Jean Maninat

Diálogos presocráticos – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Meteco: Los aristócratas nos tienen la espada de Pericles pendiendo sobre nuestras cabezas.

Ciudadano aristócrata : La espada de Damocles, pedazo de ignorante.

Meteco: ¿Entonces Pericles no tenía espada, huon?

La espada de Pericles. Fábula atribuida a Tito Lívido. (59 a.C.-17d.C.)

Y mire usted que en estos días es difícil salir a la calle sin mirar instintivamente hacia el cielo, haciendo con el dorso de la mano una visera para desviar la luz solar, o arrugando el rostro como si estuviese untado de miel luminosa (yes, la imagen -pero mucho mejor labrada- es de Bruno Schulz) a ver si por dicha  confundimos un dron cualquiera o un avión comercial con el Artemis 2, y tenemos algo diferente de lo cual conversar de regreso en la noche a casa, un diálogo de altura que no gire alrededor de las últimas declaraciones de quien siempre parece ser el último en declarar, acaparar los titulares de todos los medios informativos del planeta –24 sur 24- y nos trae y nos lleva con Heráclito a flor de labios y el diálogo hecho un nudo en la panza..

Diálogo Vespertino

¿Viste lo último de…? ¿Cuál? La de destruir la civilización… ¡Noooo me digas! ¡Como lo estás oyendo! ¿Pero, a dónde vamos a llegar? Eso mismo digo yo. Ya no puedo dormir bien pensando en lo del estrecho de Ormuz. ¿Te imaginas si lo estrechan más? No, no puedo con eso. Bueno, así sí que no pasa ni un peñero de los de aquellos… los que hacían explotar. Así no se puede vivir, con el corazón en un pálpito acelerado todo el día. No, de verdad, es mucha la presión, ni el mismísimo Parménides aguantaría tanta incertidumbre.

Diálogo de Sordos

Está listo. En cualquier momento. ¿En cualquier momento qué? Bueno tú sabes… No, te lo juro, yo no sé. Cómo no vas a saber, marisco. Te digo que no lo sé. Bueno, no te hagas, tú sabes bien quién está empacando. ¿Empacando? ¡Sí, empacando, para volver! ¿Para volver a dónde? ¿A dónde va a ser? ¿A España? No marisca, para tú sabes donde. Ah, está bien. ¿Pero… y cómo para cuándo? Para ayer. Ya es un hecho. Pero, ¿no hay un más o menítos?  ¡No, la espera nos enaltece, nos hace más sabios y fuertes! Te lo juro, hasta Demócrito perdería la paciencia esperando un final tan sin final.

Diálogo Barciano

El petróleo, hermano, el petróleo es todo lo que le interesa. El excremento del diablo, ya lo dijo un tal Pérez  Alfonso, que nos llevaría al pozo. ¿Pérez quién? Y aquí estamos, subyugados, una neocolonia, petrolera. Una mera estación de gasolina, un grifo abierto. ¡Inaudito! Perdón, ¿tú no querías una intervención quirúrgica humanitaria de tercer grado inclusiva? ¿Yo, cuándo? Siempre he exigido una transición a la venezolana. Ofrecernos por parcelas ya urbanizadas, pero en nuestros propios términos. Lo juro, la memoria de Anaxímenes es mi testigo, siempre me acompaña.

Monólogo Transicional

La transición, la transición hermano, allí está la clave. Sin instituciones democráticas plenamente funcionando, sin elecciones libres y participativas, sin una división institucional de poderes, sin salarios adquisitivos, sin el voto de la diáspora, masivo… entonces no habrá transición democrática a la democracia, será una burla más, como en la ópera de Verdi, El Gatopardo. Más de lo mismo. Sin democracia no hay democracia, así de simple. Todo es todo y nada es nada tal y como preconizaba Tales antes de antes de entrar a Mileto y Anaximandro antes de salir.

Coro (algo desquiciado)

Muchas son las fuerzas terribles

de la naturaleza, pero ninguna tan terrible como el hombre, si le dan mango pide fresa y si le dan fresa cotoperí. Escucha, serénate, reflexiona -oh bípedo, altanero y simplón- las maldades de este mundo son cosas correlativas, si tú haces favores te pagan con mal y ni el gato de la esquina te quiere votar. Oh mundo infame de tanto quebranto, oye mi canto. No hay un solo amigo en el mundo no, no hay un solo amigo a quien martillar. Cuando yo tenía mis votos todos me daban la mano, y ahora como no tengo todos me tiran para un lado. No hay un solo voto en el cual confiar.

Tomado de Antígono Rey, de Sófocles, Maracaibo, 496 a.C – 406 a.C.

Nota de agradecimiento. Gracias al profesor Sir William Ascot-Campbell por darnos acceso a su biblioteca apócrifa en Oxford, Indiana.

 

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