Para rescatar del sarcófago chavista a Rómulo Betancourt y hacer que obre milagros – Sebastián de la Nuez

Publicado en: Blog personal

Por: Sebastián de la Nuez

La persona que más y mejor ha estudiado a Rómulo Betancourt y su impronta sobre la Venezuela del siglo XX se llama Naudy Suárez y está sentado frente a mí en la cafetería de CaixaForum, en Madrid, a las cinco de esta bochornosa tarde de septiembre, tan afable que a uno le es imposible imaginar que exista tal carga de afabilidad y bonhomía en un solo hombre. La otra persona que puede comparársele en conocimiento sobre el piache de la pipa es Virginia Betancourt, por testigo presencial, por heredera del frondoso archivo paterno y por su propio talento. Pero ella no está en Madrid.

Naudy Suárez, entrañable profesor para quienes estudiaron, por ejemplo, en la Universidad Católica Andrés Bello, escribe actualmente una precisa biografía sobre RB. El profesor lleva encima sus achaques, es el precio que debe pagar por la experiencia acumulada, por el mismo roce de la vida que desgasta y te carcome las vértebras o las venas. A él, eso no le ha quitado ni el apetito por una tarta de queso ni el ansia de saber y compartir lo sabido. Escribe esta obra monumental cada día, por pedacitos.

Esta conversación con el profesor se refiere al pedacito que abarca desde 1928 a 1935: un periodo de mudanzas de todo tipo, desde Caracas a Curazao, Santo Domingo, Costa Rica y vuelta a Caracas. No le pidas otra cosa al profesor porque está enfrascado en esa etapa. La vive. Una señal de su importancia es que en aquel tiempo ya gestaba por dentro, el piache, un libro que aparecería tan adelante como 1956: Venezuela, Política y Petróleo.

Estudiar la evolución del pensamiento de RB y sus actitudes frente al destino petrolero del país es internalizar que Venezuela, alguna vez, tuvo una generación que dibujó una democracia y la construyó, aun a trancas y barrancas, equivocándose y acertando en el camino.

Esa es la razón por la cual el país, el de adentro y el de afuera, necesita escuchar o leer al profesor, quien lleva su memoria encima a todo color, aun cuando buena parte de ella solo la ha vivido a través de testimonios, libros y archivos consultados en la quinta Pacairigua o en la Academia de la Historia o donde toque; desde su charla arma la figura de un hombre de gafas de carey bajando de un avión. En ese viajero que ha llegado a Curazao se fija esta historia. Algo habrá en ella que aleccione a los venezolanos atrapados en su insólito destino casi un siglo más tarde.

La colonia holandesa en las Antillas se había convertido, desde el siglo XIX y para muchos venezolanos, en un refugio. Curazao fue la primera escala en el periplo de Rómulo Betancourt al huir del país de los Castro y de los Gómez, tras la rebelión estudiantil en que se había involucrado en Caracas. Era 1928. Betancourt, al instalarse en la isla, se da cuenta de la importancia del petróleo para su propio país. En Venezuela había comenzado la explotación del bitumen, por el oriente primero y por el occidente después. Por entonces, las compañías se llevaban el petróleo desde el Zulia ―sobre todo la Royal Dutch Shell― a Curazao, donde había una refinería construida con capital inglés y holandés. Ese hecho le dio riqueza a la isla. Pero algo vio el recién llegado que le impresionó: la gente que trabajaba en aquella refinería era de nacionalidad coreana.

Hace contacto con esa gente, es decir, con los trabajadores coreanos, y comienza a entender o dar forma al panorama que se le abre; ha leído la obra del norteamericano Ludwen Denny, We fight for oil. Denny, en principio un ministro unitario (el unitarismo es un movimiento religioso de raíz cristiana que rechaza el dogma de la Trinidad y defiende la unidad de Dios), se hizo técnico petrolero, después periodista y editor, mezcló todo eso en una licuadora y salió este libro que habría de influir en un joven latinoamericano de gafas redondas

