Por: Jean Maninat
El pase de magia fue fulminante, ni los más veloces contadores de cartas de Las Vegas lo pudieron detectar, ni los más duchos operadores de las casas de apuesta londinenses lo previeron: zuas y la hasta entonces diligente y trabajadora hermana menor se hizo con el poder, se transformó en sujeto de confianza del presidente imperial y omnipresente, y desplazó del tablero a la pretendiente con todas las preseas para alcanzar el trono. (En el proceso, su antiguo mentor se enteró que de tanto llamar al lobo, a veces viene, y además muerde). Un outline potente para una telenovela política.
Una lección política para los eternos condiscípulos de la oposición hegemónica, que ven pasar –encore- el tren desde la estación equivocada y corren a tratar de abordarlo… pero en la dirección contraria. Lo ven volar zumbando frente a sus ojos, y gritan que el humo de la locomotora es grisáceo, que no es blanco, que es contaminante, que así no debieran ser las cosas, que en las películas de vaqueros los caballos de los malos nunca alcanzan al de los buenos y los indios tienen mala puntería. Esta saga en blanco y negro no es la pautada, se suponía filmada con cámaras 4K-8k y Alto Rango Dinámico (HDR), con millones de extras esperando en la estación a que llegase, vitoreando universalmente con Dolby Atmos. No, no esta ardua tarea, no este goteo mezquino, los héroes no regatean, los héroes cobran y tienen sus derechos de propiedad sobre la Historia. Pregúntele a Odiseo si no…
(The right stuff, dicen los gringos, lo que hay que tener para acometer ciertas empresas humanas y que varía según las circunstancias. No todos lo tienen, y no todos están en situaciones donde hay que tenerlo. Michael Corleone destituye al fiel consigliere familiar Tom Hagen, bajo el argumento de que es un consejero para la paz y no para la guerra que Michael quiere comenzar en contra de las familias rivales que se le oponen. Ricardo Lagos, a pesar de su gran popularidad por haber increpado directamente al dictador Pinochet, se hizo a un lado para que el candidato de la concertación chilena fuese Patricio Aylwin quien era más potable para todos los sectores, incluyendo los pinochetistas. Un paréntesis aspiracional de calidad estadista. Y en el caso de la Pequeña Venecia: ¿será la ‘astucia de la razón’ haciendo una travesura de las suyas?).
¿Qué hacemos nosotros, si ellos están haciendo lo que nosotros, los justos, deberíamos estar haciendo? ¿Colaborar, y que nos tachen de colaboracionistas? Faltaba más, al fin y al cabo sabemos que lo están haciendo obligados, de mala gana. No como nosotros, que lo hubiéramos hecho de muy buena gana y mejor, a fondo, sin compases de espera, ni dilaciones oportunistas. Usque ad finem. Vaya dilema, si todo sigue en pie y el desmontaje sigue su curso: ¿qué nos dejan a nosotros? ¿quedarnos pegados en la pared de la Historia? ¿Apoyar nosotros a ese gobiernito? ¿Entrar en el menudeo, tal comerciantes en el templo? ¿Nosotros, tan aguerridos, pasar por tibios?
¡Padre aleja de mí este cáliz!





