Maravillas turísticas de México - Carlos Raúl Hernández

No es país para débiles – Carlos Raúl Hernández

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Según los biólogos evolutivos, ¡bien hecho¡ por las especies que desaparecen, “astucia de la naturaleza” para que sobrevivan las que son, pese al llanto del radicalismo ecológico. Para Darwin el homo sapiens existe porque en buena hora, a lo largo de millones de años se extinguieron especies que no le hubieran permitido sobrevivir, por ejemplo los reptiles gigantes, y cuando apareció, su inteligencia superior rompió la evolución. La condición humana, la semilla de Moisés, el judaísmo y el cristianismo, minan la salvajada y la barbarie, la ley del más fuerte, la ley de la selva, la naturaleza toma conciencia de sí misma a través del hombre, y se protege a los débiles (no matarás, no robarás, amarás al prójimo, a las mujeres, temerás a Dios) Las sociedades patriarcales desaparecen hace mucho, y existieron solo mientras la relación social predominante era la violencia. Con la democracia, el componente femenino se impone hasta llegar al nivel de nuestros días. La fuerza imperó por miles de años en la naturaleza y en la sociedad, pero la razón se introdujo.

En 1792 Mary Wollstonecraft da un hachazo a la historia con su inmortal obra Vindicación de los Derechos de la mujer, contra el machismo de Rousseau y del pensamiento en general. Gracias a esa brecha, en los países democráticos, para 2030 más mujeres que hombres dirigirán empresas, aunque esa propensión a la igualdad se cae estadísticamente por el gran peso demográfico de los países islámicos. En los países democráticos conquistan altas posiciones exactamente igual que los hombres, por su dedicación al trabajo, capacidad, inteligencia emocional, y operaciones artificiales como las cuotas, resultan contraproducentes, porque premian la falta de aptitudes y fracasan. Si seguimos a Maquiavelo, un gafo o gafa difícilmente podrían ser el Príncipe salvo por azar, por momentos, tendría un mal final y basta examinar nuestra historia reciente para comprobar que la revolución ha sido un genocidio de mamitas y papitos en todas las áreas de la actividad pública. Dicen que El Príncipe de Maquiavelo se inspira en Isabel de Castilla y César Borgia, triunfante la primera, fracasado el segundo.

Pese a la protección democrática: derecho al voto, representación proporcional, sistemas electorales confiables, métodos de adjudicación de bancas, fuero parlamentario, dinero, etc., quien no tiene lo que hay que tener, no sobrevive. Por lo tanto, inquirir por el outsider perdido es como buscar a Miguel Cabrera, que donde esté la gente lo sabe. No es lugar para débiles dijo Javier Barden mientras disparaba su pistola neumática. La vida pública no es espacio para débiles y no hay nada más difícil que imponerse en ella. Pero lo que natura non da, Salamanca no lo presta y si carecemos de sentido común en el buen sentido de la palabra, uso de razón o mero instinto de supervivencia, nos devoran. En el cielo de la vida pública vivimos permanentemente una lluvia de estrellas fugaces, pero siempre son distintas y las que no lo son, no son fugaces. De 2015 a hoy derivamos en una cadena de episodios ridículos, grotescos, vergonzosos de recordar.

Qué sentirán los protagonistas y sus consejeros, obligados a verse la cara ante al espejo todos los días para afeitarse y recordar caballada tras caballada, soberbia tras soberbia, para terminar arruinados, en incertidumbre, destruida la fe popular y fortalecido el gobierno. Peores aun los palangristas, los mandaderos impresentables y sin mérito, alquilados para ofensivas desaforadas, inclementes, amorales, por plata, feroces contra la convivencia política, el voto, y contra personas a las que no tienen jerarquía ni para lamer la suela de los zapatos. Me he esmerado en buscar ejemplos comparables, pero necesito ayuda, “solo no puedo”. No los destruyeron en una confrontación, masacres brutales estilo Videla, paredones como el Che, sino simplemente con darle al organillo y ponerlos a bailar. Así se extinguieron como cualquier especie frágil. Invocan que “la dictadura quitó a los partidos sus directivas legales”.

Y da ganas de llorar que no tuvieran el instinto de conservación de un grillo como para saber que luego del drone de la Av. Bolívar, la invasión frustrada del 23F, la autoproclamación, el golpe de la autopista y Gedeón, vendría la ofensiva. Por el momento el país que los aclamaba no se identifica con el gobierno ni con ellos. Después de provocar semejante naufragio, los enconados anti colaboracionistas, anti apaciguadores, los que sacarían la usurpación, menean la colita y dicen que ahora sí hay que participar y muy bueno que lo hagan. Como si se tratara del desliz en una partida de dominó y no de un drama en el que se jugaba la suerte del país, dicen coquetamente: “!me pelé, darling!” y preparan candidatos “!Qué mantequilla!” comentó una amiga y a partir de ahí los llama el grupo mantequilla. Pero no se trata de ningún plan político. Hay dinero de la nación que ellos manejan por las perversiones conocidas y partidas de organismos internacionales, una fortuna que garantiza el modo de vida de varios miles de personas, según números de Julio Borges. Las primarias están concebidas para elegir la junta administradora de esos bienes. La política les resulta secundaria.

 

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