Entrevista a Mercedes López de González

CMR: Vamos ahora a Caracas, a la casa de Mercedes López de González. Ella es la esposa de Edmundo González Urrutia.

Mercedes, muy buenos días. Muchísimas gracias por recibirnos en tu casa en la mañana de hoy

 

MLG: Buenos días. Gusto de verte.

 

CMR: Mercedes, mucha gente se pregunta: ¿y quién es esa señora que aparece junto a María Corina Machado, al lado de Edmundo González? Si yo te pregunto quién eres tú, ¿qué les dices tú a los venezolanos?

 

MLG: Yo soy una mujer venezolana. Nací hace 74 años. Soy hija de unos padres de clase media que nos enseñaron y nos dieron los valores principales para ser buenos hijos y buenos profesionales. Tuvieron que trabajar mucho, como todos, para sacarnos adelante, pero creo que lograron sus objetivos.

Soy Tarbesiana. Ese colegio sacó lo mejor de mí: mi formación religiosa, mi formación católica, mi fe, la caridad, el ayudar al prójimo, el saber que todos somos hermanos, que todos somos venezolanos y que todos somos uno, por lo que tenemos que ayudarnos unos a los otros.

Después, en la universidad, conocí a Edmundo. Edmundo llegó a mi vida porque llegó a alquilar un apartamento arriba donde yo vivía. Nos conocimos, nos hicimos novios, nos casamos después de 5 años y con él viajé por primera vez al exterior, a los 23 años. Llevamos casados 51 años.

CMR: ¿Él estudiaba en la universidad Estudios Internacionales?

 

MLG: Exacto. Los dos somos ucevistas. Y así comenzó nuestra historia de amor, en la juventud.

 

CMR: ¿Tú que estudiabas?

 

MLG: Yo soy odontóloga.

CMR: ¿Y qué les hizo a ustedes enamorarse? ¿Qué viste tú en ese joven González Urrutia?

 

MLG: No sé. Me gustó su manera de ser. Era una persona muy tranquila, muy reposada. Hablábamos mucho de lo que estaba estudiando, de lo que le gustaba hacer. Y a mí me gustó siempre, desde un principio, acompañarlo. Yo sabía que la carrera la estaba haciendo por cumplir con mis deseos de ser odontólogo, pero sabía que al final no le iba a poder ejercer, porque viviendo y viajando con él eso era imposible. De hecho, él se fue un año antes que yo a su primer cargo como diplomático: ser secretario de la embajada en Bélgica. Yo me quedé en Caracas terminando mi universidad. Vino, nos casamos y nos fuimos al exterior.

 

CMR: Y con él empecé a conocer el mundo, ¿a dónde fuiste exactamente?

 

MLG: Yo no había viajado jamás. La primera vez que me monté en un avión fue cuando me fui de luna de miel. Siempre había estado en mi país. Mi papá nos enseñó que nuestros viajes siempre eran al interior. Mi papá es oriental y nos llevaba siempre al Oriente. Nuestras vacaciones eran siempre en la playa con la familia.

Y después, bueno, empezamos en Bélgica. Y sabes que la situación de Bélgica es muy cercana a muchos países de Europa. Teníamos un carrito Fiat Uno y viajábamos los fines de semana. Estábamos en una hora en Luxemburgo, en tres horas en París, en dos horas en Alemania. Y así, poco a poco, los fines de semana fuimos conociendo el mundo los dos, porque él tampoco conocía muchas partes de Europa.

 

CMR: Eso los hizo conocer Europa, conocer mundo y conocer idiomas, ¿verdad?

 

MLG: Exactamente. En Bélgica yo aprendí francés. No fue fácil para mí separarme, porque como te digo, estuve hasta los 23 años viviendo con mis padres, y me casé y a los dos días nos fuimos al exterior. Y dejar mis padres, mis hermanos, mi familia, me pegó muchísimo. Llegar a un país que no conocía, que tenía un idioma diferente, no fue fácil adaptarme. Pero bueno, yo soy una persona muy extrovertida, me gusta mucho comunicarme, incluso sin entender muchas veces. Ed mundo me decía que hablaba como Tarzán, pero yo me hacía entender con la gente. Yo soy una persona que me gusta que me entiendan y hacerme entender. Soy muy habladora, me gusta practicar la charla y hablar.

