Por: Andreina Mujica
Lo más sencillo en la vida es odiar o amar. Son sentimientos que traen consigo una fuerza avasallante. Chávez lo sabía, centró sus esfuerzos en separar un país, enseño a culpar al otro, a odiar y sentenciar. Maduro le dio continuidad como buen alumno y Delcy Rordiguez junto a su hermano y el comandante Cabello lo saben, incluso han manifestado que esta es una revolución cargada de venganza personal. Por eso es ESENCIAL mantener el odio sembrado, para levantar la cosecha de eternizarse.
Solo la presión de los mismos venezolanos unidos nos saca de este inframundo
La historia nos enseña el agradecimiento
La historia política de Gustavo Dudamel es un relato complejo de equilibrio, ambigüedad inicial, ruptura pública y reconciliación diplomática con el poder en Venezuela. Más que odiarlo hay mucho que agradecerle.
Al ser el rostro más visible de El Sistema, Dudamel estuvo durante años atrapado entre la diplomacia cultural, las exigencias del Estado venezolano y las presiones de la opinión pública nacional e internacional.
Todo puede decirse de Gustavo Dudamel menos que no es hiper talentoso y que jamás ha olvidado a los venezolanos.
Año 1981, ya el Maestro José Antonio Abreu tenía 10 años de haber fundado El Sistema de Orquestas Infantiles con ayuda del estado, por aquel entonces liderado por el Presidente Carlos Andrés Pérez.
A la edad de 4 años Gustavo veía a su madre cantar y a su papá tocar el trombón, así que esta barquisimetano curtido en el mundo de la música organizó peluches para dirigir su primera orquesta, más adelante caerá enamorado del violín. Ya a los 13 años jugaba a dirigir orquestas de verdad, pero era tan solo un juego, el travieso Gustavito sabía a dónde se dirigía cuando dirigía.
El gran punto de inflexión internacional ocurrió en 2004, cuando ganó con solo 23 años la primera edición del Concurso de Dirección Gustav Mahler en Bamberg, Alemania. El mundo de la música clásica quedó conmocionado por ese joven rulos con vida propia y energía contagiosa que dirigía obras complejas de memoria y con una pasión volcánica.
Su debut en Estados Unidos en 2005 conquistó a la crítica, y para el año 2009 (con solo 28 años) fue nombrado Director Musical de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil). Allí estuvo casi dos décadas, transformando la orquesta en una de las instituciones culturales más vibrantes del mundo, mezclando el repertorio clásico con bandas sonoras de cine y proyectos de impacto social como la creación de la YOLA (Orquesta Juvenil de Los Ángeles).
A lo largo de su carrera ha acumulado múltiples premios Grammy, ha dirigido la Ópera de París y se convirtió en el maestro más joven en dirigir el legendario Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Y para consolidar aún más su estatus histórico, fue elegido como el nuevo Director Musical y Artístico de la icónica Filarmónica de Nueva York (asumiendo plenamente el cargo para el ciclo 2026-2027), siguiendo la senda de figuras legendarias como Leonard Bernstein y Gustav Mahler.
Después del asesinato del joven musico Armando Cañizales, Dudamel al día siguiente publicó un manifiesto titulado “Levanto mi voz” exigiendo a Maduro parar la represión. De inmediato Maduro mandó a suspender la gira de los jóvenes del Sistema con Dudamel por los EEUU, quebrando la esperanza y dañando sus carreras, Dudamel se vio obligado a distanciarse de Venezuela no así de la causa libertaria y siguió pronunciándose en distintos foros internacionales como la ONU.
Ni siquiera pudo asistir al entierro de su maestro José Antonio Abreu en el 2018.
Gustavo Dudamel es meritorio no sólo por su enorme talento, con la firmeza que dirige con la mano derecha firme y con la izquierda va dando indicaciones a la orquesta con sutil delicadeza, sus rulos se electrizancuando la música posee cuerpo y espíritu. Verlo dirigir es creer en Venezuela, creer que con el buen director saldremos adelante y volveremos a ser un país, tan solo con eso, volver a la democracia y la libertad los venezolanos reconstruiremos nuestra tierra.





