Soledad Morillo Belloso

Carta al intruso insolente – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso 

Hace 169 días irrumpiste en nuestras vidas. A la calladita. Como los ladrones que se cuelan en una casa decente para robar cosas de mucho valor. Una vez adentro, aprovechaste la sorpresa que provocaste en dos buenas personas -porque eso somos mi marido y yo, dos seres humanos decentes- para desplegar tus malas artes. Nos amarraste de pies y manos y, frente a nuestra mirada atónita, arrancaste a romper, a ensuciar, a destruir. Te burlaste a mandíbula batiente de nuestra buena fe.
Cual obsceno y procaz malviviente sin honor, rompiste la vajilla, manchaste la plata, doblaste la cubertería, hiciste jirones la lencería. Tomaste las ollas y las horadaste. Le arrancaste los botones a nuestras ropas y escupiste tu  hedor y tu podredumbre sobre nuestros pañuelos de algodón bordados con sedalina.
Pero logramos zafarnos de tus cuerdas y, para tu sorpresa, te enfrentamos. Buscamos cómo defendernos, cómo atacarte.
Nos ensartamos en una guerra contra ti y todo lo que haces y representas. Sabíamos  que estabas en cada esquina. Que habías sembrado el suelo de minas. Y caminamos con mucho cuidado evitando que estallaran. No contento con tu intromisión ilegal e inmoral, buscaste unos mercenarios. Te aliaste con unas bacterias. Así eres de cobarde.
No nos diste tregua ni nosotros a ti. Hombres y mujeres de ciencia se convirtieron  en hábiles francotiradores que iban acertando en sus disparos. Te obligaron a retraerte. Ah, a ver, resultó que no eres tan fuerte como jaquetonamente  presumías.
Sí, fue un decreto de guerra a muerte. Habría vencedores y vencidos. Te dije que no esperaras un armisticio. No habría cese de hostilidades. O ganabas tú y tus bacterias mercenarias, o nosotros. No había forma de quedar tablas.
Y hoy, a 169 días y ya con certezas, te repito lo que te dije desde el primer día: no me rendiría y no me rendí, porque no me dio la gana. Ahora, a 169 días,  te lo digo, con todas las letras: te vencimos.
Tomó «sangre, sudor y lágrimas», pero tú, intruso insolente, maldito cáncer,  fuiste derrotado.
No creas ni por un minuto que voy a bajar la guardia. Estaré muy bien preparada por si decides regresar. Nos encontrarías de pie y con la misma fortaleza con la que te enfrentamos. Puedes estar seguro de eso.
*El esposo de la autora fue diagnosticado con cáncer severo el 19 de abril de 2022.

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