Edmundo González Urrutia sobre la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU.

Por: Edmundo González Urrutia

He leído con detenimiento el nuevo informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU.

Su contenido es grave y debe ser leído desde una premisa fundamental. Los derechos humanos no son una concesión ni pueden depender de las circunstancias políticas.

Algunos elementos del informe que, desde mi punto de vista, deben ser señalados.

1. Menos represión no significa que hayan desaparecido las estructuras que la hicieron posible.

La Misión advierte que las estructuras legales, institucionales y de seguridad que permitieron graves violaciones de derechos humanos no han sido desmontadas.

La forma puede cambiar mientras el fondo permanece.

2. La persecución no desapareció, mutó. El informe identifica detenciones arbitrarias de corta duración, interrogatorios sobre opiniones políticas y actividad en redes, vigilancia e intimidación. Ya no se trata solamente de cuánto tiempo permanece una persona detenida. Se trata del uso del poder para producir miedo, silencio y autocensura.

3. Cientos de venezolanos continúan privados arbitrariamente de libertad. Organizaciones de DDHH estiman entre 379 y 500 personas todavía detenidas. Además, permanecen documentadas desapariciones forzadas, torturas y malos tratos.

4. La tortura continúa y la conclusión de la Misión es especialmente grave. Habla de una cultura institucionalizada sostenida por la tolerancia y la impunidad. Mientras ese sistema exista, no habrá garantías reales para nadie.

5. Tampoco puede ignorarse el papel de los colectivos. La Misión documenta su participación en mecanismos de vigilancia, control e intimidación y sus vínculos con estructuras estatales. Y establece que cuando actúan bajo instrucciones, dirección o control de órganos del Estado, sus actuaciones pueden ser atribuidas al propio Estado.

Una verdadera transición democrática tiene necesariamente un desarrollo en el tiempo. Reconstruir instituciones, restablecer derechos, hacer justicia y reparar a las víctimas no ocurre de un día para otro.

Pero hay que distinguir entre el tiempo que requiere una transformación democrática y la capacidad de una estructura represiva para reinventarse.

Lo que este informe muestra es precisamente la persistencia de estructuras que cambian sus formas sin modificar el fondo.

Por eso la Misión es clave y su trabajo debe continuar.

Cada testimonio recogido, cada violación documentada y cada responsabilidad establecida forman parte de la memoria de un país cuyos derechos han sido vulnerados.

Venezuela necesitará esa memoria para hacer justicia, reparar a las víctimas y construir garantías de no repetición.

No hay reconstrucción democrática posible sin verdad, memoria y justicia.

 

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