Buck O’Neil, ya es tiempo - Mari Montes

Buck O’Neil, ya es tiempo – Mari Montes

Publicado en: Prodavinci

Por: Mari Montes

El Salón de la Fama de Cooperstown siempre estará incompleto, no hay remedio, pero el llamado “Templo de los inmortales” podría ser mejor, un lugar más justo, a partir de este domingo.

Por no conseguir consenso para alcanzar el 75% de lo votos de los miembros de las Asociación Americana de Escritores, muchos jugadores que tuvieron carreras con méritos para ser inmortales, se quedaron fuera de la boleta, con la única posibilidad de entrar por la vía del Comité de Veteranos. Este 2021, un grupo de esos excluidos ha sido escrutado por esos elegidos para enmendar la plana. En 1999, en su exaltación, me dijo Orlando Cepeda que para él fue un honor entrar por esa puerta, que de ninguna manera es la puerta de atrás de la galería de inmortales de Cooperstown.

El “Early Baseball Committee” cuenta con siete candidatos cuyos principales aportes ocurrieron antes de 1950. Siete de los diez candidatos en esa boleta formaron parte de las Ligas Negras o jugaron antes ahí, ellos fueron: John Donaldson, Bud Fowler, Vic Harris, Grant “Home Run” Johnson, Buck O’Neil, Dick “Cannonball” Redding y George “Tubby” Scales. Bill Dahlen, Lefty O’Doul y Allie Reynolds, que jugaron en las ligas Nacional y Americana, completan la lista. Ya ninguno de ellos está vivo.

El “Golden Days Era Committee” valorará a los candidatos que brillaron en el juego entre 1950 y 1969: Jim Kaat, los cubanos Tony Oliva y Orestes Miñoso, Maury Wills, Dick Allen, Ken Boyer, Gil Hodges, Roger Maris, Danny Murtaugh y Billy Pierce. Los últimos siete en esa lista, fallecieron.

En Cooperstown hay una estatua de Buck O’Neil, hay un premio, pero no hay una placa en la Galería del Salón de la Fama. No habría más nada qué agregar a esa injusticia. En 2008, el Museo Nacional y Salón de la Fama del Béisbol honró el legado del fallecido John Jordan «Buck» O’Neil, la leyenda de las ligas negras cuyas contribuciones al béisbol abarcaron ocho décadas, con la creación del premio “Buck O’Neil Lifetime Achievement”. Un reconocimiento a su aporte imborrable, eterno, al juego de pelota. Dedicaron una estatua de bronce permanente, de tamaño natural, de Buck O’Neil, acompañada de una placa para educar a los visitantes del Museo sobre las contribuciones de O’Neil al béisbol. Cada homenajeado recibe una estatua más pequeña, como parte del programa  de eventos del Fin de Semana del Salón de la Fama.

Imagino que el lector ha podido disfrutar del extraordinario documental de Ken Burns Baseball, recién rematrizado y transmitido por MLB Network. Si es así, conoce que, además de lo que hizo cuando fue jugador, Buck O’Neil es el gran narrador de las Ligas Negras, el mejor narrador, mejor dicho, de aquella pelota que la segregación quiso disminuir, menospreciar, pero que terminó ubicada en el lugar merecido, por la calidad de los hombres que jugaron en aquel tiempo.

Escribe el historiador Jack LeMoine para la Sociedad Americana de Investigación del Beisbol: “Para contar la historia de Buck O’Neil, basta con volver a contar las historias de Buck O’Neil. Él contó las historias de Satchel Paige y Joshua Gibson, olvidados por el color de su piel. Les dijo con un brillo en los ojos, una sonrisa de oreja a oreja y una risa que contagiaba su pasión por transmitir sus historias a la siguiente generación. ‘A veces pienso que el Señor me ha mantenido en esta tierra todo el tiempo que lo ha hecho para que pueda dar testimonio de las Ligas Negras’».

Buck O’Neil nació el 13 de noviembre de 1911 en Carabelle, Florida. Era nieto de esclavos; el padre de su padre fue traído de África para trabajar en una plantación de algodón en Carolina del Sur, y el padre de su madre tuvo una historia similar.  Trabajaba cosechando apio, junto a su padre. Tenía 12 años cuando decidió dejar el campo para buscar un mejor destino. Su padre le advirtió que se enfrentaría a muchos obstáculos, incluidas las leyes que hacían legal la segregación. En su pueblo no podía continuar estudiando bachillerato, por ser negro.