We fight for oil trataba de la explotación del petróleo por parte de las petroleras con músculo a nivel mundial. Betancourt no se quedará en Curazao; dará vueltas por aquí y por allá buscando ayuda para derrotar o defenestrar a Juan Vicente Gómez. Habla con Delgado Chalbaud y con otros generales sin encontrar suficiente eco. Se va a Santo Domingo, de allí a Barranquilla y, luego, a Costa Rica, donde se establecerá durante una larga temporada. Su cabeza debe de haber estado recalentada de ideas e ideología. No cabe duda de que ya para el año treinta sabe a las claras las dimensiones de la injusticia que existe dentro de las concesiones venezolanas. En Costa Rica, se hace comunista, lo cual fortalece lo que ya hay en él de antiimperialista; es entonces que logra hacer contacto, a través de un activista aprista que vivía en Santo Domingo, con el líder peruano Víctor Raúl Haya de lo Torre (1895-1979), quien a la sazón estudia Economía en Londres. Para ese momento, Betancourt ha puesto en circulación, entre sus más cercanos compañeros ideológicos, el tema petrolero. Entre ellos, al zuliano Valmore Rodríguez, quien sin embargo nunca aprovecharía la lección. RB quiere editar un periódico para los venezolanos en el que el tema sea materia de reflexión e información. Se lo dice a Rodríguez y le insiste en que se encargue del proyecto. Rodríguez no le hace caso.

Betancourt se hace comunista y no por ello se embrutece. Al contrario, ávido de referencias y conocimiento, le escribe a Haya de la Torre el 2 de mayo de 1930, desde San José, solicitándole dos cosas: libros y consejo. Le dice, entre otras cosas:

«Pardo [el aprista intermediario] le enviará una pequeña suma de dólares para que usted me envíe algunos libros de economía, de finanzas, de antimperialismo; sobre todo lo que usted considere sobre la cuestión PETRÓLEO. He pedido a Caracas datos y documentos desde la aparición del petróleo hasta hoy. Me propongo escribir una monografía, ampliamente documentada y con una precisa orientación doctrinaria sobre los petróleos venezolanos, y en definitiva sobre la situación venezolana frente al avance monopolista de la economía imperialista.

No pienso, por otra parte, trabajar en latinoamericano, hacer obra de diletantismo. Disciplinando mi estudio, aspiro a hacer obra sólida lo más que pueda, dentro del marco de mis posibilidades personales. Puede enviarme obras en francés e inglés, especialmente en francés, porque el último idioma lo leo muy dificultosamente. Si hay algo en castellano, mejor.

También le suplico, compañero, que procure enviarme sugestiones, orientaciones, datos, que puedan guiarme en este trabajo.»


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Hugo Chávez le hubiese pedido, estando en el lugar de RB, la edición en tapa dura y de ser posible autografiada de El oráculo del guerrero, del chileno Lucas Estrella Schultz: una verdadera mariconada, como dijo Boris Izaguirre en su oportunidad.

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Una muestra del ánimo antimperialista que había prendido en el nativo de Guatire son sus críticas, igualmente a principios de los treinta, al magnate norteamericano John D. Rockefeller (1839-1937), llamado uno de los «barones ladrones» de la época de oro industrial en Estados Unidos. Fundador de la petrolera Standard Oil (que durante un buen tiempo fue la más poderosa y rentable petrolera del mundo), Rockefeller pasó a la Historia como un genio de la competitividad y al mismo tiempo avieso monopolista. Fue el motor fundador de la Universidad de Chicago, que lleva 87 premios Nobel salidos de su seno. «Es curioso», dice el profesor Suárez en CaixaForum, «porque después va a ser un buen amigo de Nelson Rockefeller, el que fue gobernador del estado de Nueva York [y vicepresidente de EEUU]», heredero de aquel artilugio capitalista con quien Betancourt, o la Junta que gobernó en el trienio adeco (1945-1948), se entendió para la futura instalación en Venezuela de los automercados CADA. El profesor Suárez descubrió pruebas de ese entendimiento aunque no fuese sino mucho más tarde, después de caída la dictadura perezjimenista y en plenos años sesenta, cuando se instala la cadena de tiendas en Caracas y otras ciudades venezolanas. ¿Quién no recuerda a Carlos Bardasano, de impecable camisa blanca y corbata bien anudada, y sus cuñas en Venevisión? ¿Quién no recuerda el CADA de La Florida o el de Las Mercedes?

Si no los recuerdas, no eres caraqueño.

Rómulo Betancourt no parece haber sido un hombre obcecado en una sola idea del mundo, de la política; en marzo de 1931 crea ARDI como plataforma doctrinal, Agrupación Revolucionaria de Izquierda: desde allí, desde ese rincón del pensamiento, siguió ávido de lecturas y emprendimientos para captar adeptos. Nunca perdió de vista los órganos de difusión partidista como trinchera del pensamiento. La prensa que no ocultaba su carga ideológica fue una constante en su quehacer. La gente tenía que leer y pensar, no necesariamente afiliarse a una determinada tolda. Bastaba con que pensase.

