Todo el poder para los soviets – Editorial Analítica

Editorial Analítica

En 1917 Lenín arremetió contra la Duma, es decir el Parlamento ruso, dominado por los mencheviques y otros partidos social demócratas, y dio un golpe de estado virtual al transferir el poder del órgano de la democracia representativa en el que los bolcheviques eran minoría al de la democracia directa en el que eran mayoría en algunas de las ciudades más importantes de Rusia.

De ese evento que sabemos como concluyó con la dictadura ,supuesta del proletariado, pero que en realidad lo fue del Secretario General del partido comunista se instauró una feroz tiranía que generó más de 20 millones de muertes a través de una de las peores hambrunas que ha conocido la humanidad, solo superada en cantidad por la otra tiranía conunista de Mao.

Los comunistas de diversas calañas han esgrimido los hechos históricos como épica revolucionaria y han silenciado la parte negativa como los campos de concentración o Gulags, los juicios de Moscú, los asesinatos a los dirigentes bolcheviques, o las largas y penosas prisiones a los compañeros de Mao en su gran marcha. O en la más cercana tiranía cubana, el exilio forzado de la clase media de ese país, la destrucción del aparato productivo y la pauperización de la población de la isla, para no hablar de los fusilamientos, de los campos de concentración, de las campañas homofobicas y tantas otras restricciones a las libertades y derechos humanos.

Ahora, Nicolás Maduro, pretende seguir la misma senda a través de una constituyente comunal, que no existe ni en la Constitución ni en las leyes, mediante la cual pretende darse todo el poder para si a través de entes de escasa representación popular.

La Asamblea Constituyente originaria solo puede ser convocada por el pueblo y, para hacerlo, este debe ser llamado a un referéndum, es decir a una elección publica, universal y secreta, donde este indique si quiere o no cambiar el orden constitucional.

Lo que se pretende con este proyecto es eliminar definitivamente, palabras de Maduro en su cadena del 1 de mayo, la democracia representativa por la “democracia participativa”, que es el mecanismo mediante el cual la nomenclatura que hoy controla el estamento, se eternizaría en el poder a través de la imposición de un sistema político a la cubana, es decir, la versión estalinista del comunismo.

Los demócratas, que son la mayoría absoluta del pueblo venezolano, no quieren eso, lo que desean es un régimen político que garantice los derechos humanos, la libertad , que le de oportunidades a todos de poder trabajar dignamente en las actividades que prefieran, que haya elecciones libres y universales y sobre todo que se respete la Constitución y las leyes de la república.

Eso no es posible ahora cuando el régimen en el poder ha violado sistemáticamente más de 40 artículos de la Constitución vigente, olvidándose de que esa misma fue la obra suprema del fallecido presidente Chávez.

¿Qué le queda a la población venezolana? Hacer frente a este golpe de Estado continuado que viene ejecutando progresivamente el gobierno. Seguir en su lucha pacífica y democrática e informar, urbi et orbe, cómo en nuestro país se violan sistemáticamente los DDHH, no se respeta la división de poderes, no se convocan las elecciones previstas en la Constitución, cómo se reprime de manera violenta y desenfrenada las manifestaciones pacíficas de inmensos sectores de la población, cómo se viola el debido proceso al detener y condenar a opositores, cómo se ha creado, por errores políticos, una crisis humanitaria que se materializa en hambre para la mayor parte de la población, unida a una escasez dramática de los insumos médicos necesarios para proteger la vida de los venezolanos.

Esperamos que esta absurda patada a la mesa que dio el Presidente haga que la comunidad internacional presione para que retire su propuesta y acceda a restablecer la paz en Venezuela con la celebración de elecciones libres, liberación de los presos politicos, reconocimiento de la Asamblea Nacional y apertura de un canal de ayuda humanitaria.

Nuestro país necesita con urgencia iniciar en paz el camino de la transformación.

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