Por: Floralicia Anzola
Por aquí como venezolana tengo una buena ensalada de emociones. Alegría controlada por la extracción de Maduro y Cilia y el temor en su entorno que deja esta acción, gracias. También tristeza retroactiva porque esto nos obliga a un recuento de pérdidas en la vida de otros y la nuestra que quisiéramos tuviera un final. Es miedo de que no sea el final- esa especia de maldición que nos ha tocado- “no todo será como parece”. O el síndrome del día después donde el chavismo gana. Expectativa de estar a la altura de los acontecimientos que vendrán y la lucidez necesaria para verlos, desnudos de emoción. Incertidumbre, esa compañía incómoda,demasiado presente como sombra que se niega a separarse de nuestros pies. En fin, a modo de desahogo, estoy blanda y abrazo mi vulnerabilidad.





