¿Quién responde por tanto dolor? Miles de muertes se han podido evitar – Andreina Mujica

Por: Andreina Mujica

Mientras la montaña se desmoronaba e inundaba al litoral central en lo que se convertiría en el desastre natural más mortífero en la historia moderna del país —tragándose pueblos enteros y cobrándose la vida de decenas de miles de personas bajo la furia del barro, el mar y la piedra—, el liderazgo político fijó la mirada en las urnas (electorales) dejando a cientos de venezolanos en otras urnas inmerecidas.

En medio de la desesperación, el luto y el clamor de auxilio de un pueblo sepultado, Hugo Chávez pronunció desde el Palacio de Miraflores aquella célebre frase atribuida a Simón Bolívar tras el devastador terremoto de 1812: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca».

Ese día le llegó el fin del mundo tan anunciado por el cambio de siglo a La Guaira.

M madre aún estaba viva, desolada por ver tanto dolor. Crecí entre las playas del litoral, en Los Caracas había unas cabañitas para periodistas y trabajadores de la prensa, luego estaban las playas de Paparo en el centro norte del Estado Miranda, ese era nuestro paraíso, hoy también perdido entre contaminación y la negligencia más absoluta. La tardanza en decretar la emergencia: A pesar de que las lluvias torrenciales llevaban días azotando la cordillera de la Costa y acumulando sedimentos, el gobierno no reaccionó con la celeridad que exigía la magnitud del desastre hidrogeológico.

La región central de Venezuela, donde se ubican Caracas y La Guaira (históricamente conocido como Vargas), se encuentra en una zona de alta complejidad tectónica debido a la interacción constante entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana. Esta realidad de permanente riesgo fue, precisamente, el motivo que impulsó la creación de FUNVISIS en 1972.

Mas de dos décadas de abandono, el colapso institucional de FUNVISIS se manifiesta principalmente en la pérdida de más del 70% de sus estaciones sísmicas por falta de mantenimiento y repuestos, el éxodo de más del 80% de sus especialistas debido a la pulverización salarial (de todo el país) y la politización de cargos, la ausencia de fiscalización en construcciones públicas sobre zonas de alto riesgo y una persistente opacidad en la difusión de datos sísmicos oficiales.

27 años después, lo que se sabía que podía ocurrir: OCURRIO

Lo que estamos viendo hoy en La Guaira tras el sismo de 2026 es la reactivación violenta del mismo motor tectónico que esculpió la geografía del norte de Venezuela. La Falla de San Sebastián volvió a recordar su capacidad de ruptura lateral, sacudiendo un suelo que LA CIENCIA ya había identificado —tras las devastadoras experiencias de 1967 y 1999— como una de las zonas de mayor vulnerabilidad combinada (sísmica y aluvional) de toda la cuenca del Caribe.

Como si fuese un “Volver al Futuro” nos encontrábamos de nuevo bajo el abandono, la desidia y la indiferencia de un no gobierno que mantiene a un país bajo secuestro político a punta de pistola militar.

Para 1999 la prioridad del Ejecutivo nacional en esos mismos días de diciembre estaba enfocada en la aprobación del referéndum constitucional del 15 de diciembre de 1999, lo que retrasó la movilización preventiva de recursos y la alerta temprana a la población.

Chávez y su soberbia política subestimaron la fuerza del fenómeno natural y postergó las labores inmediatas de evacuación en el litoral central. La naturaleza no obedece a dictadores ni a demócratas, pero los segundos pueden cumplir con las normas sin robarse hasta el papel de baño.

¿Cuánto se ha robado?

Diversos organismos internacionales, firmas de investigación y organizaciones independientes (como Transparencia Internacional, la Red de Juicios sobre Corrupción Global y la Iniciativa para el Recobro de Activos) calculan que el desfalco al erario público venezolano en las últimas dos décadas oscila entre los $300.000 millones y más de $500.000 millones de dólares.

