Creados para crear – Mari Montes

Por: Mari Montes

Dios nos ama tanto, que nos hizo a su imagen y semejanza y, entre los muchos dones que nos concedió, hay uno extraordinario: la capacidad de crear.

En el principio, dice el Génesis, Dios creó.

Y el Evangelio de Juan comienza con otra frase que parece completar ese misterio: “En el principio era el Verbo”.

Crear y nombrar. Imaginar y expresar. Pensar algo que todavía no existe y encontrar la manera de hacerlo realidad.

Los grandes cambios de la humanidad han comenzado muchas veces de esa manera: con una idea.

Antes de que existiera una máquina, alguien tuvo que imaginarla. Antes de que una fórmula funcionara, alguien tuvo que escribirla. Antes de que una tecnología salvara una vida, alguien tuvo que pensar que era posible.

Los ingenieros que diseñaron máquinas capaces de mantener y recuperar las funciones vitales de un paciente comenzaron mucho antes de encenderlas: con una idea, un lápiz, un papel, cálculos, dibujos, números, intentos y errores.

La ciencia creadora también comienza así. Con alguien que se atreve a preguntarse: «¿Y si…?».

La generosidad de Dios parece infinita cuando pensamos que nos permitió ser, de alguna manera, creadores como Él.

No podemos crear una vida con literatura, pero podemos escribir una idea que termine ayudando a salvarla.

Por eso hay que estimular la creatividad.

Y ahora que tenemos inteligencia artificial, no deberíamos utilizarla para dejar de crear, sino para crear con ella. La máquina puede ayudarnos, sugerirnos caminos, hacer cálculos, ordenar información, ampliar nuestras posibilidades.

Pero hay algo que no deberíamos delegarle: el pensamiento.
Porque el verdadero peligro no está en que las máquinas sean capaces de hacer muchas cosas. Está en que nosotros dejemos de querer hacerlas. Que dejemos de imaginar, de preguntar, de leer, de escribir, de dibujar, de equivocarnos y volver a intentarlo.

Hay que enseñarles a los pequeños que crear sigue siendo una virtud. Que leer y escribir no son actividades del pasado, sino herramientas para crecer, comprender el mundo y comprendernos a nosotros mismos.

Hay que poner a su alcance todo aquello que pueda despertar su imaginación: libros, lápices, colores, música, historias, preguntas, juegos, naturaleza, conversaciones.

Que lean libros y aprendan a disfrutarlos.

Que haya espacio para lo breve y para lo elaborado. Para una palabra y para una novela. Para un dibujo y para una obra entera.

No se trata de competir con las máquinas. Se trata de que, además de aprender a utilizarlas, nuestros niños aprendan a pensar por sí mismos.

Porque Dios, en su infinita generosidad, no solo nos dio la vida. Nos dio también la posibilidad de intervenir en ella: imaginar, crear, corregir, cambiar de rumbo, hacer ajustes, volver a comenzar.En nuestra propia vida y en aquello que hacemos.

Quizá esa sea una de las formas más hermosas de parecernos a Él: que nos haya dado el extraordinario privilegio de crear.

 

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post recientes