Economía y política: Cierre de 2023 y perspectivas 2024 – Trino Márquez

Publicado en: Polítika UCAB

Por: Trino Márquez

Este año 2023 cerrará con un modesto crecimiento económico -3% según la UCAB- y una disminución de la inflación, aunque esta sigue estando entre las más altas del mundo. El precio del dólar no se disparó, tal como anticipaban algunos de los economistas más calificados, porque Chevron –la empresa petrolera norteamericana que obtuvo la licencia para operar en Venezuela luego del alivio de las sanciones norteamericanas al Gobierno de Nicolás Maduro- le transfirió al Banco Central el volumen de divisas que le permitieron al régimen mantener estabilizado el bolívar, especialmente a lo largo del segundo semestre de este año.

En una economía tan pequeña y deprimida como la venezolana, los aportes en divisas de una sola empresa hicieron posible evitar la devaluación acelerada del bolívar. A este nivel de pobreza han conducido las políticas económicas del Gobierno. Los volúmenes de ingresos en divisas no han permitido, sin embargo, incrementar los sueldos y salarios de los empleados públicos, incrementar el salario mínimo y las pensiones, que continúan siendo miserables, ni mejorar los servicios públicos. La electricidad, la salud y la educación pública, la distribución de agua potable y el transporte colectivo continúan estando en un estado deplorable.

En el plano político, el año concluirá con un Gobierno que ha sufrido tres derrotas consecutivas en apenas dos meses. El primero de los fracasos fue la realización de la Primaria opositora el 22 de octubre. El régimen había apostado a que no se celebraría, o que, si finalmente se llevaba a cabo, sería un acto deslucido, raquítico y sin ninguna incidencia nacional, que mostraría las grietas y debilidades de la oposición. Ocurrió todo lo contrario: la concurrencia fue masiva y entusiasta, sirvió para vigorizar a la oposición y de ella surgió María Corina Machado convertida en la líder del sector más amplio e importante de la oposición.

La segunda derrota del Gobierno ocurrió el 3 de diciembre, cuando convocó el referendo consultivo para preguntarles a los ciudadanos cómo debería encarar el diferendo con Guyana por el Esequibo, zona que se encuentra en reclamación desde hace casi dos siglos. Con el fin de contrarrestar los efectos de la Primaria, Maduro organizó esa consulta innecesaria e inconveniente, tal como quedó demostrado después. El Gobierno se empleó a fondo. Movilizó toda su maquinaria. Invirtió cuantiosos recursos financieros. Pero, a pesar de todo ese esfuerzo, el pueblo no fue a los centros electorales. El proyecto del régimen encalló porque la gente no le concedió ningún significado a esa cita. El Gobierno abultó la cifra de participantes, llevándola a diez millones y medio de electores, y destacando que el SÍ había ganado de forma holgada en la respuesta a cada una de las cinco preguntas contenidas en el cuestionario. Ninguno de esos ardides sirvió para modificar la percepción popular: la imagen colectiva que se instaló en la conciencia de los ciudadanos es que el ensayo había sido un fiasco total.

El último chasco fue la reunión del 14 de diciembre en San Vicente y las Granadinas entre el presidente de Guyana y el presidente de Venezuela. En ese encuentro, Nicolás Maduro no pudo hacer alarde de ninguno de los resultados supuestamente tan favorables obtenidos en la exploración del 3-D: no ratificó la creación del estado Guyana Esequiba; no reafirmó su decisión de desconocer la autoridad de la Corte Internacional de Justicia (CIJ); ni de cedular a los habitantes de ese territorio; ni permitir que Pdvsa y sus socios inviertan en la plataforma marina y submarina del área en conflicto. Frente al mandatario guyanés no mostró los colmillos, sino que se portó como un manso corderito, a pesar del supuesto éxito de la jornada del 3-D.

2023 termina con un Maduro más desprestigiado y aislado internacionalmente. Se comenta en distintos medios que dentro del PSUV existen  sectores que proponen desplazarlo como candidato presidencial para abrirle espacio a otros líderes del oficialismo. No me parece que esta opción sea factible. Los sistemas autoritarios no resuelven sus diferencias a través de la consulta, sino mediante golpes de timón y maniobras palaciegas. Hasta ahora el madurismo –a pesar de los errores y fracasos, entre ellos los de Jorge Rodríguez- se ve sólido y la candidatura de Maduro parece indestronable.

Lo que sí me parece evidente es que Maduro y, en general, el oficialismo, se han debilitado y tendrán que incurrir en un costo muy elevado si pretenden impedir la candidatura de María Corina Machado, quien después del 22-O ha desarrollado una estrategia impecable: ha mantenido la conexión con los sectores populares que le permitieron obtener su categórico triunfo; y ha trazado líneas de conexión con los factores internacionales de poder que pueden presionar a Maduro para que acepte ir a unas elecciones inclusivas, transparentes y competitivas en 2024.

El mecanismo más poderoso de presión consiste en la amenaza de que retornen, agravadas, las sanciones internacionales. En este punto están haciendo énfasis parlamentarios norteamericanos, tanto republicanos como demócratas. El único responsable de que las sanciones recrudezcan sería Maduro, si insiste en mantener los presos políticos, entre ellos los norteamericanos encarcelados, y en seguir condenando a María Corina.  En este caso, sería el país el que se hundiría.

 

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