Jean Maninat

¿El Mundial del fin del mundo? – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Finalizó el Mundial de Fútbol 2026, pero quedan las diatribas, las escaramuzas verbales y descalificaciones que suelen acompañar los grandes eventos que supuestamente deberían unir a la gente en un gran abrazo de fraternidad universal. Apenas terminan las bandas sonoras de reproducir los himnos nacionales por los altoparlantes de los estadios, y los jugadores de enjugarse las lágrimas patrióticas que le humedecen el corazón, cuando en las gradas, las cabinas de transmisión, los hogares y comederos del mundo interesado brota el rugido de la masa tribal, el llamado a la lucha, el grito animoso y guerrero que da inicio a la batalla, el gran abrazo sonoro de hermandad de unos bípedos prestos a fracturar huesos y astillar cartílagos (de ser necesario) a nombre del escudo y los colores patrios: UUUUAAAAHHHH.

Nos corregirán los entendidos, pero no recordamos un Mundial (así se dice, familiarmente, como si no hubiera otros mundiales más que el de fútbol) tan ameno, tan lleno de peripecias extracurriculares como, por ejemplo, la intervención estelar del presidente de uno de los países anfitriones -el más poderoso sobre la tierra- exonerando una tarjeta roja a su equipo nacional, o robándole cámara al equipo triunfador en plena celebración final. O la conseja de que habría una conspiración planetaria de árbitros (dirigida por un pie peludo, nunca por una mano) para favorecer al equipo argentino en un momento dado, y luego al equipo francés en otro, para perturbar la carrera por los títulos personales del dorsal 10 argentino (aquí se supone que todos sabemos que se llama Messi) y así favorecer la del dorsal 10 francés (aquí se supone que todos sabemos que se llama Mbappé). Todo fríamente calculado, la calidad de cada jugador poco importa pues son, en realidad, simples piezas, sujetos a fuerzas mucho mayores que los pobres no controlan, ni de lejos ni de cerca, como si de un balón invisible se tratase.

El presidente de Argentina ha declarado que las protestas y críticas en contra de la actitud “poco deportiva” de algunos jugadores argentinos frente a su derrota ante España (se liaron a trompadas con unos jugadores españoles, le dieron la espalda ostensiblemente al alborozo de los triunfadores cuando celebraban en el estadio, y otras chiquilladas de hombres grandes en pantalones cortos) sería producto de una conspiración woke, de una pérfida estratagema de los zurdos globales y del kirchnerismo peronista, unidos en una campaña antiargentina para perjudicar la reputación de su excelente obra de Gobierno y el gentilicio de la nación argentina.

Los más entendidos -y algunos metiches- observamos capciosamente como el dorsal 10 del equipo argentino (sí, el mismo Messi) deambulaba en la final por el campo de juego como un sonámbulo sin cepillo de dientes, mientras sus compañeros de vestuario ni siquiera atinaban apuntar al arco contrario, tal era la superioridad de la selección española. Que, por cierto, la llaman popular y aristocráticamente, La Roja. Sí La Roja… deja qué pensar. ¿No será parte de la conspiración roja a la que alude el gobernante argentino? ¿Habrá sido Messi drogado por agentes de La Roja disfrazados de masajistas de La Albiceleste, la poderosa selección argentina? ¿Será cierto que los ingleses ofrecieron devolver el Peñón de Gibraltar a los españoles y Las Malvinas a los argentinos si dejaban ganar a la pérfida Albión? ¿Le habrán ofrecido la presidencia de Groenlandia a Infantino a cambio de eliminar la tarjeta roja al pobre jugador gringo?

¿El Mundial del fin del mundo, o solo un divertimento?

 

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