Publicado en: El Universal
(¿Rodará Nolan La Ilíada?) Homero, como en las telenovelas, narra violencia, venganza, engaño. Helena, Scarlett Johansson de la Edad de bronce, abandona al rey de Esparta y hermano de Agamenón, Menelao, por Paris, príncipe troyano cabeza hueca. Casi todos los pueblos se unen para atacar Troya. Decíamos que, por odio, Agamenón, rey de los griegos, en plena guerra arrebata la esclava Briseida al invencible semidiós, al pélida Aquiles. Su retiro del combate los condena a la derrota; nueve años después regresa por otra descarga emocional: Héctor priámida mata a su primo Patroclo. Homero y la tradición enfocan la “operación militar especial” como producto del despecho de Menelao.
Hombres, mujeres, diosas y dioses mitológicos precristianos, carecían de limitaciones sexuales salvo por amor, venganza o miedo. Helios, el sol, “que todo lo ve”, sopla a Hefesto que su mujer, Afrodita, se entiende con Ares mientras él está en la herrería. Indignado teje una red invisible e indestructible que cae sobre los amantes, los inmoviliza y mantiene en la cama hasta que los vio la última náyade, diversión-vergüenza del Olimpo. A Apolo, especie de Henry Cavill, Bradley Cooper o Ryan Reynolds, lo rechaza Marpesa, princesa de Etolia, enamorada de Idas, otro humano. Diosas burlaron a Apolo y la ninfa Sinope, acosada, le impuso que se acostarían solo si él juraba ante los dioses aceptar a ciegas una exigencia.
Después que jura, pone la condición: conservar la virginidad, treta que también aplicó a Zeus. Apolo humilla a Eros quien se venga atravesándole el corazón con la flecha de oro del amor y el de Dafne con la de plomo, el odio; ella prefirió convertirse en árbol de laurel que entregársele. Casandra se resiste y soporta la maldición de que la tuvieran por mentirosa y nadie le creyera una palabra, grave en una profetiza. Apolo es sospechoso, por lo menos de mal aliento. Los dioses eran violadores incorregibles Zeus comete por lo menos diez harpages (secuestros), varios metamorfoseado en animal. Resistirse a los deseos de una deidad traía duros castigos y en los varones impotencia. Hera huía de él en una montaña y se le presenta como un pájaro herido.
Ante Leda se hizo cisne, toro para Europa, ofidio con Deméter (la ira de la diosa hizo que Zeus fingiera automutilarse y le entregó unos testículos de cordero) y luego violó a la hija de ambos, Perséfone, con la misma apariencia. Adopta la figura del marido de Alcmena para dormir con ella y le ordena al sol no salir en tres días. Acricio oculta su hija Danae en un sótano, pero Zeus la persiguió hasta embarazarla con un hilo de “áureo líquido” (orina). Patriarcalismo, aunque las diosas practicaban lo mismo. Calipso se queja de los celos deíficos, pero Homero y Nolan recuerdan que secuestró y drogó a Odiseo por siete años. Circe también quiso retenerlo con magia. Afrodita se finge mortal para engañar y seducir a Anquises, aterrado por las consecuencias de no acceder.
Después se apropió de Adonis. Eos (la Aurora) todas las madrugadas rapta un joven y Selene (la luna) de noche se servía de un muchacho al que mantenía inconsciente. El renacimiento griego con Homero, presenta una complejidad irresoluta entre ética y predestinación: ¿hacer el bien o el mal, equivocarse o acertar, tiene sentido, hay una ética de la praxis? San Agustìn cree en la predestinación “atenuada”: Dios escoge a algunos y segrega a otros, los preteridos, plantea contra la herejía pelagiana. En los concilios de Cartago, 418 d. C y Éfeso, 431 a. C. San Agustín planteaba que el pecado de Adán nos hizo massa damnata, e incapacitó para no pecar (captivus o preteridos), salvo por intervención divina (gracia proveniente para los escogidos).
Pelagio, al contrario, que los hombres se salvaban por sus obras y su decisión libre de no pecar. Naturalmente Agustín triunfó. En el Concilio Orange, 550 d. C, el Papa Bonifacio II había intuido la importancia política para la Iglesia que tenía la idea de que todos podían salvarse. Y con una genial operación política: glorifica el agustinismo, pero magistralmente descarta su visión y fustiga al pelagismo, al tiempo que asume sus puntos esenciales. El término católico (universal) se oficializa con Teodosio (380. d. C), se dimensiona en el siglo XI con la división entre iglesias católica y ortodoxa. Toma fuerza definitiva en el XVI contra la herejía protestante (1517) y asumen “el perdón de los pecados” contra la predestinación calvinista: si te vas en gracia, te salvas, si en pecado, te condenas, según tus obras.
A la muerte de un joven, un incidente inesperado del hogar, un crimen estúpido, apelamos coloquialmente a “era su hora”, “le tocaba” o “es la Voluntad de Dios” que suena entre estoicismo y predestinación, pero no con la fuerza teológica de la “predestinación” calvinista: es solo “no pierdas sobrepensando: es así”. También levemente destinista es “no le tocaba”, cuando alguien salva su vida por salir a buscar hielo, como en la catástrofe de la Guaira. Reconocer la causa mayor resuelve lo que los psicólogos llaman “negación” posterior. Para el cristianismo la agonía cuestiona la predestinación. Conforme a las Escrituras y el vitalismo de Schopenhauer, dice Unamuno que La agonía del cristianismo es la lucha por la vida.
La “voluntad” es la fuerza de la naturaleza que evoluciona desde los rizópodos al hombre, de la semilla a los bosques; hace correr los ríos, nadar los peces, cazar los animales. El destino así visto, es la voluntad y el riesgo, el azar y la necesidad, la acción y la Fortuna (Maquiavelo). La predestinación en la pop culture es borrosa, frágil, limitada y la filmografía lo registra: cambiar el destino con nuestros actos puede ser peor, Terminator (Cameron: 1984), Vidas cruzadas (Altman: 1993), El día de la marmota (Ramis: 1993), 12 monos (Gilliam: 1995), Gattaca (Niccol: 1997), Sliding doors (Howit: 1998), Corre Lola corre (Tykwer:1998), Matrix (Wachonsky: 1999), Destino Final (Wong:2000), Efecto mariposa (Bress y Gruber: 2004) No es país para débiles (Cohen:2007), Agentes del destino (Nolfi: 2011).
En los griegos es un inflexible trazo de los dioses e inútil actuar contra las Moiras: Cloto, Láquesis y Átropos. La profecía: “matará a su padre, Layo, y se acostará con Yocasta, su madre”, hace que abandonen a Edipo: ¿qué justifica esa monstruosidad contra un reciénnacido por actos de sus ancestros? Sin rumbo llega adulto a Tebas. Pese a su rectitud moral, la Moira lo engaña, marca sus pasos. Príamo y Hécuba abandonan a Paris, anunciado que causará la destrucción de Troya. El destino de Odiseo, al contrario, retornará a Ítaca. Hermes amenaza a Calipso: debe dejarlo ir por orden de Zeus o sufrirá castigos peores que la pérdida de su amante. Homero dice que las desgracias de Odiseo nacen de la vanidad, al gritar, luego de cegarlo, quien era a Polifemo, hijo de Poseidón, dios del mar.





