Jean Maninat

Los marcianos llegaron ya… – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Los marcianos llegaron ya

Y llegaron bailando ricacha

Ricacha, ricacha, ricacha

Así llaman en Marte el cha-cha-cha

Los marcianos. Rosendo Ruiz Quevedo, en versión Tito Rodríguez.

 

No os preocupéis, apenas se aposenten los polvos homéricos y desfallezcan los intrépidos filólogos clásicos que han surgido, por doquier, gracias a Christopher Nolan y su maravillosa interpretación fílmica de La Odisea; tan pronto regresen a acumular polvo en sus anaqueles hogareños los ejemplares -casi vírgenes de lectura- de la obra atribuida a Homero, y estemos a punto de quedarnos sin tema de conversación para salvaguardarnos del fastidiosiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo ritornello de si ella regresa o no regresa: vendrán los extraterrestres a salvarnos.

Otro gran cineasta, Steven Spielberg, estrenó en junio Disclosure Day (El día de la revelación), su regreso a las aventuras de OVNIS, extraterrestres y demás temas que se derivan de nuestra cuestionada presencia en el universo. Spielberg -un experto en la materia- se afinca (peligro de spoilers en la vía) en las teorías conspiranoicas que aseguran que hay vida más allá de nuestro planeta, que hay un complot de los gobiernos más poderosos para ocultarlo, y que incluso habría alienígenas en cautiverio en centros de estudios que semejan más al laboratorio del Dr. Frankenstein, que a un centro de atención fraternal para migrantes intergalácticos. (Cualquier consonancia  remota con las siglas ICE, suponemos es a propósito). Los humanos no son tan humanos a la hora de tratar con otros representantes de la creación divina.

El tema apasiona especialmente a los norteamericanos, y a los extraterrestres les encanta encandilar con sus objetos voladores a… los norteamericanos. En 1938, Orson Welles, entonces un joven productor, adaptó para la radio la novela de H.G.Wells, La guerra de los mundos, una historia de ciencia ficción que narraba la invasión marciana de la  Tierra luego de que el planeta Marte fuera sacudido por terribles explosiones que anunciaban su desaparición irremisible. El programa fue emitido como si de un noticiero se tratase, con Welles haciendo de un científico que narraba en tiempo real la caída de meteoritos, que no eran más que naves repletas de marcianos, y la utilización, por parte de los invasores, de un rayo de calor que todo lo derretía mientras nubes de gases venenosos intoxicaban las vías respiratorias y colapsaban los pulmones de los aterrorizados humanos.

En la introducción del programa, se había advertido que lo que se estaba por escuchar se trataba de una dramatización y que la supuesta invasión extraterrestre era ficticia. Pero la interpretación de Welles y sus colegas describiendo el avance de las fuerzas invasoras y la destrucción que dejaban a su paso fue tan verás y potente, que los oyentes que habían sintonizado desprevenidos la emisión radiofónica sin escuchar la advertencia inicial, creyeron que se trataba de un hecho real y en pocos minutos cundió el pánico a nivel nacional. Hollywood pronto se dio cuenta que tenía entre sus manos una veta inigualable para aterrorizarles las cotufas domingueras a los incautos adolescentes gringos e incrementar las entradas en los teatros. Las pantallas se llenaron de invasores verdes, arañas gigantescas, dinosaurios de goma espuma, pulpos de tentáculos ávidos de carne humana y cuanto bicho raro y sobredimensionado le pasara por la cabeza a un productor de cine supletorio mientras mordía un puro barato y estrujado.

La película de Spielberg no ha causado -ni causará- los estragos del relato de fin de mundo firmado por Welles, los bípedos parlanchines hemos ya visto bastante. Y además, eso que llaman la “conversación pública elevada” ha estado cautiva a gusto -como Odiseo con Calipso en Ogigia- por el renacer de los clásicos griegos que contrabandeó el demiurgo Nolan. Pero atención, tras la puerta, en las gavetas, en la despensa de primeros auxilios aguarda la pregunta: ¿chico, tú crees que hay vida en otros planetas?…

Preparen sus alegatos: los marcianos llegaron ya…

 

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