De la izquierda me libre Dios, de la derecha me libro yo – Carlos Raúl Hernández

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Perú y Colombia electorales permitieron apreciar cómo las ideologías de izquierda y derecha cauterizan la mente. Roberto Sánchez ofrecía ideologismos atroces: “constituyente plurinacional” como Evo, suspender la “economía extractiva”, el “modelo neoliberal”, los tratados de libre comercio, controlar del Banco Central, expropiar industrias del gas, el petróleo y los puertos, elevar los impuestos, etc., etc., la receta de la felicidad. Se encasqueta el sombrerote populista del golpe de Estado, pero “perversa” era “la derechista” Keiko quien nunca ha exhibido ninguna ideología. Sin hacer mal a nadie, la denigran porque no escogió adecuadamente quien debería engendrarla, ejemplo maoísta o castrista. Más al norte, Colombia lucía atrapada entre la peste y el cólera. Ojalá salga bien.

El siglo pasado nacen y fenecen dos grandes amenazas contra la democracia y la humanidad: el totalitarismo bifronte, nacionalsocialismo y comunismo, derecha e izquierda, Hitler, Dollfuss, Papadopoulus, Metaxas, Oliveira, Stalin, Mao, Castro y discípulos. La trepanación ideológica hacía a sus fámulos creerse del lado del “bien” y frenar la marea totalitaria, fue trabajo de la socialdemocracia, la democracia cristiana, los liberales y fuerzas del centro político. Para Ortega y Gasset “ser de izquierdas es como ser de derechas. Es una de las infinitas formas que tiene el hombre de ser imbécil”. Pero usamos los términos por su utilidad descriptiva. Derrotado Hitler, cuando pisamos los 80, el comunismo lucía imparable…y súbito cae el Muro de Berlín.

Se desploma el comunismo, “Izquierda” y “derecha” descubren el mercado mundial, la economía abierta, la acumulación de capital y confluyen en la globalización. Thatcher y Blair, Reagan y Clinton, González y Aznar, Aylwin y Lagos, Deng Xiaoping, Mitterrand, Menem, José Mujica, Fernando Cardoso, Lula, Carlos Andrés Pérez, y Sánchez de Losada. La civilidad política avanza porque políticos moderados, estadistas de izquierda y derecha desideologizan la política y asumen el pragmatismo democrático modernizador. La rantrée de la derecha ideológica, ya marginal, es el neofascismo-neonazismo, pandilleros en turbulencias callejeras que vimos en películas sobre los skinheads, aporreadores de negros, chinos e hispanos. Volvamos a la Historia americana X, en la que Tony Kaye dirige al matón Edward Norton.

La izquierda radical eran psicópatas de Sendero Luminoso y las FARC, cuyo río de sangre lo paran Fujimori y Uribe (en los 60 lo hizo Betancourt) Pero cuando el panorama político parecía estable, en los 2000 se produce otro sismo. La “derecha” se metamorfosea y se convierte en centro político, pero los medios de la Agenda 2030 y Soros la llaman “ultraderecha”. Mientras, la izquierda salta al pasado, a la extrema woke: el PSOE de Pedro Sánchez, los laboristas de Keir Starmer, los demócratas norteamericanos, los socialistas alemanes de Olaf Scholtz. La derecha crece ante la fatuidad progre, 30 partidos contra la pedofilia, la creación de odio hombres contra mujeres, heteros contra homos, el desprecio a la familia y lo que ya hoy es política de la UE: parar la inmigración indiscriminada. Al tiempo Giorgia Meloni, de “derecha”, se deslastra del cementerio ideológico y semiótico fascistoide.

Normaliza el lenguaje, vuelve a los asuntos reales, a la gente del metro; y sucede algo curioso: cuestionan el pasado de Meloni y no los de Lula o Mujica. Las derechas en Holanda de VVD y CDA se suavizan y gobiernan con el centro progresista D66. Alternativa por Alemania (AFV) llegó al parlamento en 2017 con la tesis de convocar un referéndum para cortarle la cabeza y disolver la UE (Dexit) dejar el euro y la Eurozona, el chauvinismo picarón de Boris Johnson. Hoy, ya apaciguados, aclaran la nueva línea; “luchar desde dentro” de la UE. Parten de que la Comisión Europea queda inerme si se juntan tres estados en el Europarlamento y con 33% de los votos, constituyen una “minoría de bloqueo” a “Bruselas”. Y cada día que pasó, los planteamientos de los líderes de AFV, Alexander Gauland y Alice Weidel mejoran en sentido común.

Los Nacionalistas Demócratas suecos de Jimmie Akesson, antes filofascistas, arribaron al parlamento en 2010, en diez años tomaron el poder en alianza con la derecha moderada, despacharon a los socialistas en 2022 y no hay traumas. Igual llega al gobierno con el Partido de los Finlandeses Independientes de Jussi Halla-Aho y hoy en el gobierno de Petteri Orpo. Otro milagro del anacronismo: Siriza la extrema izquierda griega se alió con los ultraconservadores Griegos Independientes, porque ambos querían una economía cerrada, proteccionista y nacionalista, exactamente todo lo que fracasó y llevó Grecia –y al mundo- al desastre. SIDE de Víctor Orban en Hungría, gobernó normal y se fue democráticamente. Los lenguajes de Trump, Perón y Velasco Alvarado tienen puntos básicos en común, porque los tres son revolucionarios. Pablo Iglesias en sus quince minutos, planteó el derrocamiento de “la casta” política, como Milei.

La derecha francesa del Frente Nacional de Marine Le Pen nutre su votación en los cantones socialistas, con un programa de gobierno que compite con la izquierda de Melenchon por la olla de huevos podridos rotos. Le Pen venera a Putin y Trump y desde hace años (2021) anuncia que de ganar saldría de la OTAN para enderezar el desorden mundial. En 2024 obtuvo 32% de los votos e igual que el partido de la Libertad en Austria y Holanda, marca distancia de sus extremismos, usual en radicales que huelen poder y dejan de ser carnívoros. El asesor de Trump. Steve Bannon conspiraba con dirigentes europeos contra “el Estado profundo”, los “partidos corruptos”, el Euro y la U.E. por el nacionalismo económico, el proteccionismo, la antiglobalización.

Acusaba a la UE de “despilfarrar malamente” recursos para salvar a los países del sur de Europa en la crisis de 2008 y enajenar la soberanía de los países. Hoy la guerra Rusia-Ucrania hace confluir grupos de izquierda, derecha y centro con o contra Putin, que lo que obliga a la UE a mantener los ojos entrecerrados. La Vox de Abascal en España es estridente, como todos los políticos españoles que parecen vivir en una plaza de toros. Los ultraconservadores polacos, son anti rusos pronorteamericanos. Por eso la Unión Europea mira para otro lado con las violaciones de derechos humanos en Polonia y el incumplimiento de las normas democráticas, y Von der Leyen azotaba con plumas de ganso al pro ruso Orban,

Al contrario Merkel, una centrista ortodoxa, en 2018 rechazó pactar con la derecha de la AFD. Trump buscó apoyo en los partidarios de Bernia Sanders y su nacionalismo económico ha enfrentado la globalización, en procura de repatriar capitales norteamericanos en una carrera contra China que Biden mantuvo y aquél en su nuevo periodo retoma, profundiza y pierde. Trump es populista (“el pueblo víctima de la élite”), imita el comportamiento chabacano; como la izquierda, estatista, enemigo de la globalización. No me quedan claras las diferencias entre derecha e izquierda.

 

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