Publicado en: Blog personal
Por: Ismael Pérez Vigil
En el artículo anterior describí el marco general de la inmigración y la emigración de los venezolanos; me concentraré ahora en la emigración, pues es ésta la que interesa resaltar para resolver la pregunta con la que abrimos ese texto y que dejamos pendiente al finalizarlo. Se trata, entonces, de dilucidar si podemos contar con el retorno de esos venezolanos para incorporarse a la tarea de la “recuperación” del país, después de un eventual proceso de “transición”. Aunque esta no cumpla con los “parámetros tradicionales” de esos procesos, al menos a mí no me cabe duda de que estamos en un proceso −sui géneris, sin duda−, pero de “transición” al fin.
Y para responder cabalmente a esa inquietud, podemos descomponer la duda en dos: ¿Tenemos bases para pensar que podemos contar con ese contingente de venezolanos para que participen en la “recuperación» del país? O bien, ¿No se tratará más bien de un buen deseo, una ilusión, y por lo tanto, la estrategia que debemos diseñar es otra? Veamos.
Resumen de la situación
Lo primero es que no tenemos una cifra exacta o definitiva de cuántos son los venezolanos que emigraron al exterior. Las proyecciones de algunos organismos internacionales nos hablan de más de 8 millones; tampoco sabemos a ciencia cierta dónde están esos venezolanos y suponemos que muchos no están bien registrados o contabilizados, pues se trata de ciudadanos que tienen doble nacionalidad. Sin embargo, en días pasados escuché una entrevista a Tomás Páez Bravo en César Miguel Rondón Hoy (ver la entrevista, en la segunda hora del programa, en https://bit.ly/46snnKv), quien afirmó que los venezolanos en el exterior ya superan los 9,2 millones, lo que representa, según él, un 30% de la población.
Opina un experto
Tomás Páez es uno de los especialistas que más tiempo ha dedicado al tema de lo que denomina la “diáspora”, término que él mismo acuñó y popularizó. En esa misma entrevista, Páez tampoco se atreve a dar una cifra o hacer una predicción muy categórica acerca de cuántos venezolanos estarían dispuestos a regresar al país, en el caso de un cambio en la situación política, para incorporarse a la “recuperación”. Él estima la cifra en un 20%, es decir 1,8 millones.
Ante toda esa incertidumbre o vaguedad, la verdad es que yo no tengo cifras ni datos sólidos −creo que nadie los tiene− para responder afirmativamente y dar un estimado de cuántos pueden ser los venezolanos dispuestos a regresar. Por lo tanto, doy por válidas las cifras de Tomás Páez y creo que es más útil examinar las razones y plantearse cuál podría ser la actitud y la estrategia frente a esta situación para lograr el objetivo de un retorno masivo.
Posibilidad del regreso
Para plantearse la posibilidad de un regreso, lo primero que habría que considerar es un cambio en las condiciones económicas, sociales y políticas que los llevaron a abandonar el país. Logrado eso, la razón de un porcentaje de regreso tan bajo −para algunos−, como el que considera Páez, es que muchos ya llevan años de haberse marchado y han establecido familias y hogares en otras naciones, por lo que se les hace difícil pensar en un retorno. Yo comparto ese razonamiento, pero lo matizaría agregando algunas consideraciones de carácter político que forzaron la emigración.
Desde luego, estoy consciente del carácter polémico de mis afirmaciones y sé que no es lo esperado por muchos, tanto aquí como en el exterior; pero creo que es imprescindible que en esta materia «pisemos tierra» para evitar decepcionarnos y trazar una estrategia asertiva. Como bien nos dice Nicolas Maquiavelo: “…es más conveniente ir tras la verdad efectiva de la cosa que tras su apariencia…[pues]…aquel que deja lo que se hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina…” (El Príncipe, cap. 15.)
Las razones para emigrar
Lo primero es que una gran parte de los que optaron por la emigración rompieron o quieren romper con lo que dejaron atrás y que los obligó a dejar el país. La situación económica, la inflación, el desempleo, la falta de oportunidades, la crisis de salud y hospitalaria, el deterioro de servicios básicos, la violencia y la falta de seguridad personal, son entre otras, las razones que llevaron a muchos a esa situación. Sin duda hay añoranza y vínculos muy fuertes, culturales y familiares con Venezuela; pero también un “hastío” que no podemos dejar de reconocer y que los lleva a romper lazos, excepto algunos de amistad y parentesco. ¿Cómo fortalecemos esos lazos y ayudamos a sanar aquellos vínculos y recuerdos que los obligaron a alejarse?
Lo segundo, desde un punto de vista político, es que posiblemente no comparten la vía, los tiempos o alternativas planteadas por la dirigencia opositora democrática para sacar a Venezuela del marasmo en el que estamos. Probablemente entre quienes abandonaron el país por diversas y válidas razones, se encuentra la decepción de la política. Los venezolanos que están afuera no son distintos a los que estamos aquí: muchos de ellos no participan en eventos políticos, pues estos les son indiferentes. Otros, algo más activos y radicales, posiblemente tras lo ocurrido el 28 de julio de 2024, se han apartado o radicalizado aún más.