Pero bueno, aprendí mi idioma y de ahí regresamos a Venezuela. Edmundo fue llamado de vuelta a la cancillería. Aquí nació mi hija Mariana, que justamente hoy está cumpliendo 48 años. Se llama Mariana del Carmen, y nació el día de hoy.

 

CMR: ¡Ah, qué bien! Bueno, felicitaciones a Mariana del Carmen, tu hija mayor. No sé si estará contenta porque ya le dijiste que cumple 48, pero es muy jovencita.

 

MLG: Sabes cómo son las mamás.

Cuando tenía 7 meses Mariana, nos fuimos a Washington D.C. Edmundo trabajó 5 años ahí, ahí hizo su posgrado y ahí nació mi hija Carolina, la más chiquita.

 

CMR: Y entonces, ¿hablas francés y también hablas inglés?

 

MLG: Hablo mejor francés que inglés.

 

CMR: Pero quiere decir que ustedes han conocido el mundo. Pero ¿qué tanto conocen Venezuela, Mercedes?

 

MLG: Bueno, déjame decirte que a Venezuela la conocí hasta que yo me fui al exterior. Después todas las vacaciones de verano, Edmundo y yo veníamos siempre a Venezuela. Veníamos siempre a Caracas, donde teníamos a los papás, los abuelos, los tíos, y viajábamos por el interior del país.

Estando cerca de otros países europeos, preferíamos venir aquí porque queríamos que las hijas se involucraran con la familia, con los primos, con los amigos, con la gente que es la que en verdad forma parte de uno: su país.

 

CMR: La imagen que uno recibe de ti, Mercedes, es la de una señora venezolana campechana, llana, buena, abierta, noble, ¿verdad? En fin, yo creo que te conozco mucho porque eres igual a mi mamá cuando tenía tu edad, a mis tías, a mis hermanas. Así somos, ¿no?

Y esa señora con la que converso ahora, que tan gentilmente me está recibiendo en el balcón de su casa con esa bella vista de Caracas, ¿se imaginó alguna vez que iba a estar en una tarima, ante una multitud, apoyando a su esposo, con la alta posibilidad de convertirse en presidente y ella en primera dama?

 

MLG: Jamás en la vida nos imaginamos esto. Esto yo creo que, para mí, fue un designio del Señor, porque nosotros esto ni lo buscamos ni lo esperamos. Y cuando me lo dijeron a mí, casi que me da un infarto. ¿Cómo vas a ser el candidato y yo, que soy tu esposa, voy a estar contigo? ¿Qué es esto? ¿De dónde salió esto? Yo no lo podía creer.

Y así es. Por eso digo que hay una mano divina que nos está ayudando, y que me está ayudando. De hecho, esta es mi primera entrevista, a mí jamás me habían entrevistado. Quizás Edmundo ha tenido muchas más oportunidades, ha dado entrevistas, ha dado charlas, ha dado conferencias. Pero yo no. Yo soy una persona que, así como soy extrovertida para unas partes, para otras partes tengo miedo. Pero bueno, aquí estoy.

 

CMR: Me da muchísimo gusto conocerte y presentar a los venezolanos y a toda la audiencia latinoamericana que nos escucha en este momento en Estados Unidos, en la América y en Europa.

Corres el riesgo, existe la posibilidad, de que seas la primera dama de Venezuela. Y vas a ser la primera dama después de que una señora está ocupando tu rol, bajo el mote de “la primera combatiente”. Yo quiero saber si tú eres combatiente o no. Pero después de la pausa.

