Por: Jean Maninat
Hay frases picaporte, que contienen el mecanismo escondido para comenzar una conversa, para disparar el proceso que nos saca del estado natural de buena parte de los bípedos sapiens: el dienterotismo. En tiempos normales, (¿?) llegaba uno a una celebración, se aproximaba al grupo detenido bajo el umbral de un templo, o a la entrada de una casa de fiestas, y lanzaba a guisa de santo y seña: ¿cómo está la vaina?, y cada uno de los interpelados entendía que no era una preocupación genuina, directa, por el estado de ánimo, salud, financiero de cada uno. A pocos (más bien a nadie) importaba las cualidades ontológicas de la “vaina” y la respuesta era igualmente insulsa, desprovista de interés o profundidad cognitiva: “ahí vamos”, “chévere”, “pa’ lante”, encerraban -como el Aleph- toda la información del mundo.
Pero, los últimos días recorridos nos han lanzado de cabeza en un torbellino alucinante, donde las pocas certezas que teníamos se han licuado y ya no dudamos en preguntar al oráculo personal de IA la pregunta cincelada según nuestras particulares exaltaciones o apocamientos de espíritu: Gemini, ¿cómo llegamos hasta aquí? La respuesta suele no variar: ¡el mundo está loco! Y nos quedamos satisfechos, la envolvemos en un trapo de lino, le sacamos brillo, le damos vueltas como un Cubo de Rubik y ante cualquier apremio discursivo, ante cualquier asombro adicional expresaremos con semblante medio absorto: el mundo está loco… Es la nueva clave passepartout.
Si al presidente de la primera potencia mundial le da por señalar en el mapamundi una isla gigantesca y helada, de la que nadie se acordaba que existía, e indicar que -a pesar de estar poblada, tener bandera, y ser una nación constituyente del Reino de Dinamarca- se trata tan solo de un trozo de hielo que le apetece para salvar a la humanidad (como si de un raspado, cepillado, esnobol se tratase) tiene que ser que, el mundo está loco…
Si al presidente de una república petro-socialista-bananera lo extraen junto a su esposa de su domicilio de turno, los suben a un avión y los llevan a otro país para ser juzgados, mientras sus subalternos asumen el poder recién evacuado, acatan los dicterios de quienes los apresaron, hacen negocios petroleros con ellos y garantizan fidelidad al pacto, todo a nombre de la defensa de la revolución socialista asediada, tiene que ser que, el mundo está loco…
Si alguien se gana un boleto ilimitado de Metro, Subway o Undergroud, gracias a su buen comportamiento como usuario, y cuando se decide hacer valer el premio recibe la comunicación de que el presidente de la Asociación Civil de Aviación Universal cree que en realidad el premio lo merece él -dado el vínculo íntimo entre vagones de metro y aviones comerciales- y el galardonado lo enmarca pomposamente en marco dorado, lo cubre con celofán y se lo ofrece en reconocimiento eterno por su labor en materia de vagones y rieles subterráneos, no cabe duda de que el mundo está loco…
Prenda la televisión, encienda la radio, navegue las redes, abra su antihigiénico periódico impreso, zambúllase en la sobada pantalla de su teléfono y constate por su cuenta que: el mundo está loco…





