La diáspora es exilio - Sebastián de la Nuez

La diáspora es exilio – Sebastián de la Nuez

“La diáspora venezolana es una masa errante de desplazados, extrañados de su hogar, desarraigados de oficio. Migrantes a la fuerza, aquellos que han debido marcharse porque las circunstancias del país los han impelido a ello y no porque quisieran hacerlo (…) no todo migrante es exiliado, pero todo venezolano honesto sí lo es, en la actualidad”.

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Sebastián de la Nuez

La migración, para el hombre común y corriente, no para los pájaros, es sufrimiento. La migración masiva es sufrimiento masivo. La filósofa española María Zambrano se refiere al exiliado como «ese ser devorado por la historia». Tuvo razón, la tiene perennemente. Claro que no todo migrante es exiliado, pero todo venezolano honesto sí lo es, en la actualidad.

El exiliado, «ese ser que no tiene lugar en el mundo»: eso también lo dijo la Zambrano. Casi siete millones de venezolanos no tienen lugar en el mundo. Las cifras siguen en aumento y Venezuela no es Siria ni Ucrania, no es un país en guerra.

La diáspora venezolana es una masa errante de desplazados, extrañados de su hogar, desarraigados de oficio. Migrantes a la fuerza, aquellos que han debido marcharse porque las circunstancias del país los han impelido a ello y no porque quisieran hacerlo. No tendrán lugar en el mundo aun cuando se sientan bien en el sitio al que lleguen. Se les ha cercenado una parte de su vida, la que corresponde al arraigo, la familia y la querencia. Por lo general anclada en la etapa de la adolescencia.

La diáspora, que no le quepa duda a quienes se han quedado, es desarraigo, amargura, crispación y desesperanza. Estos casi siete millones no se han ido para aprovechar una beca de Fundayacucho o por vacaciones o por un contrato que les aguarda en algún sitio (aunque algún caso habrá); son millones sin carta de recomendación ni papeles en regla ni contactos ni atmósfera, porque hasta el clima les traiciona y a veces les falta el aire o les sobra el frío. Como pajarito en grama. Al arribar, desde luego, andan por un tiempo con una maleta que contiene vagas esperanzas.

“Un estudio de Cecodap arrojó en 2020 que 15,4% de los migrantes ha dejado al menos un niño o adolescente en Venezuela (…) alrededor de 862.400 niños y adolescentes fueron separados de sus padres, hasta esa fecha, por razón de la diáspora”

La diáspora venezolana no es producto de una guerra civil ni de una invasión ni de una plaga apocalíptica endógena (o quizás esto último sí). La masa de venezolanos fuera de su país no para de crecer porque las condiciones desastrosas no paran de afincarse y ramificarse en Venezuela. La migración, que lo tenga el mundo bien claro, es forzada, brusca e improvisada. Busca con desespero la sobrevivencia. Al principio, se trataba de migrantes que optaban por mayores ingresos pero las oleadas masivas que vinieron después son el resultado del hambre, la desesperanza creciente o el miedo a perder la vida.

En Venezuela no existen informes ni estudios oficiales sobre la migración y sus consecuencias. El presidente Nicolás Maduro se ha referido, a veces, a los protagonistas de la diáspora de manera despectiva e insultante.

Desde luego, hay consecuencias. La población que se desplaza de esa manera y bajo esas prisas es, siempre, una población vulnerable. El exilio por tierra es peligroso. Para 2018, la Fiscalía de Colombia registraba al menos cien casos mensuales de explotación sexual infantil, dentro del conglomerado proveniente de Venezuela. Desde entonces para acá, el gobierno venezolano no se ha dado por enterado. Es muy posible que esa cifra haya aumentado.

La Red por los Derechos Humanos de Niños, Niñas y Adolescentes (https://www.redhnna.org/) denuncia ahora en su portal una nueva prueba del comportamiento -como mínimo- indiferente de las autoridades de Trinidad y Tobago. Denuncia que los niños venezolanos refugiados en esa isla lo tienen difícil para ingresar al sistema escolar público, pese a que el gobierno local otorgó protección legal a los migrantes desde hace más de tres años. Según cifras de ACNUR (ONU), para el 31 de julio había alrededor de 4.000 niños de entre 5 y 17 años de edad solicitantes de refugio o asilo en Trinidad y Tobago. Mientras que, de acuerdo con la plataforma R4V (https://www.r4v.info/), se estima que el número de menores de edad en ese país llega a 6.900. En Trinidad y Tobago o las autoridades no saben contar o se hacen los remolones para atender a los hijos del país que prácticamente les ha regalado petróleo durante décadas.