 

CMR: Ese tema de Rubén Blades, el Padre Antonio y El Monaguillo Andrés, fue inspirado en el Monseñor Arnulfo Romero, quien fuera asesinado en El Salvador, en los tiempos crudos de la violencia. Y habla ese tema de un sacerdote que salió de España, se hizo en América, un sacerdote modesto, un párroco. De hecho, Rubén, en un guiño a los venezolanos, llamó al monaguillo Andrés Eloy Pérez.

Pues, ese tema de Rubén tiene un encanto particular. Y es que habla de gente normal y común, que no se imaginó en destinos trascendentales. Que creo, más o menos, es lo que le pasa a nuestra entrevistada de hoy, a Mercedes López de González.

Mercedes, confesaste hace un momento que nunca te imaginaste en este trance, nunca te imaginaste en una tarima ni con la posibilidad de ser primera dama. Vas a ser primera dama después de que una mujer estando allí se ha llamado “primera combatiente”. Imagínate ahora en ese rol, por favor.

 

MLG: Bueno, si esto llegara al final que todos deseamos y necesitamos para tener una mejor Venezuela en libertad, yo voy a ser la acompañante de mi marido, la primera dama, pero también voy a ser combatiente. Voy a ser combatiente para tener una mejor educación. Voy a ser combatiente para tener una mejor salud. Voy a ser combatiente para tener sueldos dignos para todos los trabajadores. Voy a ser combatiente para los ancianos y los más necesitados, que tienen tantas carencias. Y para los niños que están desnutridos, que no tienen alimentación, que su peso y su talla no va de acuerdo con su edad. O sea, voy a combatir todo lo que nos hace falta para volver a ser la Venezuela que fuimos antes. Para ser la Venezuela en la que yo viví, yo nací y donde mis hijas nacieron. Y quiero que mis nietos tengan lo mismo que yo tuve, y me iré tranquila cuando lo logremos.

 

CMR: ¿Cómo ha sido la experiencia desde ese momento en que Edmundo se convierte formalmente en el candidato de la oposición? ¿Cómo ha sido eso para ti? ¿Cómo ha sido la vida en la casa?

 

MLG: Bueno, esto ha sido muy abrumador, pero yo creo que Dios me da todos los días la fuerza y la entereza para ayudarlo mucho.

Mi casa se ha convertido casi que en un comando de campaña. Aquí entran y salen, entregan café, dulcitos, pastelitos, saladitos. Y como yo viví en un mundo diplomático, esa parte a mí me gusta. Me gusta recibir, me gusta atender y me gusta que la gente que venga a casa se sienta bien, se sienta como en su casa. Esa parte la tengo bien dominada, hay cosas que te van sacando: que no hay horario y que la gente quiere hablar con él, no importa el tiempo. Eso sí me abruma a veces porque todos somos humanos, y ya no tenemos 15 años. Pero bueno, ahí lo voy ayudando y vamos a salir de esto, con el favor de Dios. Y vamos a lograr un mejor país.

 

CMR: Esa expresión es muy venezolana y, más que venezolana, muy caraqueña: «Vamos a salir de esto, con el favor de Dios».

¿De qué vamos a salir? ¿Tú podrías explicarme qué quieres decir, Mercedes, con «vamos a salir de esto»?

 

MLG:  Vamos a salir de estos años que han sido para mí, que ya tengo la edad que tengo, lo peor que nos ha podido pasar. Unos años donde no vemos cómo el país se ha venido abajo en todo sentido. Habiendo tanto dinero, habiendo tanta riqueza, la gente no ha sabido aprovechar ese dinero para lo que tiene que hacer.

Ya todos sabemos lo que lo que ha habido, y eso no nos ha hecho nada a nosotros. El pueblo siempre fue muy nombrado por todos ellos: “Vamos a actuar, vamos a salvar al pueblo… y el pueblo… y el pueblo”, pero del pueblo se olvidaron siempre. Es una manera de decir «vamos a ayudar al pueblo», «le vamos a dar esto», pero jamás la ayuda llegó al pueblo. Jamás. Lo vemos claramente con lo que pasó. Eso me parece, a mí, lo peor que yo vi en mi vida: que un padre se dedique a recoger enseres para ayudar a su pueblo, vengan a otras personas y le digan que no puede repartirlas. Si uno es es humano y todos somos prójimos, somos hermanos, ¿qué importa de dónde venga la ayuda? Lo importante es que la gente se sienta ayudada y sea en esos momentos que tiene tantas necesidades, le den lo que sea. No importa de dónde venga la ayuda. Eso, me parece a mí, que los venezolanos no somos así. Los venezolanos no éramos así y no podemos dejar de ser así.

