Estabilización y estabilidad económica – Carlos Raúl Hernández

La historia se repite hasta las arcadas. La primera devaluación documentada la hizo Nerón (58-64 d. C), al reducir los contenidos de plata y oro de la moneda, de 98% a 80%, y aumentar los de cobre y zinc

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

La inestabilidad inseparable del populismo es fuente de males, mientras la estabilidad es ungüento de Fierabrás. Los populismos son un poderoso agente corrosivo como demostró, entre mil otros, el peronismo, el correísmo, el kirchnerismo y el evomoralismo. Argentina, por un siglo entre las tres primeras potencias mundiales, degeneró a un país menesteroso. En 1955 el general Eduardo Leonardi derriba a Perón y luego irrumpe el general Eugenio Aramburu. El 23 de enero de 1958 gana las elecciones Arturo Frondizi, pero lo derrocan en 1962 y designan a José María Guido. Convocan nuevas elecciones en 1963, triunfa el médico Arturo Illia, clasificado entre los hombres más honestos del mundo (tuvo que vender su carro para pagar deudas, siendo presidente) a quien derroca el general J. C. Onganía en 1966.

La policía metropolitana lo saca a empujones de la Casa Rosada (“!largaaate, viejo boludo!”). Illia detiene un taxi y se va a su casa. Caos y violencia, desastre económico, terrorismo Montonero peronista de izquierda y la Triple A, peronistas de derecha crean un clima invivible y los militares hacen regresar a Perón, “la muralla carismática”, por medio de la presidencia fantoche de Cámpora. El caudillo muere en la presidencia y lo sustituye Isabel, su mujer y vicepresidente. A ella la defenestra en 1976 el general Jorge Rafael Videla, sucedido por los generales, Roberto Viola, Leonardo Galtieri, Oscar Saint Jean y finalmente Ignacio Bignone.

Argentina regresa a la democracia en 1983 con Raúl Alfonsín, pero los estertores del militarismo afloran con cuatro conatos de golpe de los “carapintada”. El país se cansó de los golpes militares y apenas ahora inicia su recuperación económica después de 70 años. En alguna ocasión hablaremos de los 40 golpes militares en Bolivia entre 1946 y 2024 y la desgracia del populismo masista. A partir de la presidencia de Siles Zuazo y durante el siguiente gobierno militar, Bolivia sufrió la hiperinflación (un boleto de avión se compraba con carretillas de billetes), que detiene el gobierno de Víctor Paz Estensoro (1985-1989)

Su ministro estrella de economía, Gonzalo Sánchez de Lozada, asesorado por el FMI, Jeffrey Sachs y Sebastián Piñera (por medio de Felipe Larraín) en seis semanas bajó la inflación de 60.000% a 7% (Evo Morales quiso encarcelarlo por “neoliberal”). Gracias a los ingresos petroleros por exportaciones a China, pudimos superar el conato de cubanización económica en aquél terrible período cuando dependíamos de los “bachaqueros”. Maduro reaccionó contra varios errores y amainó la tendencia insólita, surrealista, a que el país con mayores reservas petroleras del mundo se convirtiera en una especie de Haití.

Un gran triunfo de la sociedad fue pasar de la hostilidad a la convivencia con las empresas privadas, pero el plan se paralizó. En mi caso la preocupación se desplazó a otro ángulo, porque Chevron y las petroleras chinas, aunque dinamizaron parcialmente la maquinaria económica, pasaba aceite y en un momento se fundiiría. En 2025 superamos 400% de inflación y si no hay una reforma estructural, pudiéramos recaer en situación hiperinflacionaria, el enemigo mortal de la civilización y la estabilidad. Por eso no parece responsable plantear un proceso electoral “ya”.

Un nuevo gobierno heredaría la cauda de problemas, sin experiencia ni conocimiento de cómo funciona el aparato de Estado y sin partidos ni poderes regionales para la gobernabilidad. En los manicomios ya Napoleón y Julio César hablan de “constituyente”, candidaturas, concejalías y diputaciones, obra de que en la fuga de cerebros, se fueron también los que creemos tener en el cráneo. Lo único que luce con granos de razón es que el gobierno provisional rompa los nudos gordianos, haga las reformas estructurales y ponga al país en el camino del crecimiento. Después, para seguir la costumbre, tendremos ocasión de acabar con todo.

Por fortuna EE. UU informó que levantará las “sanciones”, con el regreso del reconocimiento internacional y de los organismos multilaterales, el FMI, el BM, la CAF, que pueden otorgarnos financiamiento y contribuir a reestructurar la abismal deuda externa, que podría estar en 140% del PIB. La inflación es la pérdida de valor del bolívar con respecto a todos los bienes y con respecto a las monedas extranjeras, el dólar cotidiano, es la devaluación. Y la razón de este fenómeno no ha cambiado nunca, pero es increíble que por más de 2000 años tantos decisores político-económicos lo ignoren.

Nuestra inflación es la más alta del mundo (Venezuela, Sudán sur, Sudán, Irán, Argentina) y se debe como en todas partes y en todos los tiempos, a la edición de moneda inorgánica, sin respaldo. Eso pasa cuando el Banco Central, contra cualquier criterio sensato, recibe órdenes del gobierno para imprimir moneda y financiar su gasto. Aunque nuestros ingresos estén estancados y nos empobrezcamos, “prenden la maquinita” y el gobierno tiene grandes cantidades de dinero ficticio, literalmente papelillo. Asombroso que todavía los gobiernos no entienden que, al apropiarse de y quitar la autonomía del Banco Central, se suicidan y suicidan a la sociedad.

La historia se repite hasta las arcadas. La primera devaluación documentada la hizo Nerón (58-64 d. C), al reducir los contenidos de plata y oro de la moneda, de 98% a 80%, y aumentar los de cobre y zinc. La misma cantidad de metal precioso rendía para producir muchas más monedas, envileciéndolas. Luego Diocleciano (244-305 d. C), colapsó totalmente el antoniano al hacerlos de vellón (cobre con plata) y produjo una crisis similar a las que hemos visto modernamente: escasez, desbordamiento de precios, subsecuente control Edicti de precios, con el aditivo de declarar pena de muerte para los comerciantes que subieran precios.

Mercado negro, represión y lo que hoy llamaríamos hiperinflación. En la República de Weimar durante los años veinte del anterior siglo pasa lo similar. Los pagos de reparaciones de guerra en oro a los vencedores, obligaron a Alemania a imprimir papel moneda sin respaldo y la tasa de cambio pasó de 60 por dólar a 132 mil millones por dólar (la factura de pocas cervezas en una mesa de Múnich en una presentación de Hitler, fue de 900 mil millones) Urgen acciones contundentes para estabilizar el tipo de cambio y los precios, fortalecer la moneda, como establecer tasas de interés bancario positivas, mayores que la inflación.

Igual unificar el tipo de cambio y dejar flotar la moneda, aprovechando el flujo de dólares que se avizora. Así las personas tendrán aliciente para ahorrar en bolívares, no gastarlos precipitadamente ni comprar divisas, lo que fortalecerá la banca, ampliará el crédito y el ahorro. Un ambiente de estabilidad económica permitirá la llegada al país de inversiones extranjeras, reinsertarnos en la globalización, la producción con altas tecnologías y modernizar nuevamente al país. En este momento gran parte de los países no nos reconocen.

 

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