Publicado en: El Universal
Nunca avancé mucho en ese libro de Alan Sillitoe, La soledad del corredor de fondo (la película tampoco me sedujo) tenido por importante en la narrativa británica de los 50 y 60 pero hay memorables monólogos interiores del protagonista que describen el profundo trance de los long distance runners.y otros aerobismos en solitario (escalar, rucking) Los primeros veinte minutos son infernales, asfixia, sed, piernas de plomo, dolores de pantorrilla, espalda, hasta que el organismo responde con emisión de endorfinas (morfina de dentro) que apaga los padecimientos y te hace sentir Superman por media hora, en la que el ciclo se repite. Corredores que aturden a las demás personas con narraciones de sus carreras, son narcodependientes a quienes queda grabada la sensación de las hormonas felices.
La bioquímica hace de la carrera una fugaz eternidad, un estado de introspección, ego trip, meditación, en la que se debilita el nexo con lo externo, por el buceo en intensas sensaciones, que develan a su mente claves, entornos latentes y decisiones necesarias. Relajado, Arquímedes en la bañera grita “eureka”, Newton echado al pie de un manzano entiende la gravedad, Heisenberg recibe el fogonazo del principio de incertidumbre mientras espera el tranvía. Con la mente hacia dentro se aclara lo que parecía irresoluble. Con frecuencia grandes líderes toman decisiones que contrarían la conseja colectiva, para fines nobles o perversos. Rómulo Betancourt dijo firmemente, contra muchos de su partido “ni renuncio ni me renuncian”. Mientras la izquierda celebraba la “revolución de febrero”, Lenin en las Tesis de Abril anuncia la revolución que sería 7 meses después.
El siguiente paso es examinar las debilidades y fortalezas de esa intuición. Y una vez tomado el camino, no temer al debate ni a los rechazos, y tomarlos más bien como útiles evidencias que confirman o debilitan la tesis que sostenemos. No despreciar ni siquiera las invectivas porque quien te niega radicalmente, te da una perspectiva a la que no puedes acceder por ti mismo. Examinar los resultados del proceso polémico, y si soportan, hay que ir a fondo, siempre atento a los datos de la realidad para rectificar y prevenir una eventual catástrofe. Saber que las opiniones pesan y valen, pero no pesan ni valen lo mismo porque la mayoría de ellas son doxa sin conocimiento, nociones elementales, prejuicios o emociones. Quien conduce un carro sabe dónde va, pero viaja atento a la carretera, las señales de tránsito, los demás conductores y los ruidos del motor.
Que cien mil moscas vayan en una dirección no nos obliga a acompañarlas. La democracia otorga derecho a decir cualquier chorrada, pero no a que te sigan, aunque en Venezuela, durante 30 años, la merma mental del sistema político le hace invariablemente tomar la peor opción, como ocurre a la fecha. La estulticia irredenta nos llevó a perder hasta los calzones políticos, en manos de babiecas disfrazados de dirigentes, adoradores de la opinión pública. Esta no es conceptual sino sintomática, aunque sea mayoritaria, porque la mayoría es caja de resonancia de ideas mientras más simple mejor, disparates emocionales poderosos. Hay que llevarles un pulso amable pero tenso, argumentar para dirigir, y aun así es un esfuerzo titánico ganarla. Hay que atender a las semi ilustradas, que pueden hacerse mayoritarias.
Betancourt en 1941 crea un partido reformista de una oposición revolucionaria, se convirtió en el muñeco de bruja de la izquierda, pero la derrotó, y construye la Venezuela moderna. Felipe González, electo por la convención del PSOE secretario general, exigió dramáticamente que se eliminara la definición marxista del partido y ante la resistencia de los delegados, se retiró del evento y renunció al cargo. La convención quitó el fardo, fue a buscarlo y lo aclamó. Gobernador con fama de faldero de un pequeño estado norteamericano, Clinton se atrevió a lanzarse ante el pánico de los barones de su partido que daban triunfador a Bush padre. Lula enfrentó persecución y cárcel no tan justificadas, y los factores de poder lo liberaron para que gane las elecciones a Bolsonaro padre. Chávez con 3% en las encuestas, se lanzó a la presidencia en 1998 y le partió el espinazo al sistema. No evalúo aquí sí fueron malas o buenas sus herencias. Solo que la alquimia entre voluntad, valor moral y físico y sentido de la realidad del que hablaba Berlin, los hizo corredores de fondo. Otros corrieron, corren a la papelera de la historia.