 

CMR: Veo que te emocionas. ¿Cómo es eso de que vas a un sitio, se paran, comen algo y luego le cierran el sitio? ¿Cómo te has sentido?

 

MLG: Muy mal. Porque todos tenemos necesidades. Yo digo que van a cerrar hasta los baños, porque no puede ser. Cualquier día nos dicen que tenemos que llevar en el carro algún sistema para ir al baño. Si tienes ganas de comerte un sándwich, te paras, entras y vienen y te cierran. ¡Es ilógico! Y te montas en un avión y te atacan cuando te estás montando, te atacan cuando vas en el vuelo. ¡Por favor! El país es de todos nosotros, el país no es solamente de ellos, el país es de todos nosotros.

 

CMR: ¿Qué fue lo que pasó en el vuelo, Mercedes?

 

MLG: En el vuelo, fuimos atacadas antes de montarnos. Nos decían que cómo nosotros nos  montamos en una línea que está sancionada por los Estados Unidos, pero esa línea es del Estado, esa línea no es de ellos. Esta línea nos pertenece a todos los venezolanos. Y yo viajé en Conviasa cuando era la línea que transportaba a todos los funcionarios venezolanos que iban para el exterior, y era para mí la mejor línea que tenía el país. Ahora la han politizado, entonces ahora tú te montas en el avión y, por ejemplo, nos dan las sillas tres a Edmundo y a mí, pero a las personas que nos acompañan, que son dos o tres, las sientan en la última parte del avión, donde  no estemos nosotros. Pero en la silla dos y en la silla cuatro, se sientan dos mujeres, dos señoras aquí y dos señoras atrás, que empiezan con un celular a decirnos una cantidad de cosas. Por supuesto que Edmundo y yo somos muy tranquilos, nosotros no vamos a entrar en dimes y diretes, no somos de ese tipo de personas. Ya hemos vivido la vida muchos años y no somos de ese tipo, y no interactuamos. Pero tampoco nos gusta que nos insulten, porque no nos parece bien. Somos unas personas mayores, y aquí la gente ha perdido la moral y las buenas costumbres. Aquí uno le enseña desde pequeño que la gente mayor se respeta, se le da una silla, se le da un asiento, se lo deja pasar.

 

CMR: ¿Y cómo te sientes tú y Edmundo para superar los insultos? ¿De qué estás hecha? ¿A qué te aferras en un momento tan incómodo y desagradable como ese, Mercedes?

 

MLG: Me aferro a Dios, a Dios.

CMR: Mercedes, ¿cómo ves a Edmundo en este trance, en este proceso tan complicado?

 

MLG: Lo veo bien, lo veo fuerte. Lo ayudo mucho.

Sabes que a los hombres no les gusta mucho que las mujeres les digan las cosas. A veces se hace el loco y no me oye. Pero yo creo que, en el fondo, algo de lo que yo le digo le queda. Sus hijas también le dan consejos. Tenemos que cuidarlo y protegerlo, porque también Edmundo es una persona que tiene sus años, y que también le llegó de imprevisto. Porque puede ser amigo, puede pertenecer a esto o a lo otro, pero ser candidato a la presidencia, y si llegamos al final y viene a ser presidente, hay que darle mucho apoyo y mucha ayuda. Y la tiene con todos sus amigos, que tienen muchísimos, y son amigos que hemos hecho a lo largo de la vida. Porque si algo tenemos nosotros, somos amigos. La gente que viaja y va y viene, tiene amigos en todos los países, tenemos gente en todas partes. Tenemos muchos amigos en Caracas que nos quieren y son amigos de verdad, que quieren el bien común y quieren bien por todo el país, y que están sufriendo las mismas penurias que nosotros.