Y por último, sin considerar que lo expuesto sea exhaustivo, y sin contar a los miles de exiliados políticos, los demás ¿Encuentran alguna “oferta” política válida o un aliciente suficiente para retornar y motivarse a participar? Para desentrañar esta incógnita solo tengo un referente empírico: la Elección Primaria de 2023 y lo ocurrido en ella con los votantes en el exterior.
El referente empírico
En esa oportunidad disponíamos de menos información que ahora con respecto a la emigración. Asumíamos que había más de ocho millones de venezolanos en el exterior y que, de ellos, unos 3,5 millones estarían en capacidad de votar. Pero no sabíamos exactamente cuántos eran y mucho menos dónde estaban; algo que era imprescindible para organizar la elección y colocar mesas de votación donde fueran más efectivas.
Tras recabar la información disponible en embajadas y países de acogida, y vencer las resistencias de algunos partidos políticos que no estaban de acuerdo con la votación en el exterior (aunque no lo decían abiertamente), se diseñó un sistema telemático de registro. Durante más de un mes se emprendió una actualización del domicilio de los votantes en el extranjero para ubicar los centros de votación y número de mesas en las que pudieran votar presencialmente en el proceso de Primaria.
Fue un proceso cuidadosamente realizado, cumpliendo todas las normas y garantías de seguridad posibles, y se logró que más de medio millón de electores inscritos en el RE de Venezuela participaran en el proceso. Al final quedaron registrados unos 400 mil electores, de los cuales votaron unos 140 mil el 22 de octubre. Muchos pensaron que el llamado de la Primaria sería como el de las “Trompetas de Jericó”, que derribaría los muros en torno a los venezolanos en el exterior y que estos acudirían en masa a actualizarse para votar. No fue así. Pero fue un resultado que, para el momento −con los escasos recursos, las dificultades, los bloqueos y la falta de promoción−, se consideró muy satisfactorio. Se instalaron más de 800 mesas en 29 países y 77 ciudades, movilizando a miles de miembros de mesa y testigos en un despliegue organizativo nunca visto en una primaria en ninguna parte del mundo. Esta es una base, nada desdeñable, con la que se cuenta para motivar y organizar la participación activa de los venezolanos en el exterior, en el proceso de “recuperación”
Resultados
A dos años de distancia de esos eventos, debo decir que, en lo personal, la masiva votación en Venezuela en esa Primaria y la concurrencia el 28 de julio de 2024 borraron lo que tuvo de decepcionante la votación en el exterior en 2023. Esa decepción aún no ha sido completa y adecuadamente asimilada. Es necesario reflexionar sobre las razones por las cuales, de un potencial superior a los 3,5 millones de electores en el extranjero, solamente poco más de un 10% se movilizó para actualizar sus datos y una fracción de estos a votar. Habida cuenta que en el exterior se contaba con mayor seguridad.
Todos los que quisieron actualizar sus datos, en cualquier parte del mundo, para votar en uno de los 29 países que tenían mesas de votación disponibles, pudieron hacerlo. Entonces: ¿Por qué casi un 90% de los posibles electores no participó en el proceso de actualización? ¿Por qué luego, de los que actualizaron sus datos, solo un 37% se movilizó a votar? Un 37% es una participación alta para una primaria; pero es momento de preguntarse: ¿Qué pasó con el 63% que actualizó sus datos y finalmente no acudió a votar?
Razones
Las razones que explican lo ocurrido son muchas: Un proceso de actualización, complejo para algunos, que les impidió completar la actualización; una duración del periodo de actualización menor a la esperada; falta de recursos logísticos para incorporar más ciudades; un ambiente político de dudas e incertidumbre que desalentó a algunos; falta de publicidad masiva; dificultades de permisos laborales o para desplazarse el día de la elección; y también, que muchos consideraron que no valía la pena votar en la Primaria de 2023 si después no podrían hacerlo en la elección presidencial de 2024, por impedimentos del CNE.
Conclusión
Cualesquiera que hayan sido las razones, lo ocurrido es un reflejo de la situación y el pensamiento político de los venezolanos que hoy viven en el exterior, y es necesario reflexionar al respecto. Como ya he dicho, debemos poner los pies en la tierra para no sufrir otra decepción y definir una estrategia adecuada para la incorporación de esos venezolanos al proceso de “recuperación” del país, sea que regresen o permanezcan en el exterior. Los que regresen, podrán participar de manera efectiva en la “recuperación”, pero los que no lo hagan, también pueden contribuir a ese proceso. Esa es precisamente la tarea a definir, pues los venezolanos hemos demostrado que podemos ser útiles en cualquier parte en la que nos encontremos.