La diáspora se las tiene que ver con el delito organizado para la trata de personas. Se han registrado casos en los estados Sucre, Delta Amacuro, Bolívar, Lara y también en la zona metropolitana de Caracas. En el estado Bolívar, en una ocasión fueron rescatadas más de 200 personas que iban a ser trasladadas hacia Guyana a través del Delta del Orinoco. De ese grupo, 53 eran niñas y adolescentes y probablemente estaban destinadas a la prostitución, según una organización defensora de los NNA. El tráfico sexual en Guayana, afirma la web Connectas (https://www.connectas.org/), se ha convertido en uno de los riesgos más frecuentes para las mujeres venezolanas. Los asentamientos mineros se han convertido en puntos críticos para este tipo de explotación. Las venezolanas «son atraídas con falsas promesas de empleo y una buena vida en Guyana, luego golpeadas o amenazadas con violencia y encerradas (…). Aunque el Gobierno de Guyana ha intentado atacar el problema, el número de casos sigue imparable», reporta Connectas.

Hay organizaciones serias que trabajan en red y tratan de mitigar el horror, el padecimiento, la tragedia que significa la necesidad de dejar Venezuela a como dé lugar. Un estudio de uno de esos entes, Cecodap, (https://cecodap.org/) arrojó en 2020 que 15,4% de los migrantes ha dejado al menos un niño o adolescente en Venezuela, a su propio albedrío o encargado a algún pariente; es decir, alrededor de 862.400 niños y adolescentes fueron separados de sus padres, hasta esa fecha, por razón de la diáspora.

“Son millones sin carta de recomendación ni papeles en regla ni contactos ni atmósfera, porque hasta el clima les traiciona y a veces les falta el aire o les sobra el frío”

Entre 2015 y 2019 unos 25.000 menores de edad no acompañados, o separados de sus mayores, han salido de Venezuela, según el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello. Solo en la frontera entre Apure (Venezuela) y Arauca (Colombia) se detectaron 248 niños separados y 180 no acompañados en 2020, después del inicio de la pandemia (esto se tomó de la página de periodismo Alianza Historias que Laten).

Los defensores de los Derechos Humanos en Venezuela no están aislados pero sí cercados, vigilados y/o presionados o amenazados por el gobierno central directamente, por autoridades locales en cada circunscripción o por sus grupos armados civiles, que los tienen y hacen su trabajo de amedrentamiento. Necesitan apoyo desde fuera. Necesitan visibilizarse para que su trabajo se reconozca y sea apoyado.

Es curioso el mecanismo del chavismo-madurismo desde la perspectiva que da el tiempo transcurrido. Tengo enfrente, por esas cuestiones que uno conserva sin saber muy bien para qué serán útiles, el «Manual de Funciones del Comando Maisanta». Tremendo nombre, ¿no? Chávez era sagaz para inventar títulos guerreros, evocadores, seductores. Esos nombres se han vuelto una burla con el tiempo, o ya lo eran, desde el principio. Este Manual (2004) es prolífico en nominaciones y siglas. Cito extractos. Define la «Unidad de Batalla Electoral como la organización de base de todas las fuerzas bolivarianas para implementar la estrategia electoral en la comunidad, que opera en una Zona de Batalla Electoral (ZBE) entendida como un área geográfica variable delimitada en torno al centro de votación. En la UBE se incorporan todos los factores bolivarianos (misiones, partidos políticos y movimientos sociales, frentes estudiantiles y juveniles, organizaciones comunitarias, mujeres, profesionales y técnicos, trabajadores, organizaciones religiosas, etc.) que hagan vida dentro de la Zona de Batalla Electoral. Cada UBE tendrá un máximo de 20 integrantes y estarán bajo la coordinación de una persona electa entre los miembros de la unidad».

La redacción no es muy clara que se diga pero se entiende que la clave, el núcleo del asunto, el meollo, es el centro de votación.

Esa es la historia que deja Chávez y sigue Maduro. ¿Para qué tanto despliegue táctico, tanto nombramiento y organización?, ¿para ganar una elección como ganan los militares una batalla?, ¿por qué no una Unidad de Batalla, aunque sea una, para evitar que cien niñas y adolescentes venezolanas, o aunque sea una, sea captada por las bandas de trata y prostitución?, ¿por qué no intentarlo, Nicolás Maduro, por una vez en tu ajetreada vida chavista?

María Zambrano, que vivió en México porque en su país había una dictadura dispuesta a fusilarla si se aparecía por allí, admite que sí, que el exilio es una dimensión de la vida humana. Eso quiere decir que es comprensible que el exilio ocurra, es parte de la vida más o menos normal de los seres humanos. Pero agregaba a continuación que al decirlo se quemaba los labios, pues ella hubiese querido que en el mundo, más nunca, hubiese exiliados. Por cierto que en su último artículo escribió que había llegado la hora de la verdadera libertad, de la piedad.

 

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