Dieciséis años sin Nobel: la literatura en español no tiene quien la lea en Suecia - Karina Sainz Borgo

Dieciséis años sin Nobel: la literatura en español no tiene quien la lea en Suecia – Karina Sainz Borgo

El máximo galardón a Anne Carson vuelve a dejar fuera de Estocolmo a los escritores en lengua española. Editores y críticos de ambos lados del Atlántico examinan las dificultades de traducción, la desigual recepción internacional y la ausencia de una política cultural común capaz de sostener el prestigio de sus autores

Publicado en: ABC

Por: Karina Sainz Borgo

Han pasado die­ci­séis años desde que Mario Var­gas Llosa reci­bió el pre­mio Nobel de Lite­ra­tura. Desde enton­ces, nin­gún escri­tor en len­gua espa­ñola ha vuelto a Esto­colmo para reco­ger el galar­dón. Fran­cia, en cam­bio, con­si­guió dos pre­mios en menos de una década: Patrick Modiano en 2014 y Annie Ernaux en 2022. El con­traste ali­menta una pre­gunta que excede los gus­tos de la Aca­de­mia Sueca: ¿cómo es posi­ble que una len­gua com­par­tida por más de qui­nien­tos millo­nes de per­so­nas per­ma­nezca tanto tiempo fuera del mayor reco­no­ci­miento lite­ra­rio inter­na­cio­nal?

La muerte de Javier Marías, en sep­tiem­bre de 2022, con­vir­tió esa ausen­cia en una pér­dida irre­ver­si­ble. El nove­lista espa­ñol reu­nía muchos de los atri­bu­tos aso­cia­dos a un can­di­dato al Nobel: una obra extensa, com­pleja y de alcance uni­ver­sal, tra­du­cida en dece­nas de paí­ses y publi­cada por algu­nas de las edi­to­ria­les más pres­ti­gio­sas del mundo, incluida Bon­niers, una de las casas his­tó­ri­cas de Sue­cia. Murió sin reci­bir el pre­mio. Su desa­pa­ri­ción dejó, ade­más, una pre­gunta incó­moda sobre los meca­nis­mos de reco­no­ci­miento inter­na­cio­nal de la lite­ra­tura escrita en len­gua espa­ñola.

¿Es res­pon­sa­bi­li­dad de los sue­cos esa invi­si­bi­li­dad? Solo en parte. La Aca­de­mia Sueca decide sus pre­mios con inde­pen­den­cia, pero la recep­ción de una lite­ra­tura comienza mucho antes de que sus miem­bros exa­mi­nen una can­di­da­tura. Depende de las tra­duc­cio­nes, de la crí­tica, de las uni­ver­si­da­des, de los edi­to­res y de una polí­tica cul­tu­ral capaz de sos­te­ner durante años la cir­cu­la­ción de los escri­to­res.

La traducción, una barrera decisiva

Gus­tavo Gue­rrero, cate­drá­tico de lite­ra­tura lati­noa­me­ri­cana con­tem­po­rá­nea en CY Cergy Paris Uni­ver­sité y edi­tor de Galli­mard para las lite­ra­tu­ras espa­ñola, por­tu­guesa y lati­noa­me­ri­cana, iden­ti­fica una difi­cul­tad fun­da­men­tal: el acceso directo a las obras. «Los miem­bros por lo gene­ral hablan sueco, ale­mán, fran­cés e inglés. No estoy seguro de que hoy haya muchos miem­bros que hablen y lean direc­ta­mente en espa­ñol. Los auto­res de nues­tra len­gua depen­den de las tra­duc­cio­nes para ser con­si­de­ra­dos», señala.

La tra­duc­ción no garan­tiza el reco­no­ci­miento, pero con­di­ciona la posi­bi­li­dad de que una obra sea leída, dis­cu­tida y situada den­tro de una tra­di­ción inter­na­cio­nal. El pre­do­mi­nio del inglés añade otra difi­cul­tad. En Esta­dos Uni­dos, donde la pro­por­ción de libros tra­du­ci­dos es redu­cida, escri­bir direc­ta­mente en esa len­gua per­mite acce­der a cir­cui­tos edi­to­ria­les que resul­tan más difí­ci­les para quie­nes publi­can ori­gi­nal­mente en len­gua espa­ñola. Junot Díaz y Vale­ria Lui­se­lli repre­sen­tan tra­yec­to­rias dis­tin­tas den­tro de ese des­pla­za­miento lin­güís­tico. El pri­mero ha desa­rro­llado su obra lite­ra­ria en inglés; la segunda ha incor­po­rado tam­bién ese idioma a su pro­duc­ción narra­tiva. Sus casos ilus­tran la cre­ciente impor­tan­cia del inglés como len­gua de cir­cu­la­ción inter­na­cio­nal, aun­que no per­mi­ten redu­cir las deci­sio­nes de escri­tura a una estra­te­gia comer­cial.

