Jean Maninat

El país de las burbujas – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

El país, la Pequeña Venecia, siguiendo los Proverbios y cantares de Machado (¡Antonio, por favor, Antonio!) podría ser asociado por cualquier observador incauto con, …los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón, que cantó el poeta español. A cualquier señalamiento pasajero, ingenuo, comeflor del tipo: el parque automotor lo noto algo mejorado, los mercados lucen bien surtidos, en Chacao parece que la respuesta a la tragedia fue eficiente, la gente está como un poquitito más entusiasta con las expectativas económicas, las guacamayas tienen el plumaje como más reluciente, obtendrá una respuesta ingrávida pero cortante: eso es una burbuja.

Así como hay cazafantasmas especialistas en atrapar espectros, hay cazaburbujas especialistas en pincharlas, traspasar los tensioactivos que encierran el volumen de aire engañoso que las hace flotar. Y los hay, sí, los burbujahabientes, quienes viven felices en su pompa, flotando transparentemente, rebotando con otras esferas independientes, saludándose a veces con cortesía, insultándose con rabia las más. ¡Mi burbuja es de oxígeno puro! ¡Mentira es puro dióxido de carbono inmoral! Y todos felices en sus pompas de jabón incomunicadas e inútiles.

Está la burbuja del eterno regreso, cuando el ángel reparador retornará a salvar a su feligresía y a expulsar a los comediantes, aquellos que dicen esperar su regreso, pero solo ansían un puesto -así sea en clase coleada- en la burbuja mayor, la más prominente, la más etérea, la más asediada por el gran punzador del norte. La que no tiene permiso para despegar o aterrizar. Y flota también la burbuja de los acuerdos petroleros, todo el mundo los comenta, los analiza, los desmenuza, los deconstruye, para finalizar diciendo que deberían hacerlos públicos porque nadie los ha leído, salvo los firmantes.

Y qué decir de la burbuja patriótica, la antiimperialista, allí se abrazan sirios y texanos, los que ayer clamaban por la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) -un cacharro de mercado de pulgas geopolítico- con quienes juraron inmolarse con tan solo avistar un crucero gringo en Margarita. (San Gabriel vino a matar al dragón, pero se amistó con él, y todos se quedaron con las trenzas hechas. Héroes defensores y villanos propiciadores bajo una misma tutela).

Y está la gran burbuja tutelada, donde dichosos o a regañadientes, todas y todos quieren estar (simplemente porque no hay de otra) y todas y todos corren sobre un barril que gira todo el tiempo -para avanzar en el mismo lugar- como en las jaulas de los hámsters caseros. Unos y otras se tropiezan, se enredan con las extremidades, se mordisquean, unos alardean más que otras y son pocos quienes en medio de los gruñidos, siseos y chillidos logran rasgar el velo de ruido inútil, y señalar una ruta de colaboración conjunta para salir airosos del tutelaje y volver a caminar sin muletas. Y cuando lo hacen, les sueltan los perros de presa para que los despedacen por atrevidos y metiches.

Y, está la burbuja postergada, la espichada, la que se pega al cuerpo como un pellejo, la que cuelga de los árboles, exhausta, como un reloj fundido de Dalí. La burbuja olvidada, la que tan solo solicita que se pongan de acuerdo, que olviden las consignas -de lado y lado- que ofrezcan y den soluciones que vayan más allá de vota por ella (nosotros) y todo irá bien. La que se merece algo mejor que un YO de gigantografía hollywoodense.

Nosotros vivimos en una burbuja, nosotros vivimos en una burbuja, verano con ella y ella verdecita…

 

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