Cuando lo pequeño suplanta a lo grande - Elías Pino Iturrieta

Cuando lo pequeño suplanta a lo grande – Elías Pino Iturrieta

La Ciudad Universitaria de Caracas, sede principal de la Universidad Central de Venezuela, fue declarada por la Unesco en el año 2000 “Patrimonio de la Humanidad”, ratificando así el valor universal y excepcional de este bien cultural por lo que merece la protección de la comunidad internacional. Koichiro Matsuura, para entonces el director general de la Unesco, señaló respecto a la decisión: “La Ciudad Universitaria es una obra maestra, un ejemplo de realización coherente de los ideales artísticos, arquitectónicos y urbanísticos de principios del siglo XX”. ¿Hoy dos altos funcionarios del régimen han provocado una confusión de valores en los espacios de la UCV?

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Elías Pino Iturrieta

Debo confesar que escribo este artículo con temor, debido a las poderosas voluntades que sepueden levantar para fastidiarme la vida. Hasta ahora, y desde los tiempos de Hugo Chávez, elrégimen ha permitido mis críticas sin tomar represalias. Pese a que esas críticas han sidopúblicas y constantes desde el intento golpista del teniente coronel, nada de importancia hasucedido para callarlas o evitarlas, aparte de las intemperancias de unos locutores banderizosy de unos tuiteros belicosos. Así las cosas, ¿por qué debo ahora preocuparme

Cuando la República desaparece frente a nuestras narices como si se tratara de un asuntonatural, de un fenómeno que no provoca la esperable reacción de los dolientes, de losrepublicanos que han perdido su calidad de tales porque el régimen ha buscado la manera deque la pérdida no se sienta de veras, o porque la abulia colectiva lo ha consentido, puedesuceder cualquier cosa cuando se trama desde los círculos del poder. El freno que se haperdido sobre los confines entre el poder del Estado y las vivencias del pueblo, laextralimitación de los miembros de la cúpula llegada hasta a evidencias escandalosas, puedeconducir a cualquier tipo de aberración susceptible de trastornar la rutina de un simplecolumnista que cada semana se pone frente a la computadora a escribir unas simples letrassemanales.

Seguramente la poca proyección de mis textos, que apenas llegan a un sector limitado dedestinatarios, haya aconsejado a los censores la idea de no meterse con un adversario sinposibilidad de amenazarlos. Eso es probable, pero deja de producir tranquilidad cuandoadvertimos cómo un par de prepotentes protagonistas del régimen confunde lo privado con lopúblico, o, mucho peor, para expresar con claridad la idea, lo estrictamente familiar con la vidadel resto de las personas que habitan el país. Es el caso de la conducta de dos de las figurasmás prominentes del régimen de Nicolás Maduro, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, quienes han dispuesto que asuntos específicos de su parentela, sentimientos que solo a ellosincumben, y a sus allegados, en el más edificante de los casos; lágrimas y facturas de unúnico domicilio, se conviertan en parte primordial e imprescindible de los asuntos del común.

Desde su orfandad doméstica, transformada en testimonio de una autoridad capaz de superarla barreras del pudor republicano y susceptible de exhibir el cambio de una pérdida familiar poruna acumulación de  poder que compensa con creces el vacío de la desaparición de la cabeza de su estirpe, lo doctores Delcy y Jorge, convertidos respectivamente en vicepresidenta de laRepública y en presidente de la Asamblea Nacional de cuño oficialista, han ordenado, a travésdel levantamiento de un pedestal en lugar prominente de la Ciudad Universitaria de Caracas,un estentóreo homenaje a la memoria de su padre. Sin detenernos ahora en la trayectoria delhomenajeado, que en su momento destacó en actividades políticas debido a las cuales sufriópersecución y una inmolación brutal e inmerecida, es evidente cómo estamos ante untestimonio de preponderancia reñido con los hábitos que distinguen a la convivencia civilizadaque se fue estableciendo entre nosotros después de esfuerzos infinitos.

La Ciudad Universitaria de Caracas es uno de los sitios más significados de Venezuela, no enbalde las cualidades de su arquitectura hicieron que la Unesco la calificara como Patrimoniode la Humanidad. La UCV ha sido, desde tiempos coloniales, un lucernario intelectual y uncentro de luchas cívicas que la han convertido en referencia ineludible para la sociedad. Tantolas peculiaridades de su constitución física, como el prestigio ganado en los conflictos por lacreación de la República y por la formación sucesiva de generaciones de profesionales, no esun lugar común sino todo lo contario. Sin la obligante consulta de las autoridades, de aquí y enla escala internacional; sin hacer memoria de las faenas en las cuales ha brillado unainstitución esencialmente intelectual, dejando de lado la evidencia de sus combates contra elautoritarismo desde el siglo XIX, la vicepresidente de la República y el presidente de laAsamblea Nacional madurista han levantado en su seno un pedestal para inmortalizar lasejecutorias de su padre.

Puede ser otra la ocasión para detenerse en los tramites que subestimaron o despreciaron losconmovidos hijos cuando urdieron el homenaje. Se puede volver a esos pormenores después,aunque sea tarea que deben llevar a cabo el equipo rectoral de la institución y los otrosmiembros del Consejo Universitario cuando recuerden que no son el capítulo desconectadode una trayectoria estelar. Ahora solo conviene, me parece, llamar la atención sobre cómo dosaltos funcionarios del régimen han provocado una confusión de valores y de espacios que nopuede tener asiento en nuestra sociedad del siglo XXI después de recorrer una historiasusceptible de respeto; una extralimitación que tal vez solo se sufriera en los tiempos oscurosdel gomecismo, un reemplazo de la sensibilidad colectiva por unos pesares familiares que sequieren volver nacionales y, ¡quién sabe!, también universales.

Si por vanidad, o por la necesidad de demostrar el poder acumulado, los hermanos Rodríguezhan provocado tal maraña sobre la diferencia de las instancias que deben funcionar en unaRepública hecha y derecha, especialmente sobre el apartamiento que  necesariamente debediferenciar lo público de lo privado y lo grande de lo pequeño, podemos vaticinar unaoscuridad más insondable en el futuro próximo. Ya veremos de a cómo nos toca.

 

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