Jean Maninat

Pablo y Silvio van a la guerra – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

“La última vez lo vi irse entre el humo y metralla/ Contento y desnudo/ Iba matando canallas con su cañón de futuro”.

Canción del Elegido, Silvio Rodríguez

La izquierda divina, la progresía chic, los bourgeois bohèmes (bobo lo contraen los franchutes) y otros especímenes de la galaxia alternativa exquisita, hicieron de Cuba su destino vacacional exclusivo, su paraíso revolucionario en la tierra, con hoteles y playas exclusivas para los adeptos al turismo revolucionario cinco estrellas. Compartían los predios de expansión con jineteras y babosos turistas mayores en demanda de derrape sexual, o en búsqueda carnal de una pareja de vida con la cual amortiguar los duros inviernos europeos y de allende los mares. Cuba que linda es Cuba quien la defiende la quiere más… amenizaban los conjuntos musicales de mesa en mesa en los atestados lobbys de los hoteles, que servían de coto de caza y transacción de la penuria causada por la inflexible estupidez ideológica de la nomenclatura gobernante.

A medida que los habituales valedores cerraban los grifos de la solidaridad revolucionaria y la nomenclatura isleña demostraba su proverbial mediocridad para crear -no digamos gerenciar- una economía funcional, el interés que tuvo el turismo de la isla se fue cuarteando, hasta perder su atractivo de vieja dama espectral del Caribe. Ya ni los progres españoles, tan irremisiblemente  solidarios ellos, se atrevían a vacacionar de nuevo en las playas del Vedado. Pero ¡ay!, llegó el comandante del norte y mandó a parar y todas las sirenas de alarma sonaron en el mundo progre (salvo en Cuba pues no hay electricidad y las sirenas se las robaron los mismos bomberos que debían cuidarlas), y se despertó el superhéroe, el pijoprogre más notorio de todos, el rey de las tertulias televisivas y los refritos ideológicos, el hombre que llegó a ser vicepresidente del Gobierno español, amante de los chalet con piscina y la Business Class. El único, el irrepetible: Pablo Igleeeeeesias. (Aquí la banda sonora suelta: “Marta tiene un marcapaso/Que le anima el corazón…” de preferencia por Hombres G).

Y no podía faltar… Pablo y la solidaridad revolucionaria internacional 2.0, con consignas vintage, puños en alto desafiantes, recorrido combativo en vehículos turistas por el Malecón. Pablo y el grupo de alegres turistas progres celebrando la revolución cubana en medio de una ciudad que se cae a pedazos y una población famélica lucha por obtener mendrugos para alimentarse. Pero no, ellos celebran con la luz eléctrica que les toca en el único sitio privilegiadamente iluminado en kilómetros de kilómetros a la redonda. Y reparten dádivas, regalitos solidarios, y se hacen selfies, y repiten consignas, y Pablo se filma, se deja filmar, mientras visita monumentos de cemento rudo, brutalista, pone cara de pensador, de quien atisba lo glorioso detrás de las ruinas del fraude más grande de la historia iberoamericana, después de la invención de El Dorado y sus promesas rutilantes.

(Al menos, allá en los jurásicos sesentas y setentas, los voluntarios internacionales se iban a la zafra a cortar caña, y se ampollaban las manos de estudiantes por el manejo inexperto de los machetes, y con algo de suerte encantaban a una valkiria rubia y solidaria a quien enseñarle las ampollas de la mano en testimonio de constancia revolucionaria, mientras escuchaban a Silvio Rodríguez).

Sí, el mismo Silvio que en un arranque belicoso le pidió recientemente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas que le entregaran un fusil para defender Cuba frente a una eventual invasión yanqui. “Exijo mi AKM si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio” escribió el cantautor en su blog. Lo cierto es que le otorgaron en acto público la réplica inofensiva (más bien ofensiva) de un AKM, en presencia del presidente Díaz-Canel y lo mandaron de regreso a su casa, sus guitarras y sus canciones. Nada más peligroso para su propia integridad física y la de sus seres queridos que un poeta armado.

Quién quita, y con un poco de suerte nos toca ver a Pablo y a Silvio encarar la caída del sol, cada uno con un AKM de madera en la mano y un sable Libertador -de los que regala Petro- en la cintura, enfrentando a los invasores gringos valientemente mientras tararean: “Iba matando canallas con su cañón de futuro”…

 

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