Jean Maninat

Hernán Cortés regresa a México – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Regresó el conquistador a Tenochtitlan de la mano de su nueva Malinche, doña Isabel Natividad Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. En CDMX se llevó a cabo un acto de homenaje a Cortés, cuya figura estelar era la presidenta madrileña y de telonero Nacho Cano, el de Mecano, (no se pierdan la rima, por favor). Lo que pudo ser una reflexión trasatlántica sobre el papel de Cortés en la creación de Iberoamérica -y de México, por supuesto- se convirtió en un desconcierto de banalidades, de petardos provocadores del mismo vuelo intelectual rasante de la izquierda progre-redentora y del buenismo identitario.

(¡Vaya paradoja! El evento fue organizado por la alcaldesa de la  delegación Cuauhtémoc, que lleva el nombre en honor del último Huey Tlahtoani no tutelado del Imperio Mexica, martirizado por los nuevos gobernantes españoles y devenido en símbolo de la “resistencia autóctona”, que fue básicamente azteca y titilante).

“El mestizaje es el mensaje de la esperanza y de la alegría” lanzó desde su whiter shade of pale la presidenta de Madrid. Y cabe preguntarse por qué alegre, no es que los aztecas, mayas e incas pasaran el día entero dando saltitos haciendo resonar rítmicamente sus sonajas. O a menos que se refiriera aquello de que “los indios taínos llevaban el ritmo en la sangre, de allí viene el merengue, la plena y Bad Bunny, hermano”. A ver, se hace difícil creer que el catador de hongos alucinógenos llamado Moctezuma se sintiera muy “esperanzado” cuando se dio cuenta de que era cautivo del español, y despreciado por sus súbditos prestos a lapidarlo con la primera piedra que se les atravesara en el camino.

Pero la onda expansiva del homenaje al genial aventurero español llegó a Palacio Nacional, y la mismísima presidenta, Claudia Sheinbaum, rompió su habitual compostura de esfinge -¿azteca?- y le dedicó unos minutos de su programa matutino Las Mañaneras, preguntando al aire de manera sarcástico-infantil: ¿Cuál es el nombre de la señora Ayuso? Isabel, ya. ¿Cuál es su cargo? Hasta restarle cualquier importancia a la visita. Es decir, que la presidenta de México le dedica un tiempo de su mañana a una persona de la cual no sabe –o no se acuerda- el nombre de pila o el cargo que ocupa y cuya visita no tiene mayor relevancia. ¿En serio?

Hernán Cortés no necesita de estos “homenajes”, que no son más que excusas para contrabandear un tema, el de la libertad, que ha sido convertido en milonga arrabalera o último cuplé de una franquicia política trasnacional que se pretende la encarnación del pensamiento liberal, cuando en realidad es una versión grotesca y populista de una gran tradición del pensamiento político-económico occidental: el liberalismo. (El neoliberalismo, es una descalificación de reciente construcción, como es sabido).

Quien quiera empaparse del genio de Hernán Cortés regálese el gustazo de leer sus Cartas de relación al emperador Carlos I de España, cinco misivas – nunca respondidas- donde el hidalgo aventurero rinde cuentas del avance sobre México, sus quebrantos en la empresa y la conquista final de Tenochtitlan. Es un pliego petitorio de reconocimiento de su labor por la Corona, un hábil documento político, además de excelente escritura. Un animal raro de encontrar aún en tiempos contemporáneos. ¿Y qué tal si establecen una cátedra binacional sobre Hernán Cortés para indagar el personaje, alejadas ambas orillas de la emocionalidad rampante sobre el tema? Sería más útil a la causa iberoamericana que una estatua bañada en excremento de paloma en la Colonia Cuauhtémoc o en el Barrio de Salamanca. ¿A poco, no?

 

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