LeMoine cuenta en su artículo biográfico: “O’Neil recibió una beca para Edward Waters College, una escuela para negros en Jacksonville. El entrenador de béisbol Ox Clemons lo apodó «Country» y también lo convirtió en un lateral en el equipo de fútbol. O’Neil obtuvo su diploma de escuela secundaria y dos años de universidad, también jugó brevemente para el Tampa Black Smoker,  en 1933. En 1934 firmó para jugar con los Miami Giants, un club de ligas menores no oficial de las Ligas Negras. O’Neil ganaba $ 10 por semana más alojamiento y comida.

En 1935 O’Neil se unió a los Tigres de Nueva York. ‘No teníamos nada que ver con Nueva York, pero pensamos que el nombre llamaría la atención de la gente fascinada con Harlem. Hacia el oeste, adonde nos dirigíamos, nadie iba a notar la diferencia’. Los Tigres arrasaron el país en dos Cadillacs viejos, pero uno tuvo que ser vendido para pagar el alquiler y el otro se descompuso. Los jugadores se engancharon y subieron a los trenes, jugando en los torneos semi profesionales del Denver Post y del Congreso Nacional de Béisbol (Wichita, Kansas). ‘Dado que los vagabundos eran algo común en la Depresión, no tuvimos ningún problema’, dijo O’Neil.  Fue en Wichita donde O’Neil conoció a su amigo de toda la vida, Satchel Paige, cuyo pitcheo dominó el torneo y llevó el campeonato a su equipo racialmente integrado de Bismarck, Dakota del Norte”.

Su historia en las Ligas Negras es extensa. Aunque sus números no están completos, su huella en esa pelota difícil, segregada, en tiempos en los que el racismo destruía ilusiones y vidas, Buck O’Neil fue superior a todos los obstáculos.

Las historias que contaba dan alguna dimensión a lo que vivieron. En 1937 estuvo con los Medias Rojas de Memphis de la nueva Liga Americana Negra. Luego ganó más dinero por jugar con los Zulu Cannibal Giants de Louisville, Kentucky.

No lo contaba con vergüenza, pero fue equipo casi de circo. Los jugadores del propietario Abe Saperstein usaban faldas de yute, pintura de guerra y aros en la nariz mientras «actuaban como un montón de tontos para atraer a los blancos al parque», recordó O’Neil.  Saperstein fue también famoso por crear los Harlem Globetrotters. «Haríamos cualquier cosa para jugar a la pelota», admitió O’Neil. “Nos habíamos condicionado al racismo. El odio te roba el corazón, hombre. No te queda nada de pelea. Aceptas lo que te rodea. Así era este país. Pensamos que algún día cambiaría. Solo esperamos a que cambiara».

Después jugó con los legendarios Monarcas de Kansas City, en 1938. El propietario pionero de Kansas City, JL Wilkinson, el único dueño caucásico de un equipo en las Ligas Negras, le dio el chance y pronto comenzó su carrera en la primera base de la potencia del béisbol de la Liga Negra. El equipo se hospedaba en un hotel en la famosa zona 18 y Vine de Kansas City, donde O’Neil se codeó con los grandes de la música: Cab Calloway, Billie Holiday y Bojangles Robinson, así como con el boxeador Joe Louis. Parecía el centro del universo. “Nueva Orleans pudo haber sido el lugar de nacimiento del Jazz”, dijo O’Neil, “pero Kansas City es donde creció. Entre 18th y Vine, no se podía lanzar una pelota de béisbol sin golpear a un músico, y no se podía silbar una melodía sin que se uniera un jugador de béisbol. El béisbol y el jazz, dos de los mejores inventos conocidos por el hombre, caminaron de la mano en Vine Street”.

Podría decirse que además fue poeta.