En algún momento abandonaría el comunismo y su hermano gemelo, el antimperialismo rabioso. Lo cierto, en término de esta historia que atañe a su actitud frente a la industria petrolera, es que su preocupación parece ser legítima: busca datos sobre aquellas condiciones laborales en Zulia, en alguna carta o documento esté su queja porque Val no se mueve con la suficiente diligencia, le ha pedido datos sobre las condiciones de los trabajadores y no parece haberle respondido. Val es Valmore Rodríguez.

En general, debía arrear a sus compañeros. Quizás Raúl Leoni estuviese más avisado sobre la cuestión petrolera; los otros, menos. Gonzalo Barrios estudió en Francia y no hizo vida política en Venezuela hasta el 36. De hecho, no conseguirás ni una línea de Barrios sobre petróleo. Leoni se metió en el tema acicateado por Rómulo, que lo ponía a buscar informaciones sobre petróleo en los periódicos de Barranquilla y Bogotá. Y el propio Valmore, que tenía el tema muy cerca por encontrarse donde se encontraba, estaba al tanto de lo que sucedía en la industria gracias a algún contacto que allí poseía. Por lo visto, en cualquier caso, no era una prioridad para él. Se enteraba básicamente por ser zuliano.

Hay una carta que ha descubierto el profesor Suárez, de RB a Valmore, donde le dice que hay que escribir en periódicos y que, dentro de ellos, una parte importante debe dedicársela al petróleo. Le dice que le está mandando un modelo de artículo sobre petróleo, «para que lo veas y lo medites». No le hizo mayor caso, por lo visto. Todo esto, dice el profesor Suárez, lo ves en sus archivos. «Los archivos los tiene Virginia, todo, completo. Todo lo que hizo se ha conservado. Los otros [sus compañeros fundadores de Acción Democrática] no tuvieron ese sentido de la conservación. Está todo lo que escribió en Costa Rica, en los años treinta o treinta y uno.

Hay mucho más en las faltriqueras del profesor Suárez, habrá una próxima charla de la cual, acaso, se derive otro artículo: RB y Salvador de la Plaza, RB y Pérez Alfonzo y el voto salvado de AD durante la época de Medina Angarita (voto redactado por RB). Su petición a Josefina Juliac en torno a la industria petrolera en Rusia; en fin, su pensamiento en torno al petróleo bajo López Contreras…

Sobre el trienio 1945-1948 lo más importante fue la política que adoptó RB: a) el tema sobre las concesiones no se discutió en la Asamblea Nacional Constituyente; b) Betancourt prefirió negociar directamente entre su gobierno y las petroleras. El profesor Suárez se limita a comentar, por ahora, que todo eso fue bastante curioso.

Le pregunto qué hubiese ocurrido si Rómulo Betancourt hubiese tenido tiempo para enfrentase al chavismo y a lo que se está haciendo ahora bajo el manto del tutelaje por parte de la Casa Blanca. Responde:

«Pienso que RB no hubiera tolerado que las cosas llegasen a este punto. No hubiese permitido que los gobiernos [de Chávez, Maduro y los Rodríguez] llegaran hasta donde han llegado. Creo que el militar y el chavista no hubiesen podido llegar a la coyuntura a la que han llegado, no hubiese permitido el desarrollo de esa capacidad de destruir el país… Es que además ahora se viene sabiendo que fue un proceso que duró unos cuantos años, durante los cuales avanzaba eso [la destrucción] y más cosas. Lo que hoy se sabe sobre el petróleo o lo que se sabe sobre el hierro o sobre la electricidad… ¡es demasiado! Betancourt fue el creador, en gran medida, de la electricidad que viene de Guri…».

***

Pero no; no vale el título de esta entrada. No vale pues rescatar a Betancourt no obra milagros. El venezolano de a pie sí puede obrar milagros, si se empeña, si atiende a la principal virtud de Naudy Suárez, que es andar despacio y reflexivo por la vida, leyendo primero y hablando después, en absoluto pendiente del móvil. Es mejor pensar que estar tecleando el día entero. Naudy estudia, piensa y escribe. Así le huye a la confusión. A medida que escribe, aprende. Como si tuviera siete años.

 

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