Jean Maninat

MCM – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Ni los filólogos más puntillosos, ni los exploradores más curtidos, ni los navegantes más zarandeados por los siete mares, ni tan siquiera la Junta Central Mundial de Nigromantes, Zahorís y Taumaturgos se atrevieron a descifrar el significado de los tres caracteres que aparecieron de repente encabezando misivas, documentos históricos, oficios de recaudos de contribuciones a la “causa”, bitácoras de vuelo y navegación no cumplidas, expediciones de rodillas, y hasta bautizos, matrimonios y divorcios oficiados según el rito católico, apostólico y romano.

Ni siquiera la gran nación tutelar del norte se atrevió a prestar su auxilio en la interpretación del ahora jeroglífico, a pesar de contar con la agencia de espías y decodificadores más potentes del mercado. Su mandatario -el blondo más poderoso del planeta- a cada mención del trigrama se espantaba como diablo que lleva el alma y pasaba, by default, a alabar lo bien que lo estaría haciendo la mandataria de la Pequeña Venecia, una república por él tutelada y algo necia a la hora de conciliar la fórmula mágica de los tres golpes: estabilización, recuperación y transición, patrocinada por el procónsul guajiro, Marcus Rubrius, para facilitar su inclusión en el exclusivo club de naciones poderosas, Shield of the Americas.

Los herederos de las dinastías Xia, Shang, Zhou, Qin, Han, Sui, Tang, Song, Yuan, Ming, Quing representados en el actual estado dinástico del PCCh bajo el mandato de Xi Jinping el eterno in the making, fruncen más aun el pliegue epicántico de los ojos hasta formar una tenue línea horizontal, inquisitiva como una sospecha. Confrontados al trigrama, suelen dejarle la cara pegada -adornada con una enigmática sonrisa- al interlocutor e irse atender sus asuntos globales en otra parte: por ejemplo, el Puerto de Chancay, una mega espina clavada en el mero patio trasero gringo recién liberado: Perú.

Los herederos de la princesa levantina Europa y su raptor, el insaciable Zeus, apenas tienen tiempo de celebrar sus fechas patrias y reclamar su lugar en el mundo -un reclamo que solo subraya su irrelevancia en la geopolítica actual- relegados a la pugna del Mundial de Futbol y el martirio de los inmigrantes venidos en pateras de su pasado colonial. Los más elevados espiritualmente, reparten premios que luego son renegados o regalados como restos para llevar de una opípara cena por el laureado de turno. Como con los museos, hay que darse una vuelta por allí, el “viejo continente”, a ver si con suerte pescamos a la Gioconda sonriente y sin bótox. No están precisamente para adivinanzas, sin oficio alguno.

Y… a los rich and famous del resto del mundo poco interesa la conjunción de tres letras, una tras otra, salvo que sea el acrónimo de un surtidor de IA de última generación, o una nueva tecnología que haga brotar a borbotones el dinero de las pantallas de los ordenadores.

Got you! MCM no refiere a lo que usted y los expertos están pensando, es simplemente el número romano que corresponde a 1900 (mil novecientos) en número arábigo. Nada glorioso, nada épico, un número más, que no anuncia tempestades, ni detuvo el tiempo, ni resultó ganador en la lotería de año nuevo. MCM =1900. Un número indiferente y desprovisto de augurio alguno…

 

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