Sirvió en la Segunda Guerra Mundial, asignado al Batallón Stevedore de la Armada: “Nuestro trabajo era cargar y descargar barcos, primero en las Islas Marianas y luego en Subic Bay, en Filipinas”. Dijo en una entrevista que vio entonces el mismo tipo de segregación que vio en el Sur. “Nuestro propio gobierno, que estaba arriesgando nuestras vidas por la libertad, fue el que nos dijo que nos sentáramos en la parte trasera del autobús. Si hubiera capturado a un prisionero japonés, creo que la Marina lo habría tratado mejor que a mí». Fue contramaestre de primera clase responsable de una tripulación de una docena de hombres. Una vez fue felicitado por sus habilidades de liderazgo. “Si fueras blanco, ahora serías oficial”, le dijeron, según recordó.

Esta semblanza podría convertirse en un texto muy largo, hay valiosos trabajos de cronistas de la época, en el documental de Burns, en el magnifico libro para niños The Greatest Thing: A Story About Buck O’Neil, de Kristy Nerstheimer con ilustraciones de Christian Paniagua, entre otros, para indagar más en quien fue. Espero que sea elegido para que su historia de nuevo sea comentada.

Al final de la temporada de 1955, la larga asociación de O’Neil con los Kansas City Monarchs llegó a su fin. Sus estadísticas, como todas las estadísticas de las Ligas Negras, están incompletas. Por años esa inconsistencia impidió que sus números fuesen oficiales. Demasiados juegos en muchos lugares, y O’Neil creía que sus mejores juegos nunca se grabaron. «Yo era un bateador de .300, sin duda», dijo. La base de datos de ligas negras de Seamheads le da a O’Neil un promedio de bateo de por vida de .262, mientras que Baseball-Reference.com lo acredita con un promedio de .283 y el Center for Negro League Baseball Research da la proyección más alta de .303. El Museo de Béisbol de las Ligas Negras acredita a O’Neil con un promedio de carrera de .288. O’Neil también lideró la Liga Negra Americana en bateo con un promedio de .353 en 1946. Cualquiera que sea la fuente estadística que se utilice, se acuerda que O’Neil fue un bateador de contacto sólido que jugó una buena defensa en la primera base.

Técnico y descubridor de talentos en las Grandes Ligas, de él dijo el Salón de la Fama Lou Brock: “Me ayudó a emprender un viaje que se convirtió en una carrera de 19 años en las Grandes Ligas. Dio forma al carácter de los jóvenes negros. Tocó el corazón de todos los que amaban el juego. Nos dio a todos una voz que se podía escuchar dentro y fuera del campo. Nosotros, los que estábamos cerca de él, siempre buscaremos caminar a la sombra de su sombra».

Cierro su historia con algo que no tiene que ver con su carrera en el beisbol, pero que sin duda forma parte de su legado y es que  en 1995, Buck O’Neil regresó a Sarasota High School, la escuela que lo segregó por su color de piel, para finalmente recibir su diploma. “Sesenta y nueve años después de que lloré porque no podía ir a la escuela secundaria de Sarasota, estaba llorando porque estaba a punto de graduarme”, dijo O’Neil. “Estaba casi demasiado ahogado para hablar. Pero lo hice. Les dije a esos estudiantes que había hablado con mis padres y mi hermana el día anterior. Y en mi conversación, les dije a mamá, papá y Fanny, que iría a la escuela secundaria de Sarasota al día siguiente para graduarme. No pueden verlos, les dije a los estudiantes, pero ellos están aquí hoy».

Murió el 6 de octubre de 2006 en Kansas City, Missouri.

En estros días sus reflexiones siguen vigentes: “La gente me pregunta: ‘¿Cómo evitas estar amargado?’, les digo: ‘Hombre, la amargura te devorará por dentro. El odio te devorará por dentro. No seas amargado. No odies. Mi abuelo era esclavo. No estaba amargado. Eso lo aprendí de él. ¿Y sabes qué? No cambiaría mi vida por la de nadie. He tenido tantas bendiciones en mi vida. No quiero que la gente esté triste por mí cuando me vaya. Esté triste por los niños que mueren jóvenes. No debes sentirte triste por un hombre que vivió su sueño. ¿Sabes lo que siempre digo? Llegué justo a tiempo’”.

Ya es tiempo, él pertenece a Cooperstown.

 

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