 

CMR: Y hablando de amigos, ¿qué me dices de María Corina Machado?

MLG: Es una amiga que recién conocí. Yo la conocía por la prensa, por las redes. Pero un día yo llamé Edmundo y él estaba con ella, y ella me atendió el teléfono y me dijo: «Mira Mercedes, quiero hablar contigo, porque Edmundo me dice que me falta el voto tuyo, me falta que tú me des el sí o el no. Entonces, ¿dónde nos vemos?». Yo le digo: «No, vente para mi casa. Aquí estoy». Y el acto llegaron, y la conocí aquí. Es una persona encantadora, es una líder. Ella ha despertado en este pueblo las necesidades de un cambio, porque no se le puede negar que ella es la que tiene años en esto y lucha por esto, y nos ha ayudado muchísimo. Y bueno, estamos aquí. A ella le fue revocada su candidatura, no había otra salida. Y bueno, llegamos nosotros. Así fue. Y vino a pedir si yo estaba de acuerdo con todo esto.

 

CMR: ¿Y qué le dijiste?

 

MLG: ¿Qué le voy a decir, si a lo largo de mi vida lo he acompañado en todos los países a los que lo ha mandado a la carrera diplomática? Jamás lo he dejado solo. Ahora tampoco lo iba a dejar solo.

Así que le dije: «Bueno, si es así, echaremos para adelante”. Y aquí estamos, tratando de seguir adelante, pidiendo las oraciones de todo el país, pidiendo que los que no han decidido todavía por qué votar, que se pongan la mano del corazón y que piensen si el país que tenemos es lo que verdaderamente ellos quieren. Porque la gente que está indecisa debe ponerse la mano en el corazón y pensar: ¿esto que estamos viendo es lo que yo quiero para mis hijos, para mis nietos? Y bueno, no. Por eso, tienen la opción del 28, y ahí los esperaremos a todos. Y que sea lo que Dios quiera.

CMR: Te pregunté por María Corina, Mercedes, porque sabes que esto está lleno de chismes, y los chismes corren a los más altos niveles en la otra acera. Y en un programa de televisión empezaron a hablar de tus molestias con María Corina. ¡Caramba! ¿Qué es eso?

 

MLG: Tú sabes que en la política siempre hay dimes y diretes. Yo no le hago caso a nadie. La gente me puede decir algo y yo no le hago, yo sigo en lo que soy. Soy una persona educada, decente. A mí no me van a buscar para confrontarme con nadie.

 

CMR: ¿Tienes miedo, Mercedes?

MLG: Tengo miedo del reto que se me presenta, es verdad, porque nunca lo he tenido. Yo no soy política, yo no luché para estar donde estoy. Cuando la gente se va preparando, va perdiendo el miedo y se va poniendo fuerte. Yo todavía no he llegado a esa fortaleza, pero yo pienso que poco a poco lo iré logrando.

CMR: Y, en esos momentos de intimidad. Claro, voy a hacer una pregunta absolutamente imprudente, tan imprudente que no te veas obligada a responderme. Pero bueno, este oficio es para eso, para que uno sea impertinente, como vi por allí el otro día.

En esos momentos de intimidad, en la noche, cuando llegan cansados ya de la jornada, ¿Edmundo tiene miedo?

MLG: No, Edmundo no tiene miedo. Lo que pasa es que Edmundo tiene demasiadas cosas en su cabeza, que a veces le cuesta ver las cosas claramente. No es fácil. Pero seguimos en esto, no tenemos miedo. Lo que sí nos da miedo, como yo digo siempre, es que cuando estamos en la tarima y vemos a esa cantidad de gente que nos tira besos, que nos tira flores, que llora, que nos dan papeles, que nos dan rosarios, que nos dan pulseras, y que nos dice: «Ustedes son nuestra salvación». Ahí es donde yo tengo miedo, y le digo a Edmundo: «Edmundo, ¿cómo vamos a hacer para cumplir los deseos de toda esta cantidad de personas?”. Eso no es nada fácil. Y él me dice: «Mercedes, ahí iremos. Poco a poco echaremos para adelante”. La recuperación del país no será de un día para otro, y eso lo tienen que saber todos ellos. Esto no es que sale uno y entra el otro. No. Esto lleva su tiempo. Aquí hay muchas cosas que hay que empezar a arreglar. Es como si una casa estuviera derrumbada, y yo voy a empezar a construirla. No tengo el dinero, pero el dinero se buscará, y poco a poco se irán haciendo las cosas.

