Jean Maninat

Terra Eximia – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Ludovico el Ínfimo, en su Historia Espuria de la Pequeña Venecia, argumenta que los países con ansias de dejar huella en la historia universal de los bípedos, reclaman tener un grado de excepcionalidad que los distinguiría de los otros y les otorgaría licencia para saltarse las reglas, establecidas bien sea por el uso, el consenso o la fuerza. Tendrían patente de corso histórica para hacer lo que les viene en gana, cuando les da la gana, siempre en nombre de su grandeza.

(Los herederos de los idílicos Pilgrim Fathers que descendieron del Mayflower y fundaron parte de los Estados Unidos, sostenían estar marcados por un destino manifiesto -otorgado por la providencia divina- que les daba derecho a expandir territorialmente la joven nación desde la costa atlántica hasta el Pacífico. En el proceso se llevaron por los cachos Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y Colorado. Más tarde vendría Puerto Rico y se salvarían de chiripa Cuba y Filipinas. Los franceses no podían quedarse atrás y fueron tras lo que con aires exóticos bautizarían Indochina francesa, compuesta por lo que hoy conocemos como Vietnam, Laos y Camboya. Unas joyas más que añadir a sus extensas colonias africanas, en nombre de su cultura y civilización. Lo que llamarían más tarde l’exception française, en otro orden de cosas, igualmente arbitrario).

Según Ludovico el Ínfimo, la señera  República novoveneciana estaría marcada por un “desatino manifiesto”, una incapacidad de aparición tardía que le impedía dar pie con bola en el manejo de la política, ars que había dominado con eficacia y sofisticación desde su fundación democrática, cuando era una aldea de chozas que se sostenían en el aire a duras penas en las riberas de un lago inundado de petróleo, y fue avistada por el gran navegante Américo Vespucio. Pero ahora no, argumentaba Ludovico… habría sucumbido al hechizo americano, una deformación del nervio óptico de la política que congeló por más de 25 años el quehacer de su oligarcas mandantes, que repetirían automáticamente sus papeles como Gobierno unos y oposición los otros, enrocándose en sus posiciones, como figurines de un Nacimiento humano,  cada uno dentro de su nicho, dichosos con el papel logrado en la obra de fin de curso permanente.

El libre albedrío mancomunado, es señalado en el libro como el rasgo distintivo de la política picolaveneciana. Consistiría, según sus propias palabras: “En dirimir los desencuentros políticos y entuertos devenidos de su praxis según la capacidad para leer y complacer los dictados del Praefectus Custos Septentrionalis bajo cuyo tutelaje se encontraba. Mientras mayor era la capacidad de responder rápidamente, mayor la posibilidad de gobernar en tándem. Según el precepto seléucida, el exceso de celo por complacer al Praefectus era castigado con la indiferencia de este, y la renovación de los enigmas para desesperación de los  desesperados por complacerlo. Por el contrario, el cumplimiento eficaz de los mandatos, era premiado con menciones públicas y notorias por el mismísimo Praefectus en persona”. (Página arrancada del libro en el siglo XVII).

Gracias a la obra de Ludovico el Ínfimo  se han logrado desentrañar episodios que nunca ocurrieron en la historia escrita de la Pequeña Venecia. Su valor ha sido invaluable para catalogarla como Terra Eximia, con derecho a reclamar su excepcionalidad en el concierto de las naciones, según atestigua Arnold Joseph Toyboy en su magna obra, La historia es un juguete publicada entre 1934 y 1961. Un merecido homenaje.

 

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post recientes