Las esta­dís­ti­cas edi­to­ria­les per­mi­ten medir una parte del pro­blema. Según la Fede­ra­ción de Gre­mios de Edi­to­res de España (FGEE), la fac­tu­ra­ción por venta de dere­chos edi­to­ria­les al extran­jero alcanzó 72,56 millo­nes de euros en 2024, frente a los 72,51 millo­nes de 2023, los 72,31 millo­nes de 2022 y los 71,58 millo­nes de 2021. En 2020 había lle­gado a 72,89 millo­nes. Cinco años des­pués, el volu­men del nego­cio per­ma­nece prác­ti­ca­mente estan­cado. El inglés con­cen­tra el 34,3% de la fac­tu­ra­ción, seguido del fran­cés, con el 19,4%, y del ale­mán, con el 8%. A con­ti­nua­ción apa­re­cen el chino (3,1%), el ita­liano (2,7%), el neer­lan­dés (1,2%) y el japo­nés (0,8%). Res­pecto a 2021, el inglés ha ganado 6,5 pun­tos por­cen­tua­les y el fran­cés 2,9, mien­tras que el ale­mán ha retro­ce­dido uno.

Estas cifras corres­pon­den a ope­ra­cio­nes decla­ra­das direc­ta­mente por las edi­to­ria­les y exclu­yen una parte de las ven­tas ges­tio­na­das por agen­cias lite­ra­rias. Tam­poco expre­san el número de obras tra­du­ci­das, sino el valor eco­nó­mico de los dere­chos ven­di­dos. Aun con esas limi­ta­cio­nes, mues­tran la con­cen­tra­ción del nego­cio en unos pocos mer­ca­dos lin­güís­ti­cos. El pro­grama New Spa­nish Books, impul­sado por ICEX España Expor­ta­ción e Inver­sio­nes, intenta ampliar esa cir­cu­la­ción mediante pla­ta­for­mas diri­gi­das a Ale­ma­nia, Bra­sil, Esta­dos Uni­dos, Fran­cia, Japón y Reino Unido. Comi­tés de pro­fe­sio­na­les selec­cio­nan obras dis­po­ni­bles para la venta de dere­chos y las pre­sen­tan a edi­to­ria­les extran­je­ras. Sin embargo, no existe una serie pública reciente y homo­gé­nea que per­mita esta­ble­cer cuán­tos de esos títu­los ter­mi­nan efec­ti­va­mente tra­du­ci­dos y publi­ca­dos.

El prestigio también se construye

Para Gus­tavo Gue­rrero, la cir­cu­la­ción edi­to­rial nece­sita acom­pa­ñarse de un tra­bajo ins­ti­tu­cio­nal pro­lon­gado. «Si no hay un tra­bajo para impo­ner un autor en Esto­colmo, no hay pre­mio. Los pre­mios tam­bién se cons­tru­yen y a veces sobre perío­dos lar­gos», sos­tiene. La afir­ma­ción des­plaza el debate desde el talento indi­vi­dual hacia las con­di­cio­nes que per­mi­ten reco­no­cerlo. Entre los nom­bres de la lite­ra­tura con­tem­po­rá­nea en len­gua espa­ñola apa­re­cen Enri­que Vila-Matas, Leo­nardo Padura y Cris­tina Rivera Garza, auto­res de tra­yec­to­rias y esté­ti­cas muy dife­ren­tes. Padura, pre­mio Prin­cesa de Astu­rias de las Letras 2015, ha con­ver­tido la novela poli­cial en una cró­nica del desen­canto cubano. Desde Mario Conde hasta ‘El hom­bre que amaba a los perros’, su narra­tiva recons­truye las con­tra­dic­cio­nes de la Revo­lu­ción y el peso de la his­to­ria sobre varias gene­ra­cio­nes. Cris­tina Rivera Garza, pre­mio Pulit­zer 2024 por ‘El inven­ci­ble verano de Liliana’, ha desa­rro­llado una obra situada entre la novela, la investigación histórica y el ensayo. sus libros exploran la memoria, la violencia y las vidas excluidas de los relatos

memoria, la violencia y las vidas excluidas de los relatos oficiales. No se trata de establecer una lista de candidatos oficiales, cuyas nominaciones permanecen reservadas, sino de reconocer la diversidad de una literatura cuya proyección internacional resulta desigual.

