En busca de una estrategia para sobrevivir la tutela - Leonardo Vivas

En busca de una estrategia para sobrevivir la tutela – Leonardo Vivas

Único camino para superar la incertidumbre que vive Venezuela. Preparado conjuntamente con Miguel Génova

Publicado en: Subtack

Por: Leonardo Vivas

Venezuela está atravesando actualmente una transición política muy inusual e incierta. La destitución del expresidente Nicolás Maduro del poder y la posterior transferencia de la autoridad ejecutiva bajo presión de Estados Unidos constituyen un cambio significativo en las condiciones del país. La mayor parte de la estructura institucional, política y represiva desarrollada durante los períodos de Chávez y Maduro sigue en pie bajo Delcy Rodríguez. Su hermano, Jorge Rodríguez, continúa ocupando un papel político destacado y muchos funcionarios asociados con el gobierno anterior—incluyendo a algunos notorios violadores de derechos humanos—siguen en la cima de las instituciones del Estado.

Han ocurrido cambios, algunos de importancia, particularmente en la política económica y en la remoción o reasignación de ciertos funcionarios. También la liberación de un número sustancial de presos políticos y el menor control sobre la opinión pública ha proporcionado un aparente semblante de normalidad. No obstante, la persistencia de porciones sustanciales del sistema político y judicial anterior, la estructura militar y de seguridad significa que los cambios en el nivel político más alto no necesariamente producen cambios inmediatos en la conducta diaria de las instituciones de nivel inferior, especialmente a nivel estatal y municipal.

Lo más característico de estos tiempos que vivimos es la incertidumbre. Incertidumbre sobre si algún día volveremos al régimen democrático liberal que tuvimos durante una buena parte del siglo pasado, si Venezuela recuperará la senda de prosperidad que alguna vez tuvo, a pesar de sus lunares y de que la riqueza proveniente del ingreso petrolero no llegaba a todo el mundo. Pero sobre todo incertidumbre sobre cuánto tiempo y cómo será la tutela que EE. UU continuará ejerciendo sobre Venezuela, de modo que en algún lugar del horizonte podamos recuperar plena soberanía, como fue el sueño de los padres fundadores cuando nos separamos del dominio español.

El mundo cambió

La primera constatación que hay que hacer es que el mundo de hoy no es el mismo de apenas algunos años atrás. Hemos retornado a los tiempos del ejercicio del poderío de las grandes potencias, sobre todo la que ejerce arbitrariamente EE. UU bajo el mandato del presidente Trump. Seguramente tras su salida habrá rectificaciones y nuevas recomposiciones, pero el tablero nunca volverá a ser como lo fue a comienzos del siglo XXI. La tutela instaurada tras el 3 de enero vino para quedarse y no sabemos por cuánto tiempo.

Independientemente de cómo evolucionen las cosas en América Latina, si Brasil cae bajo la órbita del trumpismo o si la ola derechista en la región se mantiene por un tiempo mayor que la ola izquierdista anterior, las relaciones con EE. UU han variado sustancialmente, así como las prioridades y orientaciones de lo que pudiera ser una nueva política hemisférica. Eso incluye por supuesto la OEA y otros organismos regionales como el BID o la CAF. Nada volverá a ser igual y todavía nos encontramos en un período de flujo inestable.

Eso por no hablar del peso de otras regiones, como la Unión Europea o los países asociados a los BRICS, que como se sabe, terminaron siendo más humo que realidad.

La naturaleza de la tutela

La segunda constatación que cabe hacer es que la tutela que EE. UU hoy ejerce sobre Venezuela vino para quedarse. Pero cualquier observador desprevenido puede darse cuenta de que esa tutela ocurre de manera desordenada, a imagen y semejanza de como Trump ejerce sus labores de gobierno. Un día presionan para que cambie la legislación petrolera, el día siguiente realizan ejercicios militares sólo para más tarde atacar una localidad de Guayana y dar de baja al Niño Guerrero. Y por más que se quiera agradecer a quienes decidieron deshacerse de Maduro, haciéndonos un gran favor a los venezolanos, es imposible tapar el sol con un dedo: la tutela tal como está ocurriendo no favorece enteramente los intereses de Venezuela ni de corto ni de largo plazo. El famoso plan de normalización, estabilización e institucionalización carece de programas definidos y por supuesto de metas claras.

La mayoría de las iniciativas adelantadas han sido realizadas de manera inconsulta: venta de petróleo venezolano a través de un fideicomiso, ley de amnistía que permitió la liberación de un grupo importante de presos políticos, pero manteniendo muchos encarcelados sin justificación legal, cambio de la ley de hidrocarburos para permitir la entrada de empresas, mesa de diálogo entre las asambleas nacionales de 2015 y 2025 para buscar acuerdos en la constitución del TSJ y del CNE, convenio petrolero para asignar la explotación de un grupo importante de campos petroleros a Estados Unidos, con el petróleo vendido al costo, etc.

Estas iniciativas no tienen una conexión clara con el programa de tres fases y tampoco queda clara la ruta para recuperar la democracia en Venezuela.

Por no hablar de la gestión política de la tutela, que hasta ahora ha significado darle palmaditas en la espalda a quienes hasta ayer mantuvieron un régimen de terror e impedir que María Corina Machado, quien ha ejercido hasta el momento el liderazgo de las fuerzas democráticas contra viento y marea haya sido baipaseada e impedida de regresar a Venezuela.

Hace falta un acuerdo marco entre Venezuela y EE. UU

Todo lo anterior nos lleva a concluir que hay que corregir el rumbo. Es necesario establecer entre los gobiernos y sus congresos un marco general de políticas sociales y económicas que permitan la recuperación de la república de Venezuela. No es fácil porque significa reconocer que hemos perdido, al menos parcialmente, nuestra soberanía. Pero es lo más realista.

Somos de la opinión de que este llamado a establecer un marco común con quien ejerce hoy la tutela debe ser liderizado por la oposición democrática. Puede que no nos guste, como es obvio, quien gobierna del lado venezolano, pero un acuerdo como el que acá se formula necesariamente debe conducir a una negociación a tres partes: EE. UU porque no le queda demasiado tiempo a la actual administración para garantizar su realización, las fuerzas democráticas porque así entramos a formar parte del tablero sin el temor de que puedan operar en un sentido desestabilizador, como seguramente lo piensan en la Casa Blanca. Y el gobierno interino porque o no le queda más remedio o porque estén convencidos de las palabras dichas por Delcy Rodríguez en su alocución ante la Asamblea General de Naciones Unidas: «Quiero decirlo muy claro en esta Asamblea General: en Venezuela habrá elecciones y en esa dirección hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos. El pueblo venezolano con su sabiduría ancestral determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente». Lugar donde también anunció el inicio de un «proceso de transición democrática, ordenado, institucional y verificable» orientado a la reconciliación nacional y la reconstrucción económica».

Solo con un gran acuerdo de las tres partes que dominan el universo de Venezuela se logrará disminuir sustancialmente la incertidumbre y proporcionar un rumbo claro hacia la recuperación eventual de nuestra soberanía.

 

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post recientes