Jean Maninat

New York, New York… – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

If I can make it there. I´m gonna make it anywhere… (“New York, New York”,1977).

Probablemente pase a ser la foto más icónica en la historia política de la Pequeña Venecia, tomada en la famosa ciudad que encantó a Francine Evans (Liza Minnelli) y la hizo emigrar de su natal Rochester para cantar el himno más famoso que se le haya compuesto a ciudad alguna: New York, New York.  Hubo otra instantánea, el siglo pasado, donde se ve a tres dirigentes políticos picolovenecianos en el exilio sonreír ante la cámara, luego de firmar el Pacto de Nueva York. Dos de ellos serían luego presidentes de la entonces joven república, y el tercero quedaría asentado en la historia como aguerrido y frondoso tribuno, pero de escasa fortuna política. (Sí, esos meros son).

Ninguno de los mandatarios firmantes del Escudo de las Américas (no, no es producción de Marvel) logró un tête-à-tête con el que más importa. Solo tres mandatarios europeos lo lograron: Macron de Francia, Burnham de Reino Unido y Zelensky de Ucrania. El resto fueron convocados a la recepción oficial de EEUU a la cual, como es de esperar, los principales líderes del planeta no suelen asistir para evitar la pelea a muerte por los tequeños y taquitos de cochinita pibil, servidos por mesoneros aterrorizados 24/7 por ICE.

De lado y lado todos esperaban el encuentro, unos con la íntima esperanza de que a última hora un desplante habitual del más imprevisible de los mandatarios lo declarase nonato, y otros para constatar -una vez más- la claudicación tantas veces rumiada en conciliábulos de has-been revolucionarios. Unos y otros se quedaron congelados, estupefactos, con la imagen -más temida desde que Drácula peló los colmillos por primera vez- certificando el sello de un pacto más de los que a diario se establecen en el planeta entre fuerzas disímiles, históricamente enfrentadas.

(Al día siguiente, 24/09/2026 más precisamente, circularon las fotos del recibimiento a todo dar en la Casa Blanca al mandatario de China, Xi Jinping, sin que nadie denunciara un pacto contra natura entre quienes compiten “benignamente” por controlar la economía mundial y como bonus el planeta. Nadie se horrorizó, ni batió contra el suelo su iPhone 18 ensamblado en China en gesto de protesta. Esa fraternización entre grandes rivales es un dato más a tener en cuenta a la hora de pensar el mundo actual, no la imagen del mal supremo la cual exorcizar con desplantes de novio-novia despechados en el camino).

El descubrimiento banal de que a los gringos “solo les interesa el petróleo” está emparentado con las fuentes del arielismo, luego transformado en un victimismo revolucionario y/o reformista que soñaba con sustituir las importaciones con productos nacionales así fueran de calidad jurásica, pero eran nuestros. Sí, “a los gringos solo les interesa el petróleo” mientras a los portugueses, españoles, alemanes, turcos,  congoleños, peruanos, argentinos, australianos, surcoreanos, y todos los demás, solo les interesan los valores espirituales, estéticos, greco-latinos y democráticos frente al desalmado materialismo y utilitarismo anglosajón.

Dividir el mundo en buenos y malos puede ser útil para explicar el dualismo cósmico de los cátaros, o la estrechez mental de los maniqueos, pero nunca para dar respuestas geopolíticas de por sí complejas y multiformes. (Ver, Geopolítica para estrechos de mente. Alejandría, IV a.C.).

Y menos aún hacerlo en una ciudad que nunca duerme como New York, New York…

 

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