Jean Maninat

¡No manchen! – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

En medio del conflicto mundial que se cuece a fuego vivo en la guerra contra Irán, lo estrecho que se está poniendo el Estrecho de Ormuz para los países que cuentan con el petróleo que por allí se colea todavía (nada menos que China, India, Japón entre otros), y la disrupción previa de la economía global impuesta por el elefante proteccionista suelto norteamericano, hay una noticia divertida, diríamos hasta cuchi, que no deja de causarnos cierta ternura, ganas de apapachar la vida en medio de tanto caos: su Majestad Felipe VI, rey de España ha reconocido que “hubo mucho abuso” y “controversias éticas” en la colonización de América por los conquistadores españoles.

¡Albricias! finalmente regresaron los navíos españoles a costas americanas con la respuesta a la carta que el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, le enviara en 2019 a su mismísima Majestad Felipe VI rey de España, exigiendo disculpas por los agravios causados por la conquista española de México. Y retorna en sus bodegas la ya fastidiosa discusión acerca de los nocivos efectos que habría tenido la presencia española-europea en los pueblos autóctonos, la inmoralidad de la aventura conquistadora, la destrucción cultural, el impacto en el medio ambiente, y una larga lista de desmanes que habría causado la audacia de un genial guerrero y estadista español: Hernán Cortés.

A los “abusos” cometidos durante la conquista de México y América, si a ver vamos, habría que añadirle los realizados por el Imperio Azteca con los pueblos subyugados y extorsionados económicamente, que además servían de reservorio para sacrificios humanos y trabajo esclavo. La caída de Tenochtitlan estuvo precedida por la avanzada de miles de combatientes totonacas, tlaxcaltecas y cholultecas quienes vieron en Hernán Cortés a un aliado para quitarse de encima a los Aztecas y sus aliados. De alguna manera, fue una guerra de liberación. Nadie les ha exigido pedir perdón, así sea posmortem.

(Por cierto -ya ha sido comentado en esta columna- Cortés también le escribió misivas a un monarca, se las dirigió al emperador Carlos V. Las Cartas de Relación describían con excelente gusto histórico -y hasta literario- la marcha de la Conquista y sostenían la esperanza de que una respuesta le otorgara reconocimiento imperial. Fueron cinco cartas nunca respondidas).

Pero volvamos rápidamente al presente, esquivando toda asimilación ligera con las pretensiones actuales del Corolario a la Doctrina Monroe. La respuesta inicial de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a los comentarios de su Majestad fue anunciar que estaba invitado a presenciar los partidos del Mundial de Futbol 2026 que se celebrarán en territorio mexicano, para luego, luego -añadiendo insulto a la mortificación- aclarar que en realidad era una invitación que se le hacía a todos los países con los que México tiene relación, nada que ver con reconocimiento de “abusos” y “controversias éticas”. Una invitación igual a la que se le hace a todos los países con los que México tiene relación, digamos como a Nueva Zelanda o las islas Seychelles.

Qué poco parece importar -al menos en la oscura aclaratoria- la lengua compartida, los apellidos cruzados, la arquitectura colonial, el barroco novohispano, las catedrales e iglesias que forman parte del patrimonio cultural al lado de las pirámides, las guitarras que acompañan a sus músicos, el sincretismo de sus viandas. Y una vez más, ¿cuán española o cuán mexicana es la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, Alfonso Reyes u Octavio Paz? ¿Y la arquitectura de Luis Barragán o la pintura de Diego Rivera? ¿O las películas mexicanas de un español tan español como Luis Buñuel? ¿Y la voz de Plácido Domingo o la Sinfonía India de Carlos Chávez?

¡No manchen!

 

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