 

CMR: Ha sido una campaña con un peso femenino muy importante, no solo porque está María Corina, sino porque las mujeres son las que más se acercan, las más emotivas, son las que se han echado el país en los hombros. ¿Qué te dicen esas mujeres? ¿Qué has visto tú en ellas, en las mujeres venezolanas que has conocido en estos recorridos?

MLG: Tú sabes que las mujeres venezolanas son las que llevan los hogares, las que llevan las familias, las que llevan los hijos, los nietos. Es la madre, es la mujer la que lleva el país.

Este es un país de matriarcado, siempre lo hemos sabido. Y bueno, todas quieren un país mejor, todas quieren una mejor educación para sus hijos, todas quieren tener un buen calzado. ¿Cómo es posible que ves a los niños en el interior descalzos, o en esas cholitas plásticas que tú ves que jamás se ha puesto una media? A mí me sobrepasa eso. «¿Cómo es posible que en un país que fue tan rico, que ha sido tan rico, tengamos esta cantidad de problemas? Y quizás mucha gente se acostumbró a verlo y le parece que eso es normal, pero eso no es normal. Eso hay que cambiarlo todo, y será con la ayuda de Dios, poco a poco. Y si Dios nos lo permite, llegar a la presidencia.

 

CMR: Como las mujeres son las que mandan en la casa. La idea de la viandita fue tuya, ¿no?

 

MLG: Claro. La mía es vintage, ya la vas a ver. Nosotros las traemos llenas de mucho: de los besos, de los llantos, de los rosarios, de las pulseras. Las traemos llenas de muchas cosas que nos nutren. Y si ves, aquí mi casa es en un altar lleno ya de tantas cosas que la gente nos da, y todo lo ponemos: desde un sombrero, desde un arbolito. Todos lo vamos poniendo. Y cuando nos levantamos la mañana y vemos todo eso, es lo que nos dice: «Tenemos que seguir, tenemos que seguir».

 

CMR: Mercedes, 74 años. Bueno, para mí eso es una mujer muy joven, pero ¿te sientes vieja decrépita?

MLG: No, jamás. Yo soy una mujer con mucha vitalidad. Además, me parece una cosa horrible insultar a la gente de esa manera. Viejo y decrépito son dos cosas horribles.

 

CMR: Mercedes. Por favor, un último mensaje para nuestra audiencia.

 

MLG: Bueno, despido a todos y cuento con todos ustedes. Sepan que esto no es solamente de Edmundo, Mercedes y María Corina, esto es de todos nosotros. Todos los que queremos un cambio tenemos que ayudar y colaborar para la restauración de un país. No somos solamente nosotros.

Y los que no están de acuerdo con nosotros, que sepan que también van a poder ayudarnos y colaborar. Porque todo lo que deseamos es que tengamos un mejor país. Que tengamos una Venezuela libre, sin presos políticos, sin tantas cosas que no deben estar.

 

CMR: Mercedes, te agradezco inmensamente que nos hayas atendido y nos hayas recibido en tu casa. De verdad, te agradezco tanta generosidad.

 

MLG: Muchas gracias a ti, a tu esposa y a tu equipo. Esperamos verte pronto por estos lados, si Dios quiere. Nos hace falta.

 

CMR: Bueno, me hace falta a mí también. Gracias, Mercedes.

Mercedes López de González. Lo voy a decir: ¡cómo me gustaría que fuera la futura primera dama de Venezuela!»

 

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