Jean Maninat

El país donde no pasaba nada – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

La fecha del aterrizaje de la epidemia de nothingness en la Pequeña Venecia ha variado según los apegos de los historiadores, investigadores, “influen-distas”, teólogos políticos y demás patronos de las redes sociales y sus variantes. Sometida la pregunta a IA (cuándo apareció la…) se obtiene la siguiente respuesta: ¡La menor idea! ¡Debe tratarse de una fantasía humana! El Compendio universal de hechos paralelos (Stuttgart, 1967) sostiene, sin embargo, que habría ocurrido al mismo tiempo que la peste del insomnio que asoló Macondo y transmutó luego en pérdida inexorable de la memoria, en olvido de las cosas que pueblan el mundo. El Grupo Filólogo y Experimental Nuevayorquino creó la fórmula mántrica en contra de la desmemoria -hoy normalizada en la Academia- de: “Se me olvidó que te olvidé, a mí que nada se me olvida”. La eficacia de está fórmula -y otras tanto o más efectivas- está hoy en día en duda con la aparición y copamiento del saber humano por la Inteligencia Artificial.

Quizá convenga tratar de deconstruir el término de nothingness, manteniendo su forma inglesa, pues siguiendo a Bogart: A scotch, is a scotch, is a scotch… es decir el númeno de las cosas solo se alcanza en el idioma original en que ha sido formulado. (Si no le interesa el término, no lea las próximas líneas, pues en nada ayudan).

Así, nothing, o no-thing es la completa ausencia de cualquier cosa, lo opuesto a algo, y la antítesis de todo. La realidad es un vacío, indeterminado, donde las cosas que pasan en realidad no suceden, porque yo no las percibo en su claridad epistemológica. (F. Pirela, Sombras nada más.1963). En algún momento, cuando la peste de nothingness recién se afianzaba, su sombra fue perturbando el juicio de los altos dignatarios que, desde las diversas banderías ciudadanas, trataban de hacerse con el control de las instituciones de la enfebrecida república, argumentando que allí nada pasaba. Incluso tras la caída en desgracia de la facción de los Galactici Rubri, tras la invasión ordenada por Donaldus Aurantiacus desde el norte, y la tutela implantada, se seguía como si nada, como si absolutamente nada hubiera cambiado… de verdad, verdad.

Ni siquiera el gran estremecimiento de tierra, ni el regreso de los negociantes de oro negro de siempre y sus heraldos negros de siempre, ni que las lenguas de los mecheros iluminaran las noches como antaño, ni que regresaran del exilio los desterrados, o salieran de las catacumbas a recorrer los caminos en libertad, anunciando la llegada majestuosa de quien nunca llegaba y le seguían esperando. En realidad, para ellos, no pasaba nada, eran ínfimas burbujas, pompas de jabón que explotaban soltando su nothingness. Nada de lo cual alegrarse, nada que festejar. Estaban en el país donde no pasaba nada

(Cuando despertaron, el dinosaurio ya no estaba allí, había mutado, no era el unicornio prometido, ciertamente, pero tampoco el dragón flamígero que tanto habían prometido atrapar…).

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