Roland Spar, editor alemán vinculado a S. Fischer Verlag, una de las editoriales literarias más antiguas y prestigiosas de Alemania, fundada en Berlín en 1886, cuestiona la recepción de la literatura española en su país y plantea una posible interferencia entre la percepción política y la valoración estética. «La sola pregunta es desconcertante. ¿Cómo no se puede ver la enorme variedad, riqueza y calidad de la literatura en lengua española? ¿Puede ser que la percepción de España y Latinoamérica sea más política que cultural actualmente? ¿Que esa narrativa oculte o impida una recepción estética independiente? Por lo menos esa es una sospecha que me surge en el contexto alemán, donde la estimación de la literatura española se ha perdido cada vez

Roland Spar, editor alemán vinculado a S. Fischer Verlag, una de las editoriales literarias más antiguas y prestigiosas de Alemania, fundada en Berlín en 1886, cuestiona la recepción de la literatura española en su país y plantea una posible interferencia entre la percepción política y la valoración estética. «La sola pregunta es desconcertante. ¿Cómo no se puede ver la enorme variedad, riqueza y calidad de la literatura en lengua española? ¿Puede ser que la percepción de España y Latinoamérica sea más política que cultural actualmente? ¿Que esa narrativa oculte o impida una recepción estética independiente? Por lo menos esa es una sospecha que me surge en el contexto alemán, donde la estimación de la literatura española se ha perdido cada vez más en los últimos años».

Su juicio sobre la ausencia de Javier Marías es igualmente categórico: «Pero ¿los jurados del Nobel? ¿Cómo han podido desatender a Javier Marías? Un hecho incomprensible e imperdonable». Silvia Sesé, directora de Anagrama desde 2015 y vinculada también a la dirección editorial del Grupo Feltrinelli en España, identifica otra dificultad: la promoción sostenida de las trayectorias. «¡Difícil! Quizás nos falta promocionar bien fuera las trayectorias de los autores. ¿Habría que invertir más esfuerzos en ello? Me parece que la literatura en español tiene un reconocimiento muy desigual fuera de nuestra lengua».

Pilar Reyes, directora editorial de la División Literaria de Penguin Random House, relativiza la ausencia de escritores en lengua española en el Nobel. Recuerda que entre 1967 y 1990 se produjo un período excepcional, con seis autores premiados en apenas 23 años, y considera que los dieciséis transcurridos desde Mario Vargas Llosa no constituyen una anomalía histórica. La editora también señala que la voluntad de la Academia Sueca de ampliar su mirada influye en los tiempos de espera. «La extraordinaria vitalidad de la literatura en español no depende de que la Academia Sueca la reconozca cada cierto número de años», sostiene. Y recuerda que el Nobel distingue una obra y a su autor, no a una lengua.

Una política cultural todavía fragmentada

La experiencia internacional demuestra la importancia de sostener políticas de traducción. Francia desarrolló desde 1993 mecanismos de financiación para editoriales extranjeras a través del Bureau du Livre. Los Países Bajos han establecido ayudas que pueden cubrir una parte considerable de los costes de traducción. Corea del Sur, por su parte, ha convertido la circulación de sus libros en un objetivo cultural estratégico mediante instituciones especializadas, encuentros internacionales y acuerdos con ferias.

En el ámbito iberoamericano existen iniciativas nacionales de promoción y cooperación, pero no una política común, permanente y suficientemente articulada para proyectar internacionalmente a sus escritores. La diferencia resulta especialmente visible al compararla con el cine. La cooperación iberoamericana dispone de instrumentos como Ibermedia, creado en 1997, mientras que la circulación internacional de la literatura depende de programas nacionales, editoriales, agencias y esfuerzos institucionales dispersos.

La cuestión no consiste únicamente en conseguir otro Nobel. Se trata de determinar quién representa internacionalmente a una literatura compartida por tantos países y qué recursos permiten que sus autores sean leídos fuera de su lengua. El poeta y editor Aurelio Major introduce una consideración distinta: el problema también afecta a las condiciones culturales en las que se produce y reconoce la literatura. Recuerda que Octavio Paz, premiado en 1990, fue el último poeta en lengua española distinguido con el Nobel, después de una tradición que incluye a Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda. Para Major, el debate exige mirar más allá de Estocolmo y examinar las circunstancias que favorecen la aparición de obras capaces de transformar una tradición.

La referencia a Ida Vitale y a la generación de escritores uruguayos de los años cuarenta apunta precisamente a esas condiciones históricas e intelectuales. También recuerda excepciones como Antonio Gamoneda, cuya obra surgió en circunstancias adversas. La ausencia de escritores en lengua española en el Nobel admite distintas interpretaciones: desde las decisiones de la Academia Sueca hasta las deficiencias de la promoción internacional, pasando por los mecanismos de legitimación crítica y las propias condiciones de creación literaria. Dieciséis años después de Vargas Llosa, la pregunta permanece abierta. No se trata de reclamar una cuota lingüística en Estocolmo, sino de averiguar por qué una tradición literaria de semejante extensión carece de una estrategia compartida para hacer circular internacionalmente sus obras y consolidar el reconocimiento de sus escritores.

 

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