El lobo y las ovejas disfrazadas de lobo - Carlos Raúl Hernández

El lobo y las ovejas disfrazadas de lobo – Carlos Raúl Hernández

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Durante un par de décadas, planteamos la necesidad de virar de la insurgencia civil hacia la resolución pacífica del conflicto, para evitar tragedias, pero pese a todas las oportunidades, fallaron las élites y el lobo llegó. Ahora, sin contras posibles, la tarea es apoyar la entente Rubio-Rodríguez, trabajar por su estabilidad y porque desarrolle cambios económicos y políticos para el bienestar de todos. Podríamos estar al borde de volver a equivocarnos en relación con este complicado gobierno. Ello obliga a tragar muy grueso y mantenerse atento a la desestabilización emprendida desde Miami, Madrid y etcétera. Gracias a ellos y su IQ de 80, se aceleraron las rupturas y ahora publican fotos celebrando que maten venezolanos.

La mira está sobre Delcy Rodríguez y Cabello y ayudaría que el PSUV dejara fablas sesentosas, de apelar a ideologías derogadas y hablar con normalidad. Recordemos que en El exorcista, detectaron la presencia del Oscuro en Linda Blair, por hablar al revés. En cumplimiento de la ley de fluctuaciones cuánticas (ningún espacio permanece vacío), Marco Rubio el 3E ocupa espacios en nuestro país. El costo del entendimiento que no se dio, se paga con una merma nunca vista de soberanía territorial y duele comprobar lo dicho por mucho tiempo: marchábamos aceleradamente hacia ninguna parte. Como en el país de las maravillas, corríamos desenfrenados para estar siempre en el mismo sitio. Rubio impone el acuerdo entre los dos gobiernos y deja fuera lo demás.

Sabe que la oposición es invertebrada, que tuvo el poder en la mano por lo menos en ocho ocasiones– “ni cuenta se dieron”-, no construyeron nada y únicamente aplicaron para turbas callejeras. Si llegaran al gobierno, solo podrían mantenerse si Rubio se mudara a Caracas o si se declaran Estado libre asociado. La tomografía indicaba que manejada la realidad de forma tan tosca no hay cambio posible y que esperar algo bueno es como quien va tranquilo a operarse la vesícula en la carnicería. No tuvimos los pares Gorbachov-Yeltsin, Vaclav Havel-Marian Calfa, Lech Walesa-Wojciech Jaruselski, Lagos-Pinochet, Adolfo Suárez-Felipe González, José Sarney- Joao Figuereido, Julio María Sanguinetti-Rafael Addiego, Raúl Alfonsín-Reynaldo Bignone.

Pudiera haber sido útil saber que la abrumadora mayoría de experiencias exitosas de “cambio de régimen”, se hicieron por acuerdos entre las partes y sin ofrecer cárcel, “justicia”, “venganza”, pretensiones de aplastar. Los duros declaran ilegitimidad del proceso del 28J y en un sorprendente retruécano, Rubio lo utiliza para pulverizar las pretensiones presidenciales de “la tapa”. Creo que mencionar el “28J” es contraproducente, un colgajo que debe llevar faja. Denunciar que te quitaron el triunfo de las manos y no tuviste lo necesario para sacar capitalizarlo, es como decirle a todo el que veas en la calle que tu pareja te engaña, lo sabes y sigues con ella. Lo más recomendable es mantener la boca cerrada.

Pero la tragicomedia es, valga decir, más tragicómica. Comienza con aquello de convocar unas elecciones primarias abiertas (voto universal) para el 22 de octubre de 2023. Entonces me pareció la peor decisión posible, porque en clima tan tenso, cualquier factor inesperado podía sobredeterminarlas, e incluso, hacerlas contraproducentes y recordaba que en primarias homologables en el pasado cercano, un partido de gobierno influyó en las primarias de otro de oposición. No era la teoría de la relatividad sino algo bastante simple y fácil de constatar. A pesar de la elementalidad, planteé el asunto en un cenáculo donde, irrumpió una voz chabacana, que exclamó con pretensiones de lejana a ironía “entonces haremos carreras de sacos para escoger la candidatura”.

En carrera de sacos andamos, sin mover las piernas, desde que se metió el lobo entre las ovejas, a su vez disfrazadas de lobo y se las comió con todo y primarias. Sale de ahí la “candidatura” de quien no podía serlo y condenaba el proceso electoral; ante el tractor de la realidad que derriba la ensoñación, optan por apoyar a un gobernador aceptable para el gobierno. Pero el demonio viste de Prada o de Herrera, no abandona el cuerpo y deciden el exterminio moral en las redes del escogido. En mala hora este se retira, aunque ya estaba de primero en las encuestas y probablemente hubiera sido electo.

Quedamos lelos ante la pequeña historieta: de un recreo colegial salió la candidatura de “la tapa”, sello del desvarío electoral que define al desnortado sistema político. De esa genial maniobra proviene el destino fatídico que nos alcanzó, por el detalle de que las elecciones no eran en Suiza ni en Dinamarca sino en un “proceso revolucionario” sembrado de minas y odios con todo lo que ello implicó en Nicaragua, Checoslovaquia o la URSS. Una dirección política no podría actuar con “inocencia”. El “28 de julio” es, según entiendo, una fecha muy penosa porque pasó lo que todos debían tener claro que pasaría. “Líderes” no hubieran caído de los brazos de mamá en el primer mes de nacidos, debían saber que, según lo plantearon los bandos en conflicto, no eran para elegir sino un choque de trenes.

¿Por qué no aprendimos de cientos de casos en procesos similares en todo el mundo? No era ninguna tarea imposible y sobre eso se insistió hasta la impertinencia, con carreras de sacos o sin ellas. Varias cosas deberían aprender los que sueñan con el poder. Si quieres dirigir un país, ser el primero entre treinta millones, no ayuda acudir a consejeros que te empacan como una figura rabiosa, amenazante, peligrosa. Si te enfrentas a todos los poderes, por mucho que prendas en espíritus simples, la maquinaria de esos poderes tiende a reaccionar. Hay una larga historia de fracasos como experiencia, a menos que te impongas con un paredón de fusilamientos.

No hay tampoco que dejarse fascinar por cantos de sirenas afónicas. Aún hoy el bloque de poder se mantiene incólume, sin rupturas, pese al despliegue disuasivo del gigantesco poder de fuego norteamericano en el Caribe con el fin de romperlo en pedazos. Eso lo detectó Marco Rubio y ahorró una gran tragedia. En un momento, el gobierno de EE. UU barajó la opción de invadir por tierra, única manera de que haya “cambio de régimen”, pero el cálculo de muertes hizo abandonar la idea. Al final se produjo el acuerdo, la única posibilidad de que ambos salieran del trance y salvaran el rostro. Este gobierno híbrido está ahí.

 

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