Soledad Morillo Belloso

Ilustrando al señor Rubio – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

Usted es un presumido, señor Rubio. Lo es, con método, con esa suficiencia de quien cree que la altanería sustituye a los argumentos. Pero eso, francamente, es lo de menos. Su pedantería ni me moja ni me empapa. Tampoco me importa su zalamería, ese lenguaje edulcorado con el que pretende disimular lo ácido y amargo de sus declaraciones.

Lo que importa es lo que usted intenta esquivar con la arrogancia del funcionario que cree que puede dictar la realidad desde un micrófono. Porque mientras usted se pavonea, hay muertos. Y los muertos no entienden de presunciones: no votan, no opinan, no se defienden. Son prueba. Y esa prueba apunta directo y sin escalas, a Alejandro Betancourt.

Permítame ilustrarlo. Vayamos al grano, a lo que usted evita mirar: Alejandro Betancourt, ese delincuente trasnacional que ustedes quieren mostrar como excelente empresario new age, carga muertos sobre los hombros. No es metáfora. Son muertos reales, venezolanos y no venezolanos, personas que murieron (y mueren) porque la energía eléctrica colapsó bajo la estafa que él ayudó a montar. La ausencia de luz no es un problema técnico; es una sentencia. Cuando un hospital queda a oscuras, el respirador se apaga. Y cuando el respirador se apaga, el enfermo muere. Así de directo. Así de brutal.

Betancourt, the new crook on the block, participó (y se magnatizó) en un esquema que destruyó infraestructura crítica, dejó hospitales a oscuras, convirtió quirófanos en cavernas y obligó a médicos a ventilar manualmente a pacientes mientras la vida se les escapaba entre los dedos. ¿Cuántos murieron y siguen muriendo? No hay cifra exacta: en Venezuela la muerte se volvió estadística clandestina. Pero murieron y mueren. Y él es responsable.

Usted puede inflar el pecho, repetir que “no hay delitos en suelo estadounidense”, envolverlo en tecnicismos que harían que hombres como John Quincy Adams cayeran en soponcio. Pero su presunción no cambia los hechos. No resucita a nadie. No borra la responsabilidad. No convierte en inocente a quien sembró la oscuridad que mató y mata.

Si su soberbia pretende ser escudo, le advierto: no sirve. Cualquiera con un mínimo de conocimiento sobre la historia de la humanidad sabe que la memoria es terca, más terca que usted. La muerte, más elocuente. La verdad, más paciente.

Le añado, señor Rubio, la frase que me soltó —con cinismo de oficina y sonrisa de reptil— un funcionario de su estructura. Me guardo el nombre para evitarle retaliaciones: “Para nosotros lo único que importa es el business. Venezuela tendrá democracia el día que el business dé ganancias. Y para eso falta mucho”.

Estados Unidos ha tenido presidentes buenos, regulares y deplorables. Pero como a usted parecen importarle sólo los republicanos, le obsequio una frase de uno de ellos, James A. Garfield, que entendía la conciencia del poder: “La verdad te hará libre, pero primero te hará miserable.”

Y aquí estamos, señor Rubio: en la parte miserable de esta película con guión de telenovela barata. La libertad vendrá después, cuando la verdad termine de iluminar lo que usted insiste en mantener a oscuras.

Y ya que hablamos de verdad, permítame ilustrarlo con el pensamiento de un hombre que entendía la luz como destino moral. José Martí (¿le suena?) escribió: “La luz es como el agua: todo lo limpia.”

Pues bien, señor Rubio: aquí tiene la luz. Lo que haga usted con la limpieza, ya es asunto suyo.

Y le advierto: yo no soy anti yanqui ni nada parecido. He trabajado en y para varias compañías transnacionales serias de bandera estadounidense, y ello fue un gusto y un honor para esta mujer profesional que soy y que ya pinta muchas canas. Nunca en toda mi carrera vi a ninguna de ellas mostrarse complaciente ante la vileza, la infamia y la perversidad. No eran covachas como NABEP.

Quizás cuando pase el tiempo (inexorable) y usted tenga el cabello cenizo y tenga el rostro surcado, si reflexiona y corrige su paso (está a tiempo), pueda cantar como yo: “For what is a man (woman), what has he (she) got? If not himself (herself) then he (she) has naught. To say the things he (she) truly feels. And not the words of one who kneels. The record shows I took the blows. And did it my way”.

 

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