Por: Jean Maninat
En mi jardín pastan los héroes tituló Heberto Padilla su última novela (1981). Si alguien supo de héroes en el poder, endiosados por sus propios discursos, (La historia me absolverá, Fidel Castro, 1953), y la genuflexión de los “intelectuales” deslumbrados por el verde oliva, fue el malogrado poeta cubano, quien fuera sometido personalmente por Castro a una de las más terribles humillaciones públicas a las que un autócrata comunista ha sometido a un inerme y tembloroso poeta, en la región americana. El “Caso Padilla” sigue redoblando campanas, como recordatorio del peligroso atractivo de los héroes, bien sea vistiendo casacas labradas con hilos dorados, o antihigiénicas fatigas verde olivo en el calor caribeño.
Abajo del Río Grande subsiste una fascinación por los héroes patrios, representados siempre uniformados, de barbilla altiva, casacas engalanadas para los fríos palacios europeos, pantalones blancos ajustados (¿lícras?) y una espada impoluta de utilería pendiendo de la cadera. Las plazas de ciudades y pueblos están adornadas por esculturas ecuestres, caballos que nunca abrevan, nunca pastan, siempre encabritados, como Pegaso a punto de salir volando. ¿Cómo podemos, entonces, extrañarnos de que incesantemente se esté buscando al hombre -o la mujer- providencial, superhero de Marvel que todo lo resolverá con sus poderes especiales.
Habría que indagar si las patillas de prócer independentista que cultiva el presidente argentino Milei, o los trajes con bordados dorados en puños y cuellos del presidente salvadoreño Bukele: ¿son tan solo una pulsión decimonónica, una afición por la opereta de raigambre familiar? Uno de los esbozos más populares -hechos a petición humana por IA- de la máxima líder opositora en la Pequeña Venecia, la muestra con una casaca engalanada de prócer y libertadora de la acuática República, á la Bolívar. Y el expresidente colombiano en ciernes, Petro, gusta de regalar espadas de utilería, supuestas réplicas de la que habría blandido el mismísimo Libertador en las batallas que lideró. (Era un regalo usual del galáctico bolivariano). Y ni hablar de tantas naciones que celebran el carácter guerrero de sus gentes, a pesar de que perdieron casi todas las guerras definitivas que pelearon. (No nos extrañe que alguien tenga la idea de incorporar el 03/01/2026 al panteón de las fechas patrias oficiales de la piccolina República. Démosle un tantito).
Es de rigor -cuando se tratan estos temas- citar la frase de Bertolt Brecht de su obra de teatro Vida de Galileo (1939): “!Desdichada la tierra que necesita un héroe!”. La verdad, no nos convence mucho la ocurrencia, los griegos honraron a sus héroes y a sus caprichosos dioses mientras inventaron los pilares de la cultura occidental. ¿Los podríamos comprender sin Aquiles o sin Odiseo? Pero… bienvenida la advertencia, más aun, hoy, cuando cunden egos con múltiples extremidades, rostros beatíficos que esconden una ambición desmesurada y acaparadora, y talantes pueriles que no esconden -más bien ostentan- sus más recónditas pulsiones y apetitos personalistas en el espacio público.
Una de héroes y fútbol
Héroes, inconmensurables, los jugadores de la Selección de
Curazao en la actual Copa Mundial de Fútbol. No entendemos los mecanismos por los cuales las Moiras les depararon jugar en su doble debut (primer Mundial, primer juego) en contra de una aplanadora del calibre del equipo alemán. “Sí, les sirvió de roce, los hará mejores, lo importante no es ganar sino competir…” o cualquier tontera similar, dirán los que siempre suelen estar entre los ganadores. Perder 7-1 es lo que se llama una tunda, pero ese gol solitario, un íngrimo 1 perdido en el espacio del marcador, es más heroico que la mano de Dios del tramposo “Pelusa” frente a Inglaterra en el Mundial,1986, o los tres golazos, el hat-trick, del bueno de Messi frente a Argelia en el que apenas comienza. En la Copa del Mundo, también pastan los héroes… y pierden o empatan la más de las veces.





