El golpe bajo

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  Es la noticia que más se reitera en grandes titulares de primera página. El gobierno inclusive la presenta como una gran victoria: “Venezuela ha ingresado en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, nada menos que con 154 votos a favor”. Es decir, una abrumadora mayoría votó por Venezuela.

  Eso quiere decir para el gobierno – y así lo ha manifestado el embajador de Venezuela en Naciones Unidas, Jorge Valero– según la reseña de Edgar López en El Nacional: Es una victoria sin precedentes del gobierno de Hugo Chávez que demuestra el escrupuloso respeto de los Derechos Humanos en el país, a pesar de la campaña de desprestigio “orquestada por organizaciones que son instrumentos de potencias extranjeras”.

  En la reseña de El Universal  dice Valero: La Revolución Bolivariana ha puesto mucho interés en el tema de los derechos humanos como una forma de preservar el bienestar del pueblo venezolano.

  Por su parte, el Vice-Presidente y Canciller –el hombre más poderoso del régimen después de Hugo Chávez– Nicolás Maduro, afirma: “La Revolución Bolivariana tiene una credibilidad muy grande en la vigencia plena de los derechos políticos, en la democracia venezolana, en los Derechos Humanos aquí”.

  ¡Qué cosa! ¿no? Es como un balde de agua fría para los que plantean una Ley de Amnistía, para los que reclaman los derechos de los presos políticos. La jueza Afiuni -asumimos- ha debido recibir esto como un golpe bajo, sin duda.

   ¿Qué es esto? ¿Cómo es que Venezuela es reconocida de esta manera?

  “Si la incorporación de un país al Consejo de Derechos Humanos supusiera el examen de su historial, Venezuela habría sido reprobada y excluida”, dice el experto en Derechos Humanos Pedro Nikken.

  Carlos Ayala Corao declara: “El ingreso de Venezuela resulta contradictorio, en vista del rechazo al Gobierno al escrutinio internacional que se manifiesta, por ejemplo, con la decisión de apartarse del Sistema Interamericano de Derechos Humanos”.

  ¿Qué es lo que ocurre?

  Diego Arria, quien estuvo muchos años como embajador de Venezuela en Naciones Unidas, afirma que esto es una muestra de la decadencia de la institución. Es una institución muy grande donde todos los votos pesan igual, como debe ser. Pero el manejo geopolítico de diversos intereses permite que se llegue a decisiones un tanto absurdas como esta.

  Mas la cosa no es nueva, no es con nosotros. En el diario El Universal, en primera página, se nos dice: Venezuela ocupará junto a Argentina y Brasil los puestos que tenían Cuba, México y Uruguay. Es decir, nosotros vamos a sentarnos en la silla donde antes estaba el representante de los hermanos Castro. Esta comisión no es más que un parapeto. Porque ¿cómo puede ser el régimen cubano defensor y garante de los derechos humanos cuando ha sido el gran violador de esos derechos en el continente a lo largo de 50 años? ¿En ese camino vamos?

  No debe sorprendernos que nosotros ahora nos sentemos allí a pesar de la jueza Afiuni, del comisario Simonovis, de nuestras cárceles abarrotadas de presos con batallas campales y coliseos con demasiados muertos y demasiada frecuencia.

  Hay otras opiniones. En El Carabobeño, de Valencia: La aprobación del ingreso de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos de la ONU podría funcionar como una carta abierta para que el gobierno de ese organismo evada las denuncias de las violaciones de los derechos en el país y en naciones aliadas, según avizoró el presidente de Human Rights Foundation, Thor Halvorssen. A su juicio, esta inclusión le resta credibilidad a Naciones Unidas. La coordinadora en derechos humanos de la Mesa de la Unidad Democrática, Delsa Solórzano, espera que ahora el Ejecutivo se proponga respetar los derechos humanos y libere a los 36 presos políticos que restan y permita el regreso a los exiliados, de lo contrario este ingreso sólo supondría el intento de una lavada de cara internacional.

  Nada de eso va a ocurrir, sospechamos, dada la experiencia que nos ha dejado el régimen. Así funciona Naciones Unidas ahora, y nuestro país recibe de regalo esta medalla. ¡Quién lo iba a decir!

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