezaba a sentir como propias.
Cuando terminé, me dijo algo que se quedó conmigo:
“Ojalá en un tiempo se hable de nosotros así como usted habla de ellos”.
No hizo falta pensarlo mucho.
Le respondí que eso ya estaba pasando. Que comenzó exactamente en el momento en que Daniel Palencia lanzó el tercer strike a Roman Anthony para terminar el juego.
Porque lo que vivimos fue más que un título: Fue el abuelo que siguió viendo los juegos en su televisor viejo, aunque tenía uno nuevo al lado; la familia que se reunió sin importar el país donde estuviera. Fue la cantidad de videos, en cualquier rincón del mundo, de gente esperando el último out para gritar lo mismo: ¡somos campeones!
Fue Venezuela reconociéndose otra vez en su béisbol.
Ezequiel Tovar me habló de esa felicidad, de cómo ha visto esos videos una y otra vez y cuánto valora que lo que vivieron no se quedó en el terreno.
Y entonces se hizo inevitable pensarlo: estas son las historias que, con el paso del tiempo, se cuentan en voz alta, muchas veces con la voz quebrada y el corazón encendido, porque nunca dejan de emocionar… Así será también con ellos.





