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En el año 1997, Cassandra Wilson se llevó el premio Grammy a la mejor vocalización de jazz por su disco New Moon Daughter. Ese disco traía joyas, entre ellas una pieza que me resultó inesperada, insólita: «Last Train To Clarksville».
Una pieza que uno conocía con un grupo tan absurdo o lejano para el mundo del jazz como The Monkees. Pero esa era una de sus virtudes, llevar a extremos la música de jazz.
Escuche también: “Shall We Dance”, de Cassandra Wilson






