Publicado en: El Nacional
Por: Fernando Rodríguez
A Amneris Tovar, in memoriam
Los chicos de Donald lo hicieron por fin. Después del más aparatoso despliegue militar acaecido por estos lados, armaron unas acusaciones tan hiperbólicas que superaban los terribles crímenes reales del gobierno de Maduro –nada como los centenares de miles de perversos que éste sacó de cárceles y manicomios para mandarlos en perfecta formación a atropellar al noble país del Norte- y agregar el disfraz de narcos hiperbólicos, todo ello, para invadir el país violando el derecho internacional y llevarse al presidente y su señora, jefes del Cártel de los Soles. Esto último constituiría una acción policial extravagante, con marines y bombardeos, pero que nada tenían que ver con guerras y otros temas internacionales. Hasta aquí haciendo un esfuerzo moral y jurídico grande uno podría hasta tomar partido por el dislate moral y jurídico de Donald, que es capaz de eso y mucho más, y como quien sufre un accidente, regocijarse interiormente del merecido castigo a los seguramente delictivos señores de Miraflores que tanto han hecho sufrir a este paisillo nuestro, ya en terapia intensiva.
Pero Trump nos las puso de tal manera torcida, como sus células cerebrales, que no acabó con el gobierno, lo dejó intacto, después de haberlos insultado como una banda de trúhanes tan perversos que hasta la seguridad de la primera potencia ponían en peligro. Asesinaban, por ejemplo, anualmente centenares de miles de consumidores de drogas, por lo visto muy inocentes y pasivos. Además de otras barbaridades. Unas cuantas realmente muy ciertas, unas cuantas. La hipérbole era para justificar la violación internacional.
Pero para sorpresa de la mayoría resulta que se decidió no tocar a ni uno de los bandoleros que no fueran Nicolás y Cilia, sino iniciar con ellos, con todos, un armonioso gobierno conjunto a cuya cabeza estaba la vicepresidenta de Maduro, ahora presidenta. Sobre ella y sobre el comportamiento del gobierno todo se han vertido los más amables adjetivos, para empezar de la boca misma del presidente Trump, capaz de cualquier disparate y cualquier mentira en el mismo tono gangoso.
Por ahora entonces muchos no sabemos qué hacer, nuestros enemigos de un cuarto de siglo, que hicieron nuestra desgracia, están en el poder, benditos por los que se suponía iban a aniquilarlos, poniéndonos entonces en la escogencia de aplaudir el habernos convertido en una variante de colonia particularmente perversa por las dos partes que la forman. Y a aspirar a que tengan aunque sea con mucha calma alguna beneficiosa medida. Por ahora soltar los presos, poco a poco, poco a poco.
La transición radical de María Corina será quién sabe cuándo. Alguna elección en algunos de estos años, el próximo, el otro… Y después de viejos hacernos chavistas de medio pelo, carajo, no se puede. A la vez aceptar que somos colonia como la anterior al 19 de abril de 1810 y espera que el Rey (The King) hable y defina nuestro destino, es una humillación casi insuperable. Que el chavismo recupere su musculatura es otra infernal posibilidad. Por estos días lo que nos queda entonces es quedarnos sin elección, mirando solo hacia la mañana siguiente y sus opciones. Para terminar hay que oír también a los que afirman que algo se ha movido y puede moverse más y antes parecía la calma eterna. Pues tienen una dosis de razón, pero que no aspiren mucho.





