Para los venezolanos dentro y fuera del país, la emoción dominante es la esperanza cautelosa. Han visto promesas incumplidas, diálogos estériles, liderazgos frustrados. Han aprendido a desconfiar. Y, sin embargo, algo ha cambiado
Publicado en: Artículo 14
Por: Beatriz Becerra
Enero ha sido mucho más que un mes para Venezuela y para el mundo. Ha sido una demolición: de un liderazgo autoritario, sí, pero también de certezas, de estructuras de control y, paradójicamente, de expectativas sobre cómo podría ordenarse la transición democrática. La captura y extradición de Maduro y su esposa Cilia Flores hacia Estados Unidos por cargos de narcotráfico transformó, en horas, el escenario político y geopolítico.
Se ha hablado excesivamente de la figura de Maduro como el centro del régimen, cuando en realidad el régimen chavista era (y es) una estructura de poder con múltiples resortes: redes clientelares, altos mandos militares, grupos de poder económico y un aparato de seguridad que supo reinventarse pese a crisis profundas.
Nadie lo ha descrito como el gran Jesús E. Tineo: “En apenas un mes, el chavismo, una estructura que durante tres décadas se vendió como invencible, impenetrable y eterna, colapsó como colapsan siempre las mafias cuando se quedan sin el miedo ajeno que administrar”.

Venezuela vive hoy una mezcla de incertidumbre, miedo y expectativas. La memoria de la represión, el éxodo de millones de compatriotas y la desconfianza hacia la clase política persisten. Muchos venezolanos se han preguntado en este arranque de año si lo que estaba aconteciendo era realmente un renacimiento de la democracia o simplemente una reconfiguración del mismo poder bajo otras formas. Pero lo que realmente hemos visto en estas primeras semanas sin Maduro es, sobre todo, una negociación de poder y legitimidad en tiempo real, desarrollada en torno a tres movimientos.
El primero, el encargo de Trump a Delcy Rodríguez de controlar la seguridad interna y dar los pasos legislativos requeridos para reordenar el tablero. Con la Constitución venezolana como marco, la ausencia de Maduro conllevaba un automatismo conveniente: la juramentación por parte de la vicepresidenta como presidenta interina. Esto es, la continuidad de la élite del chavismo adaptándose estratégicamente a las circunstancias, sometiéndose a órdenes y acatando imposiciones por su bien propio.
Así, Rodríguez ya ha firmado reformas trascendentales -como la apertura del sector petrolero a la inversión privada, un cambio radical en la política económica venezolana- que, en términos prácticos, allanan el camino a una nueva dinámica económica, si bien también suscitan dudas sobre quién ejerce realmente el poder y bajo qué mandato legal y democrático.
La redefinición del sector petrolero, eje de la economía venezolana, tiene un doble filo: sin inversiones y productividad, no habrá recuperación material para los venezolanos. Sin embargo, si la apertura se hace sin reformas democráticas profundas, corre el riesgo de reproducir un patrón de dependencia económica sin participación ciudadana real.

En segundo lugar, el cumplimiento de la demanda expresa de EE UU de liberar a los presos políticos (desnaturalizada en un primer momento, con cuentagotas, reticencias y condiciones para los excarcelados), a la que ha seguido el anuncio por parte de Rodríguez de una ley de amnistía que abarque delitos políticos desde 1999. Una exigencia y un objetivo prioritario amarrado por María Corina Machado en la Casa Blanca como interlocutora reconocida. Un proceso largo y complejo que requiere extrema vigilancia, colaboración internacional y, cómo no, mecanismos de justicia transicional clara y garantías de reparación a las víctimas.
Y el tercer movimiento, al que seguirán otros, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la consolidación del respaldo internacional. Tras siete años de vacío, la nueva encargada de negocios estadounidense ya está en Caracas para reabrir la misión diplomática, lo que define una nueva etapa de relaciones internacionales para Venezuela. El retorno de la diplomacia formal —y con ello, la posibilidad de acompañamiento de actores multilaterales— es vital para las próximas fases del proceso, incluyendo la reconstrucción institucional y económica. Pero el acompañamiento exterior solo será útil si refuerza la autonomía democrática interna, no si se limita a garantizar estabilidad económica sin exigencias políticas.
Para los venezolanos dentro y fuera del país, la emoción dominante es la esperanza cautelosa. Han visto promesas incumplidas, diálogos estériles, liderazgos frustrados. Han aprendido a desconfiar. Y, sin embargo, algo ha cambiado: por primera vez en mucho tiempo, la sensación de inmovilidad se ha roto. El miedo ya no es absoluto. Y la palabra “futuro” ha regresado, por fin, al vocabulario cotidiano.

Como tantas veces he insistido, la transición democrática de Venezuela no es solo una cuestión de cambio de gobierno. Requiere abordar una construcción institucional y social completa. Requiere elecciones libres, respeto a los derechos civiles, justicia y reparación. Requiere una ciudadanía consciente de su peso y su responsabilidad, dispuesta a aprender lo que significa ser un país democrático en el segundo cuarto del siglo XXI, después de 26 años de degradación y expolio.
Y requiere un proyecto nacional que no excluya a nadie.
Un momento “irrepetible”
Desde mi interlocución directa con quienes hoy toman decisiones en Caracas, Washington y Bruselas, percibo una clara conciencia compartida: este momento es irrepetible. No habrá una segunda oportunidad si se desperdicia. La fragmentación opositora, los personalismos, las luchas internas y la tentación del cortoplacismo serían letales para una transición que exige generosidad, visión histórica y responsabilidad moral.
Al cumplirse este mes sin Maduro, Venezuela ha entrado en una fase crítica donde cada decisión, cada ley, cada conversación internacional y cada gesto de liderazgo político definirán el modo y los tiempos en los que el país recompondrá su tejido democrático. Porque ninguna otra opción es planteable.