Tomando como referencia los costos promedio de construcción de vivienda social e infraestructura de alta calidad con tecnología sismorresistente en países referentes (como Japón, Chile o Estados Unidos), el costo promedio por unidad de unos 60 a 70 metros 2, oscila entre los 30.000 y 50.000 dólares (incluyendo terreno, urbanismo y estándares de seguridad antisísmica).

Se podrían construir aproximadamente 14.2 millones de viviendas. Esto alcanzaría para darle un hogar totalmente seguro y nuevo a más de 50 millones de personas, lo que equivale a erradicar por completo el déficit habitacional de varios países latinoamericanos juntos.

La tierra tiembla

El desarrollo de la ingeniería sismorresistente en países como Japón y China no nació de la mera teoría, sino del aprendizaje doloroso tras grandes catástrofes. Ambos países entendieron que no se puede evitar que la tierra se mueva, pero sí se puede controlar cómo reaccionan las estructuras ante la energía del subsuelo. Porque, al margen de ideologías o corrientes políticas de izquierda o derecha, la planificación urbana de calidad piensa y diseña infraestructuras para proteger la vida de sus ciudadanos, marcando un lamentable contraste con la gestión del chavismo en Venezuela.

El Pionero en la flexibilidad estructural

Japón es reconocido mundialmente por contar con las normativas sísmicas más estrictas del planeta. Su historia en materia de prevención se divide en dos grandes etapas:

Inicios de la normativa (1924): La primera ley de construcción sismorresistente nació un año después del devastador Gran Terremoto de Kantō (1923), que destruyó gran parte de Tokio.

La revolución técnica de 1981: Llegó con la ley Shin-Taishin (Nueva Norma de Resistencia Sísmica), la cual exigió que las edificaciones no solo se mantuvieran en pie, sino que garanticen la protección de la vida de las personas en su interior ante sismos de magnitud 7 u 8. Posterior al terremoto de Kobe en 1995, la regulación se endureció aún más para masificar el uso de sistemas de amortiguación.

Ejemplos de innovación arquitectónica TOKYO

La Torre Tokyo Skytree (634 metros): Es una obra maestra de la ingeniería moderna que replica la arquitectura de las antiguas pagodas de madera de Kioto. Cuenta con un pilar central de hormigón armado (llamado shinbashira) que está físicamente separado de la estructura exterior de acero. Durante un terremoto, el pilar central y la estructura exterior se mueven en direcciones opuestas gracias a amortiguadores de aceite, logrando cancelar hasta el 50% de la energía del sismo.

Aislamiento de base basal («Edificios flotantes»): Gran parte de los hospitales, centros de emergencia y rascacielos de Tokio no están directamente adheridos al suelo. Están construidos sobre almohadillas gigantes de goma elástica y placas de acero, o sobre rodamientos de bolas. Cuando la tierra se desplaza violentamente de lado a lado, la base absorbe el impacto evitando que la energía destructiva se transmita a la estructura.

Los eventos registrados en las costas de Chiapas (México) el 17 de julio y la región de Mindanao (Filipinas) el mismo 24 de junio, demuestran cómo la combinación de factores geológicos y preparación urbana logra atenuar el impacto de grandes movimientos telúricos: mientras el sismo de magnitud 7.3 frente a Chiapas fue amortiguado principalmente por la distancia de su epicentro mar adentro y los estrictos códigos de edificación locales, la intensa secuencia sísmica en Mindanao liberó su energía a mayor profundidad oceánica, permitiendo en ambos casos que, a pesar de las alarmas, alertas de tsunami y evacuaciones masivas, se evitaran los colapsos urbanos catastróficos y los saldos mortales que suelen acompañar a tragedias de esta magnitud en zonas vulnerables.

Pero el país millonario en petróleo lo han convertido en un pueblo opulento en tragedias y abandono. La transición y el regreso a la democracia no le sobra tiempo, ya nos faltan demasiadas vidas.

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