Publicado en: El Universal
1. Por razones seguramente inconfesables, traumas, carencias infantiles o pellizcos de una maestra, investigo sobre “pensamiento actual”, si es que se le puede llamar así. Esta anomalía surgió desde el encarcelamiento por la pandemia y no me disculpo demasiado, porque a estas alturas veo gente que aún persigue la piedra filosofal, el “socialismo bueno”, el rinoceronte con rostro humano. Hace pocos años un anarcocapitalista chileno pretendía demostrar a Vargas Llosa que hay “dictaduras positivas”. Estos productos de moda degüellan la filosofía, contando como tal incluso el desastroso y averiado sistema de Marx, para sustituirla por burdas y macheteras ideologías neoreaccionarios (NRX), obras descabelladas, panfletarias, asistemáticas, endebles, sin atributo
2. Wokismo puro de derecha (y de izquierda), degradación del pensamiento, se mencionan como si fueran filosofía política. Con la llegada de Trump a la Casa Blanca en 2016, se popularizó un nuevo término político, la alt-right (derecha alternativa), término creado por Richard Spencer y popularizado en la página Web de noticias Breitbart. Su primer director fue Steven Bannon, la dejó para tomar en sus manos la primera campaña de Trump, quien no lo soportó en su gobierno y lo eliminó al poco tiempo. También dirigió el medio Milo Yiannopoulus, pero renuncia por filtrarse un video donde aplaudía las relaciones sexuales de adultos con niños, como Irene Montero de Iglesias, pero “de derecha”, aunque ella no renuncia.
3. El segundo Trump, en entrevista en NYT de enero, mandó a los alt-rigth muy largo por el camino de Santiago. Entre la nueva generación de “filósofos” neoreaccionarios, destacan dos gurús, Curtis Yarvin, conocido como el “anti-Chomsky”, tan fanático como éste, y el británico Nick Land. Me acerqué a Yarvin, con prevenciones epistemológicas montadas, como hago con cualquier autor sobre el que tengo inquinas fundadas. Por ejemplo, con el padre woke de izquierda, Michel Foucault experimenté contradicciones, porque me deslumbra su abrumadora cultura y erudición histórica, sin que sea un historiador (el jurado rechazó su tesis doctoral en la Sorbona, Historia de la locura, por la informalidad del aparato académico en el trabajo).
4. Disfrutaba el libro, pero me invadía la sombra de que era una mente descomunal, pero dañada de fábrica. Aborda “el poder” en la misma vibración asfixiante que Kafka en El proceso o América, una entidad inabarcable, silenciosa, aterradora, inexpresable, deidad egipcia, Moloch ubicuo. Se le ha llamado despreocupadamente “el filósofo del poder” aunque está mucho más cerca de la literatura distópica que de la filosofía. Su nivel de razonamiento aporta solo confusión, superstición, muy por detrás y debajo de Hobbes, Maquiavelo, Gramsci, John Rawls o Nikos Poulantzas. Volviendo al creador del “plan Yarvin”, (su seudónimo Mencius Moldbug), lideriza con Nick Land el movimiento reaccionario La ilustración oscura.
5. Le entré a su trabajo, Alegato contra la democracia: diez pastillas rojas (2007) animado por su asociación con las píldoras de Matrix, nuestros héroes Trinity, One, Morfeus, y me puse el cuchillo entre los dientes para una batalla mental. Pero el texto resultó un folletín y como me alejo de subestimar, pensé que el autor no era burro y seguro que pensaba que los burros éramos los lectores. Su “plan” responde a la corrupción woke del sistema político norteamericano, pero es igual o peor que esta. Un Estado descompuesto con gente de 300 años que cobra pensiones, que financia cursos queer en Vietnam, número creciente de homeless y deuda trillonaria, amenaza con una hecatombe mundial.
6. EE. UU requiere una reforma dramática como la hicieron exitosamente Reagan y Clinton, pero no a lo bestia, sino, con respeto al Estado de Derecho y la dignidad humana. Como revolucionarios antipolíticos, anarcocapitalistas, su emblema es la motosierra de Milei, porque las masas inferiores no valen nada. Me aventuré a explorar obras plagadas de incoherencia, deficitarias teórica e históricamente y sobradas de techright, geek y cyberpunk made in Silicon Valley. Su maestro, un reaccionario erudito, Hans-German Hoppe, autor de La democracia: el dios caído (2001) del que difiero hasta de las tapas, pero obliga a pensar el desacuerdo. Yarvin considera la democracia una empresa fallida y propone sustituirla con un monarca absoluto rodeado de tecnólogos con alto IQ.
7. Esa es su ingenua garantía de buen gobierno, aunque una de las primeras enseñanzas de la sociología política es que el sistema lo desestabilizan sus élites intelectuales, empresariales, militares y políticas, no “las masas». La tiranía es la forma más antigua del poder, tiene 40.000 años, la democracia lleva apenas 200 en funciones y crea un sistema de alternabilidad que por primera vez no se basa en matar. Pero no contento, falsifica la historia citando a Franklin Roosevelt como ejemplo “de absolutismo”, un progre a ultranza al que debe odiar y al que eligieron democráticamente varias veces. Intentó un golpe de Estado y fracasó e hizo el primer gobierno socialista-democrático-populista en EE. UU, conocido e imitado en el mundo entero hasta hoy y de consecuencias desastrosas.
8. Que un anarcocapitalista y tecnomonárquico lo cite de ejemplo, no tiene precio y si deshonestidad sublime, como si Milei elogiara a Perón. Y que luego de su “Roosevelt absolutista”, sin respeto por la teoría, por la historia, por millones de muertos, porque le da la gana, sea capaz de decir que “el fascismo y el comunismo se entienden mejor como formas de democracia. La diferencia entre una democracia de partido único y una democracia multipartidista es como la diferencia entre un tumor maligno y un tumor benigno”. Defiende un bodrio apestoso que llaman el “racismo científico”, la raciología, inspirado en aquella necedad del siglo XIX que medía cráneos para calcular la inteligencia por raza y que podría conducir a la eugenesia.
9. Curtis Yarvin afirma la inferioridad de los negros y otras etnias y propone excluir del ejercicio político a quienes esté por debajo de un IQ que se establezca. En 2011 Para concluir, el noruego Anders Breivik, racista radical blanco, realizó dos atentados terroristas en su país, que se llevaron 77 vidas. Yarvin iguala moralmente al asesino con Nelson Mandela. No incluye en su afirmación que luego de dirigir la lucha armada contra el apartheid, pagó 26 años de cárcel y sale para convertirse en líder de la pacificación y presidente de su país. Gobernó con Frederik de Klerk como vicepresidente, quien fuera ministro de los gobiernos que lo mantuvieron preso muchos años. Yarvin dice sobre “…Mandela, la mayoría de la gente no sabe que hubo un pequeño contratiempo cuando liberaron a Mandela porque tuvieron que retirarlo de la lista de terroristas. Ambos (Breivik) son terroristas porque rompieron las reglas de la misma manera, matando a gente inocente… ¿Cuál es la diferencia entre un terrorista y un luchador por la libertad?… Parece muy difícil tener una opinión clara sobre el tema”.