Por eso estamos como estamos

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El psicólogo social, Doctor en Ciencias Políticas, Ángel Oropeza, publica un interesante artículo hoy en El Nacional, dice así:

“A pesar de la incertidumbre del momento actual venezolano, hay tres cosas que son seguras: una, la situación económica y social se va a poner peor; dos, los venezolanos vamos a sufrir más; y tres, todo lo anterior no necesariamente tendrá consecuencias políticas, y mucho menos significará el fin del gobierno.”

¡Caramba! Tanto que se apuesta, sobre todo algunos expertos políticos de twitter, afirmando que lo bueno de esto es lo malo que se está poniendo, confiando en que se pondrá tan mala la situación que en algún momento estallará y cambiará todo, casi como por una suerte de inercia divina. Pero el doctor Oropeza nos quita la idea y nos alerta para que no nos llamemos a engaños:

“Todo lo anterior provocará una mengua progresiva y continuada de la calidad de vida de los venezolanos, y un aumento de sus niveles de molestia, indignación e irritabilidad, como un periodo psicológico previo a una etapa subsiguiente –salvo que logre evitarse– de acostumbramiento y resignación. Pero no necesariamente tendrá un impacto político. Históricamente, el deterioro de las condiciones económicas y sociales no tiene directa u obligatoriamente efectos políticos, salvo que ocurran dos cosas: que la gente asocie claramente sus penurias con los responsables que la generan, y que identifique una alternativa política, distinta a aquella que le explota, que sea creíble, la sienta como cercana y por tanto provoque migrar a ella.”

En este último párrafo de Oropeza está la clave. El país está mal, la situación es terriblemente crítica, pero en la acera contraria no se ve ninguna opción creíble capaz de sustituir y superar el caos que tenemos hoy en día. Por eso, lo habíamos comentado hace ya unos cuantos meses con Luis Vicente León, según unos resultados de Datanálisis, la merma en la popularidad del gobierno, la merma en la aceptación del gobierno no era cobrada en la taquilla opositora, eran puntos que caían y se perdían, y siguen perdidos. Mientras, tenemos esta tragedia cotidiana y corremos el riesgo de resignarnos y acostúmbrarnos a lo poco de país que nos va quedando.

¿Qué pasa en la acera contraria? Gran titular en 2001: “Voluntad Popular y Primero Justicia se jalan por las greñas. El partido naranja de López y el aurinegro de Capriles continúan el intercambio de acusaciones y se dan hasta con el tobo por sus profundas diferencias de cómo abordar la estrategia opositora frente al gobierno. El pacto de no agresión se volvió puro cuento.”

Y pensar que Primero Justicia, de no haberse dividido, sería el gran referente opositor en la actualidad. Repare usted en toda la gente importante que se ha ido de Primero Justicia. Ahora, ¿cómo es que gente de la misma generación, más o menos de la misma concepción política, pueda llegar a tener rivalidades y diferencia tan hondas? ¿Qué tipo de inconvenientes marcan esa distancia tan grande entre ellos? ¿Será mero personalismo, mero egoísmo?

Ayer Henry Ramos Allup habló, a propósito del aniversario de Acción Democratica, y El Universal hoy le da su titular de primera página: “Acción Democrática pidió la despolarización del país. Hay que abrir los brazos a todo el que se acerque. Se cometieron errores, “la video-política y la teledemocracia” dominaron la estrategia partidista -eso que se llamó el mal de Globovisión: los políticos iban al canal, declaraban y ya el trabajo político estaba hecho-. Exhortó Ramos a los partidos a retomar el liderazgo so riesgo de perder popularidad y alertó sobre los que pretenden “levantar cadalsos” y venir por venganzas; la antpolítica -¡cuidado que por allí nos vienen las dictaduras y el totalitarismo!-, los “herederos del castro-gomecismo” que mantienen un odio larvado contra AD; y las agendas personalistas.”

¡Cuántas agendas personalistas habrá?

Por eso estamos como estamos, cantaba la Billos. Lástima que esto no sea para bailarlo.

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